Ars antiqua

Nebulosa

Por Luis Ernesto González

Eran las tres de la mañana. Eternas vacaciones. En la memoria, los días finales de la secundaria. No vería nunca más a mi joven amada. De hecho, ella jamás sabría que lo era. Las imágenes se llenaban de niebla y un aroma de lluvia despertaba al insomne. Sabía que seguirían noches cada vez más largas, sin el apremio de obedecer al despertador. Faltaba mes y medio para presentar el examen de ingreso al CCH y, si lograba aprobarlo, habría que contar un par de meses más antes de comenzar las clases. Millonario de tiempo, como antes del kínder, como nunca más.

Ya cantaba el cisne su postrer lamento, ya caía en mis manos un poema de Francisco A. de Icaza (“y aunque es lo mismo, todo ha cambiado”), ya el joven se sentía viejo. Pero desde la radio (un radio-reloj), a un volumen tan bajo que casi me obligaba a ser yo el compositor o adivino de la canción, provenían sonidos que daban voz a nuevas emociones. XEX primero, luego la entrañable Radio Educación.

Era julio de 1981, y a esa hora de la madrugada escribí mi primer poema. No me gustó nadita. Pero, misteriosamente, le seguí. Cada noche leía y escribía hasta que llegaba el sueño, a veces cediéndole la mano al amanecer. Inauguré también mi diario personal, que pervive hasta hoy en 60 cuadernos de infame caligrafía. Y pasaron meses, aprobé el examen, imaginé el futuro. Mi cuaderno y mi pluma Bic (faltaba mucho para teclear en computadora), mis libros, el susurro del radio-reloj, la amarga negativa de casi todos mis amigos a desvelarse, inscritos ya en sus respectivas prepas, amplificaron el eco de la soledad, pero también me permitieron oír más claramente el canto del mundo interior.

Así llegué al primer poema mío que me gustó, poco después de comenzar, por fin, las clases. Obligado a recuperar el sueño nocturno, con la amenaza del despertador antes de las 6 (¿qué alma de gallo inventó la clase de las 7 de la mañana?), el espacio ganado por las madrugadas se me quitaba. No lo permití. Comenzó así un fructífero desajuste de horarios que duró 15 años y que ahora, que vivo de leer y escribir (vida espartana, claro, nada parecido a los lujos foxianos o peñanietistas), regresa. Sería enero o marzo del 82 cuando escribí “Hojas secas” y, días después, “Tormenta” (temas inéditos en la literatura universal, como bien saben los amables lectores).

Hacia octubre de aquel año conocí a varios de los amigos que lo serían para toda la vida. Las canciones escuchadas en sordina, ahora encontraban un nuevo volumen. Y los poemas de la clandestina madrugada pasaban de mano en mano y algunos adquirían alas y resonancia entre nosotros. Vivir en voz alta. Esa fue la historia de mi segundo nacimiento. No fue sino hasta 11 días después del terremoto del 85 en la Ciudad de México, cuando apareció mi primer poema publicado en un suplemento nacional.

Si ustedes, estimados lectores de La hormega, me lo permiten, compartiré durante algunas semanas varios de los primeros poemas que escribí, más otros que jamás hallaron editor o espacio en suplementos culturales. Los primeros siempre son demasiados. Pero, desde luego, se van decantando. Muchos se han perdido, a otros se los llevó un bote de basura. Alguno más, sin copia, quedó en otras manos. Pero los días de la acumulación originaria de la magia, de afinación del oído, de búsqueda de luz en las palabras, son la nebulosa de donde salen, si es que salen, los poemas que, cuando hay calidad y suerte, acaso vivan más que su autor. No pretendo que sea mi caso, aunque lo deseo (¿quién, que escribe, no lo desea?). Pero, lo confieso de una vez: no hay placer más grande para mí que escribir mis textos, sean lo que sean, vivan cuanto vivan. Y cuando llegan a los ojos de un lector entregado, el placer multiplica campanas y genera big bangs.

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8 comentarios

Archivado bajo LE González, Poética

8 Respuestas a Ars antiqua

  1. Aníbal

    Dónde estuve yo?
    Cuando la gente, toda la gente
    Toda ….

  2. Ya los estamos esperando, vengan!!! Felicidades por voltear atrás, al pasado, a la raíz…

  3. Amira Ordorica

    excelente idea mi querido Luis, estaremos pendientes de lo que nos vayas compartiendo. ¡Gracias!

  4. Susana Olmos

    Imagínate que somos la generación del cambio tecnológico! Poseemos la experiencia de dos sistemas, recuerdas la llegada del MSDos y del Microsoft a nuestras vidas! Imagínate!, seguramente ahora no escribes con la romántica pluma y el humilde cuaderno que te esperaban todas las noches. Ahora no nos enviamos cartas de papel ¿te acuerdas? Ahora solo nos enviamos recuerdos y anécdotas electrónicas…

  5. AGCA

    Esto promete ser harto emocionante, reconocer esas emociones antiguas desde tu voz hara sonar, en mi caso, algunas cuerdas que hace tiempo ya que no escuchaba, bravo y gracias.

  6. Gloria

    Encantada de compartir tus primeros pasos (poéticos). Impresionante: ¡60 cuadernos de tu diario! Me hizo gracia eso de “Qué alma de gallo inventó la clase de las 7 de la mañana”

  7. martha aguirre

    Guau eres mágico fue espectacular la forma en que me has transportado hace un poco mas de 30 años. Por lo que a mi respecta va a ser un verdadero honor. Que nos compartas tu riqueza literaria desde sus inicios gracias

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