La hormega, puerta del infierno

Noctívago

El aprendiz de Sísifo

Juan Pablo Picazo

Érase un casi fariseo
cuyo veleidoso dios
le hablaba diario
desde todos los espejos.

Y se le ordenaba ser rey,
y sacerdote de sí mismo,
porque toda palabra suya
era ley pero también ofensa.

Y se jactaba
de serlo todo
y todo saberlo
como hijo amado
de Zellig,
el camaleón profeta.

Pero ay de aquel
que no adorara su palabra
con prístina paciencia,
pues en llanto y cólera rompía
enumerando
sus soñadas virtudes
y demandaba suicidio
en sus altares.

Pagaba corifeos
y ditirámbicos fantasmas
y dictaba su anatema,
su expulsión, y su diatriba.

Luego no dormía,
se gormaba insomne
a sí mismo
y despachaba mensajes
para ser oído y adorado.

Llegaba el sol
y en el espejo,
su dios
volvía a encomendar
la misión que ya tenía:
empujar la misma piedra
cuesta arriba.

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Invitación libro Benjamín Nava La hormega

Presentará Benjamín Nava libro de crónica periodística sobre el S-19

  • Este 19 de enero, en Jojutla
  • Para febrero, presentación en Cuernavaca

“Voces son las principales protagonistas de estas crónicas del temblor que, en forma inédita y atroz, nos arrasó y por el cual, nunca volveremos a ser los mismos”, se lee en la sinopsis del libro ¡Al sonoro rugir del temblor! del escritor y periodista de Morelos, Benjamín Nava Boyás.

Dicha presentación se realizará este viernes 19 de enero, a las 17:00 hrs. en el auditorio del Centro de Estudios Superiores de la UAEM, en Jojutla, con los comentarios de las periodistas Angelina Albarrán Morales y Perla Selene Aguilar; la escritora y promotora cultural Gloria Olguín; la socia fundadora de Jojutla Sigue en Pie A.C., Araceli Garduño Gaffare, el autor, y moderará la mesa coordinador de Cultura del Ayuntamiento de la ciudad Moisés Cruz Arredondo, coordinador de Cultura del Ayuntamiento de la ciudad. Cabe destacar que para el próximo mes de febrero “¡Al sonoro rugir del temblor!” se presentará en Cuernavaca.

Bajo el sello URIEL Editorial se publica el título que se suma a la producción periodístico-literaria de Nava Boyás, en la que se encuentran títulos como Crítica a la narrativa de superación (2000), Elogio a Rosario, crítica a las relaciones prensa-estado (2004), La transición criminal (2008) y el ensayo Guerreros de Tamoanchan: Visión mítica-literaria de la Revolución Mexicana en Morelos (2012), el cual obtuvo mención honorífica en el examen de Maestría.

En 2013, el escritor, nativo de Cuernavaca, publicó el libro Desterrados errantes, considerada la primera novela presentada por un autor morelense sobre la Revolución Mexicana; Nava Boyás es maestro  en literatura por el Centro de Investigación en Docencia y Humanidades de Estado de Morelos (CIDHEM), es licenciado en Lenguas y Letras Hispánicas, periodista con 30 años de trayectoria y catedrático de literatura, historia y comunicación.

Entre las crónicas que integran su libro, están: ¡Fue la Virgencita la que nos salvó!, Perseguida por los terremotos, La multiplicación de las despensas, El día que llovieron campanas sobre Morelos, Que se levante, cante y no llore, Las claves del 19-S: 1985 – 2017, y Un dolor palpable e insoportable, entre otras.  

Con este trabajo Benjamín Nava deja constancia de impresiones, expresiones y actos de valentía y solidaridad que también nos dejó el terremoto del 19 de septiembre de 2017.

Arena negra

Invitación

Andrés Uribe Carvajal

¡Basta de viajes por unos meses!

Vamos a trabajar en tierra un rato, amigos ¿por favor me ayudan a compartir? Gracias.

Andrés Uribe Carvajal, cursos de guitarra La hormega

Obsolensencia educativa, Gabriela Tapia Vega artículo en La hormega

Gato encerrado

La obsolescencia de lo vigente

Una mirada superficial a la obsoleta práctica educativa en México

Gabriela Tapia Vega

El conocimiento, como objeto prostituido de la educación, ha sido una construcción histórica y social y determinadas prácticas tuvieron sentido cuando respondieron a un pedido, a una demanda de su tiempo, sin embargo, ciertas prácticas continúan vigentes (aun siendo obsoletas, válganse el oxímoron), como un automatismo que no admite interrogación posible. Hegel expresaba que, cuando se llega a una idea, se olvida el proceso que permitió construirla, y precisamente ese es el quid del asunto, que durante mucho tiempo la práctica educativa se ha enfocado en el resultado más que en el proceso. Es la mísera ambición por llegar a una meta (establecida por no sé quién), sin importar cómo se llega o qué se deja de hacer en el camino.

Educación tradicional, ruminatio, obsolesencia La hormegaRevisando un poco la historia, hemos observado el desarrollo de diversas propuestas para el complejo proceso de enseñanza-aprendizaje, de este modo, en el siglo XVII surgen algunas críticas a la forma de enseñanza que se practicaba en los colegios internados. Éstos estaban a cargo de órdenes religiosas, tenían como finalidad alejar a la juventud de los problemas propios de la época y de la edad, ofreciendo una vida metódica en su interior. Se enseñaba los ideales de la antigüedad, la lengua escolar era el latín, y el dominio de la retórica era la culminación de esta educación. Los jóvenes, eran considerados propensos a la tentación, débiles y con atracción por el mal, por lo tanto, se consideraba necesario aislarlos del mundo externo, ya que éste era temido como fuente de tentaciones. Había que vigilar al alumno para que no sucumbiera a sus deseos y apetencias naturales.

Entre las críticas más destacadas a este tipo de enseñanza, surge la Pedagogía tradicional impulsada por Comenio en 1657; en ésta se propone la educación en la lengua materna, a cargo del Estado, sin importar sexo ni condición social. Una escuela para todos. Se caracterizaba por girar en torno a la autoridad del maestro, la palabra de éste era “la verdad absoluta” y no podía discutirse; se le debía imitar y obedecer; la disciplina y el castigo se consideraban fundamentales. La educación debía regirse en planes de estudio ortodoxos, inamovibles; el alumno hacía una función pasiva, repetidora. En su momento la Escuela tradicional representó un cambio importante en el estilo y la orientación de la enseñanza, sin embargo, con el tiempo se convirtió en un sistema rígido, poco dinámico y nada propicio para la innovación.

La Escuela nueva

Jean Jacques Rousseau, educación, La hormegaCuando otras corrientes de pensamiento buscaron renovar la práctica educativa (aproximadamente dos siglos después), sin duda abrieron definitivamente el camino interminable de la renovación pedagógica. De ahí la importancia de la llamada Escuela Nueva que surge a partir del siglo XVIII formalmente con Rousseau. Su argumentación se basa en la dialéctica y después también en la psicología genética. Se apoya en la psicología del desarrollo infantil; ahora el alumno se convierte en el centro de la educación –ya no lo es el maestro-; la relación maestro-alumno es de camaradería y afecto. El maestro es un auxiliar libre y espontáneo del niño. Se incorpora la autodisciplina. Se suprimen la violencia y el castigo. Es innecesario un programa impuesto. Los libros serán sólo un suplemento de las demás formas de aprender. La educación es un proceso para desarrollar cualidades creadoras en el niño. Se introducen una serie de actividades libres para desarrollar la imaginación, el espíritu de iniciativa, y la creatividad. No se trata sólo de que el niño asimile lo conocido, sino que se inicie en el proceso de conocer a través de la búsqueda, respetando su individualidad. Esto hace necesario tener un conocimiento más a fondo de la inteligencia, el lenguaje, la lógica, la atención, la comprensión, la memoria, la invención, la visión, la audición, y la destreza manual de cada niño, para tratar a cada uno según sus aptitudes. Se propone la individualización de la enseñanza.

Hasta aquí podemos ver el radical trance de la escuela tradicional a la escuela nueva y podríamos inclinarnos hacia una u otra según la costumbre que hayamos adquirido en nuestro quehacer pedagógico, no obstante, tendríamos que fundamentar nuestra preferencia.

Una toma de decisión

Educación tradicional , extenuante para el educando La hormegaSi nos decidiéramos por la Pedagogía tradicional, podríamos argumentar la importancia de los contenidos como metas de tipo informativo que generalmente se quedan en el nivel de conocer cosas, hechos, contenidos, ideas, etc. Formaríamos pues, repetidores de conocimiento, de información. No seríamos cuestionados, nuestra enseñanza no sería puesta en duda, y si así lo fuera podríamos acudir al castigo como represión y condicionamiento. No tendríamos el trabajo de realizar planes de clase porque nuestro método sería lineal, tomado textualmente de un libro. Seguiríamos siendo los protagonistas del aprendizaje. Pero correríamos el riesgo de que nuestros alumnos no fueran capaces de pensar por sí mismos, serían poco creativos, difícilmente darían solución a problemas complejos, no lograrían arribar a la duda que los conduciría a la investigación y por ende al descubrimiento, y peor aún, como su aprendizaje sería memorístico, su duración sería a corto plazo y no podrían enlazarlo con nuevos conocimientos. (Todo esto parece un Déjà vu volteando la mirada a las prácticas vigentes y obsoletas de la educación en México).

Ahora bien, si nuestra opción fuera la Escuela nueva tendríamos otras opciones como argumento, puesto que los métodos de enseñanza desplazarían a los contenidos como objetivos y nos fijaríamos más en el sujeto que conoce que en lo que conoce. El constructivismo como teoría pedagógica se desarrolla en este marco, y en éste se provee al alumno de las herramientas necesarias para que por sí mismo construya su conocimiento; éste se fija en el procedimiento más que en el resultado. Nos convertiríamos en facilitadores del conocimiento. Prepararíamos planes de clase y seríamos cuestionados por nuestros alumnos cuando éstos tuvieran dudas, comentarios o desacuerdos con nosotros. Promoveríamos un aprendizaje significativo más que memorístico, permitiendo de este modo conectar nuevos conocimientos con información previamente adquirida y su duración sería más larga. Nos preocuparíamos de sus afectos y emociones.

Por otro lado, a principios del siglo XX surge otra teoría que utiliza procedimientos estrictamente experimentales para la observación de conductas (respuestas) con relación al ambiente (estímulos). Esta teoría es conocida como Conductismo y postula el estudio del comportamiento humano medible y observable por una cadena de estímulos y respuestas. Luego, el aprendizaje estaría condicionado a este postulado. Verbigracia, el experimento con el perro de Pávlov (condicionamiento clásico), o, volcado a la escuela, el niño que es reconocido por su buen comportamiento o aprovechamiento en el salón de clases, por medio de estrellitas en la frente, puntos en la lista, participaciones o reconocimientos en un cuadro de honor, se espera que quede condicionado para portarse bien o estudiar a cambio del premio que va a recibir. Y aunque este método ha tenido mucho éxito, sobre todo en Norteamérica, tanto en la educación como en la psicoterapia, suena más bien a una extensión avanzada y desarrollada o mejorada de la pedagogía tradicional.

Problemas de la praxis

Hasta ahora, la mejor opción parece ser la Escuela nueva, o más específicamente, el Constructivismo. Ahora bien, suena interesante (y lo es) la amplia gama de medios para llevar a la práctica dichas teorías, empero precisamente ahí es donde radica el problema. Con ello me surgen ahora algunas preguntas:

  • ¿Cómo es posible que, teniendo el legado de varios autores constructivistas, muchos otros de inicios de la escuela nueva, todos ellos encaminados hacia un relativo mismo fin, nos cueste tanto trabajo, o tengamos tantas trabas para poner en marcha sus principios?
  • ¿Por qué se mostraba tan fácil el conocimiento en los tiempos de Sócrates y Platón, si no se tenían los recursos didácticos actuales, ni los edificios y/o aulas educacionales?
  • ¿O es acaso que nos equivocamos, y efectivamente puede la escuela tradicional propiciar la formación del hombre reflexivo, crítico, independiente, flexible, creativo y autónomo, que logre convertirse en sujeto de su desarrollo personal y profesional?

Pues bien, nuevamente parece más fácil responder parcialmente a las preguntas dos y tres para analizar al final la pregunta uno.

Aprender sin cuadraturas La hormegaPara la cuestión dos, podemos decir que el aprendizaje se facilitaba por la libertad no institucionalizada de transmitir los conocimientos por medio del diálogo promoviendo la reflexión en el aprendiz. Pero esa no es la realidad del contexto social actual, aunque esto no significa que no podamos recurrir dentro de las aulas a la dialéctica y la mayéutica desarrollados en aquella época.

Y siguiendo con nuestras preguntas, NO es definitivamente la respuesta correcta a la cuestión tres. Esto no significa tampoco y de ningún modo que la Pedagogía tradicional no tenga aportaciones (aún en nuestros tiempos) valiosas. (Creo que un futuro inmediato, también éstas serán obsoletas, por los cursos en línea, la inmediatez, cambio y revolución cibernéticas, etc.).

Respondidas la segunda y tercera preguntas, podríamos tratar de organizar la respuesta de esa pregunta que nos atañe ahora a modo de análisis:

Hemos respondido que la pedagogía tradicional no es la mejor opción para adecuar la realidad de hoy por medio de la escuela, y nos quedan claras las razones, no obstante, en las instituciones educativas se siguen realizando programas que nos conducen a seguir utilizándola, además de las normas institucionales que poco promueven la creatividad de los estudiantes. Basta sólo con observar los requisitos institucionales que exigen que se cumplan los programas de estudio totalmente condicionando los tiempos en que se cubran ciertos temas; además vemos las asistencias como un control rígido que en alguna medida podrían coartar la libertad del alumno para elegir la manera en la que mejor aprende. También se sigue teniendo el esquema tradicional del modelo de las aulas, en donde el maestro sigue estando al frente, de pie o con una barrera importante (como diferencia con los alumnos) llamada escritorio; las butacas alineadas una tras otra. Los soliloquios eternos y aburridos de docentes “que poseen el conocimiento absoluto” y cuya apertura, interacción y retroalimentación son casi nulas. El estímulo-respuesta ya sea como premio o castigo subiendo y bajando puntos para la calificación final, y sobre todo, la evaluación basada en el aprendizaje repetitivo, memorístico; la acumulación de datos sin significado en el contexto real de los estudiantes, que sólo sirve para satisfacer el ego de algunos maestros, que, a través de ello se regodean al creer que teniendo alumnos repetidores e imitadores de su forma de pensar, están “formando” (como si se tratara de moldear al antojo), seres “inteligentes”.

Ir más allá

¿Cómo entonces concebir el proceso de enseñanza-aprendizaje, el rol del profesor y el estudiante, en una escuela que propicie el desarrollo pleno del hombre?

Evidentemente es más sencillo ser un maestro tradicional que uno que promueva en sus alumnos el análisis, la crítica, la discusión, la reflexión: la construcción. Es muy cómodo repetir lo que uno aprendió. “Si así fui educado y funcionó conmigo, entonces continúo por esa línea, haciendo como que me actualizo”, es el pensamiento de muchos docentes. Además, en esta era de hiper-tecnologización, es más fácil no leer, investigar e informarse para dar una clase y sí reproducir irreflexivamente lo que “se dice” en redes sociales, noticiarios manipulados, a través de líderes de opinión, etc., es más fácil tratar de imponer que los alumnos piensen como el maestro, que darles la libertar de elegir, aun cuando su elección se contraponga a la nuestra.

Quién ha dicho, sin embargo, que la pedagogía debe ser una práctica fácil. Debemos quitarnos esos viejos paradigmas que nos muestran la necesidad del conocimiento por el conocimiento mismo. Vayamos más allá. El aprendizaje ha de concebirse como el proceso de construcción por parte del sujeto que aprende de conocimientos, habilidades y motivos de actuación que se produce en condiciones de interacción social, en un medio sociohistórico concreto sobre la base de la experiencia individual y grupal y que lo conduce a su desarrollo personal.

Esta concepción de aprendizaje plantea ante todo el reconocimiento del carácter activo del estudiante en el proceso de construcción del conocimiento, su desarrollo en condiciones de interacción social, así como el hecho de que se aprenden no sólo conocimientos y habilidades sino también valores y sentimientos que se expresan en la conducta del hombre como motivos de actuación.

La enseñanza ha de ser concebida como el proceso de orientación del aprendizaje del estudiante por parte del profesor que propicia las condiciones y crea las situaciones de aprendizaje en las que el estudiante se apropia de los conocimientos y forma las habilidades y motivos que le permiten una actuación responsable y creadora.

Esta concepción de enseñanza reconoce al profesor como un orientador del estudiante en el proceso de aprendizaje, no se trata del profesor autoritario de la Pedagogía Tradicional que impone al estudiante qué y cómo aprender; ni tampoco del profesor que espera pacientemente a que el estudiante sienta la necesidad de aprender espontáneamente para facilitar su expresión.

Luego, el maestro y el alumno ya no se mueven bajo un vínculo de dependencia o autoridad, sino de colaboración, interacción y respeto mutuo. Los dos se convierten en sujetos puesto que ambos son actores del aprendizaje.

El interés por el conocimiento no es una necesidad que ha sido depositada en el ser humano al momento de nacer. No obstante, somos investigadores por naturaleza. Entonces ¿por qué no aprovechamos esa habilidad a lo largo de la vida?, ¿por qué sólo la podemos apreciar cuando somos niños?

Un niño, suele decirse, es un diamante en bruto, porque dentro de él hay un cúmulo de maravillas sin pulir, esto es, equiparado a la vida, que el infante lleva dentro de sí todos los conocimientos y enseñanzas que lo conducirán a altísimas dimensiones en el mundo, si le otorgamos el cincel con el cual labrar sus aristas. Jean Piaget decía: “Yo quiero ser niño hasta el final. La infancia es la etapa creadora por excelencia”. Y es cierto, un niño es creativo por naturaleza, tiene la facilidad de innovar conceptos sin el obstáculo de una norma, de una regla o de un principio. Es por ello, que los niños, rara vez son comprendidos por un mundo de adultos que han dejado de comprender ese lenguaje infantil.

libre aprendizaje constructivismo, conductismoUn niño es curioso y no cesa hasta encontrar respuestas convincentes. No se queda con una duda. Juega y se ensucia las manos, porque jugar es explorar, conocer, dar cabida a todas nuestras ideas, nuestras emociones. Es desbordarse en la imaginación y volar a lugares lejanos. Pero también es acercarnos a nuestra realidad y a nuestros semejantes. Es viajar con el asombro a cada instante. No se puede concebir que el hombre haya inventado nada sin el factor lúdico.

Entonces, ¿qué es lo que pasa con la dependencia que aún observamos en los jóvenes universitarios?, ¿dónde quedó esa espontaneidad, esa capacidad creativa, investigadora?

Desafortunadamente, el niño, al entrar en el sistema institucionalizado llamado escuela, empieza a tener contacto con normas rígidas planteadas de manera que él no las puede entender. El infante aún no puede comprender por qué no puede ya jugar para aprender, por qué se tiene que someter a la autoridad de una persona que no lo comprende y que además lo reprime cuando dice algo. Y luego las tareas interminables que agregan al menos tres horas más de labores en casa, evitando que el niño haga lo que le corresponde: jugar, ser niño. Para impedir su libertad. La escuela debiera ser una experiencia mucho más divertida y dinámica de lo que aún en estos tiempos es. Poco a poco en las escuelas se han ido limitando todas esas capacidades y habilidades en los niños y adolescentes. Por ello, cuando llegan a la universidad, nos es tan difícil quitar ese vínculo de dependencia que los alumnos tienen tan arraigada con respecto a sus maestros.

El alumno cree que el profesor es quien tiene que resolver y saber todas las situaciones escolares y extraescolares, y él actuar como un ser pasivo y receptor. La idea del alumno en esta etapa es la de “mínimo esfuerzo, máxima calificación”.

estudian para cambiar La hormega, A los alumnos les interesa más la calificación que el conocimiento, y esto es una idea social y cultural. En nuestro entorno se reconoce y tiene en mayor estima, a quien posee las mejores calificaciones, es decir, en una escala del 0 al 10, de 8.5 hacia arriba. Entonces, quien tenga menos de ese estándar de calificación será mediocre o será catalogado como alguien poco inteligente o “burro”. Este fenómeno va marcando con etiquetas a los sujetos como buenos o malos; como si una calificación delimitara la capacidad o las facultades intelectuales o inclusive la personalidad de los individuos, y no es así. Hemos visto frecuentemente, que muchos de los egresados de todo tipo de universidades que se han titulado por promedio y con excelentes calificaciones en todo su historial académico, no siempre son los mejores profesionistas, muchas veces tampoco los más éticos. También existen en diferentes sociedades patrones o modelos basados en pruebas psicométricas que nos indican parámetros para “medir” la inteligencia. Los niños superdotados no son precisamente los que mejores notas sacan, ni los mejores portados de la clase, por lo que pueden pasar desapercibidos; las maestras suelen etiquetarlos como groseros, mal portados o (las más sofisticadas) con la etiqueta de moda TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad). Cuando los maestros ya no saben qué hacer con un niño “inquieto” (que en mis tiempos no era llamado sino “travieso”), mejor lo canalizan al psicólogo o psiquiatra para que lo medique y mantenga “controlado”, “sedado”, “obediente”. Y así, van siendo relegados por su entorno, sin ser explotada su capacidad en la mayoría de los casos.

Del camello al niño

Al respecto, me viene a la memoria el caso de Albert Einstein, quien era considerado por sus profesores del colegio como alguien poco apto para las matemáticas, quizá por no seguir normas tradicionales, y quien más tarde sería considerado uno de los mayores científicos de todos los tiempos.

Nietszche, el camello, el león y el niño, La hormegaNietzsche mencionaba que para alcanzar la libertad había que pasar por tres etapas: la del camello, la del león y finalmente la del niño. En la primera, el hombre es obediente, sumiso y soporta las cargas pesadas que le han impuesto; pero el camello debe convertirse en león, quien ya no se deja sobajar; éste representa al hombre crítico, que se rebela para evitar el sometimiento que le impide ser libre; no obstante, no basta con eso, se debe transformar en niño, puesto que sólo él es creativo. El niño juega y con ello trasforma, crea, inventa. Representa al hombre libre, amoral. Es puro, sin prejuicios. Tristemente parece que los sistemas educativos han sido creados para seguir produciendo camellos que sirvan a un régimen putrefacto que mantenga las cosas como siempre se han hecho.

Sabemos que muchos jóvenes llegan a la universidad por exigencia de sus padres o tutores, otros cuantos, por un título universitario o por un rol social, pero ¿cuántos realmente se inscriben para transformar la realidad del mundo que les ha sido impuesto y que han adoptado como suyo?

Por otro lado, también nos enfrentamos, no sin estar totalmente desvinculado de lo anterior, a las consignas actuales que le son pedidas al maestro y que tiene que ver con el famoso modelo por competencias actual: formar alumnos que integren distintos saberes (saber ser, saber hacer, saber conocer y saber convivir); todo ello terriblemente desvinculado de la persona y sí a merced, a mi parecer, de fomentar una falsa necesidad del conocimiento, muy ad hoc de ciertos intereses de los regímenes autoritarios que nos circundan, las religiones, los medios masivos de falsa información (que no de comunicación), etc. El enfoque por competencias, a pesar de sus legados teóricos y los saberes que pretende vincular, en la práctica de nuestro país, se centra casi unívocamente en el saber hacer. Es decir, los otros tres saberes, van encaminados a este, pues es más productivo en términos económicos, tener buenos técnicos (aún con títulos profesionales), que gente que piense, cuestione, critique.

Los obstáculos de la educación La hormegaAl Gobierno, a la Iglesia, a los mass media y aún los social media, etc., no les conviene que la gente esté informada, preparada, mucho menos tener un pueblo crítico, que discuta y argumente, que cuestione y analice, si así lo fuera perderían un cierto control que los mantiene en la dirección de las masas. Por ello, desde hace años, en México, no se ha invertido lo suficiente en la educación, tenemos “fuga de cerebros”, se crean cada día más carreras técnicas y universidades tecnológicas en donde el hacer se coloca por arriba del pensar, en donde se trabaja con máquinas y no con humanos. Y todo esto con el pretexto del sistema actual que nos gobierna, que es el capitalismo: importa generar empresas, no intelectuales. Productos que se vendan, no pensadores que discutan.

Ahora, el problema como tal no son sólo los maestros, como nos han hecho creer. El gobierno, las instituciones, la sociedad, los alumnos, el sistema, la obsolescencia programada, la indefensión aprendida, tienen un lugar, como piezas de un rompecabezas, en la problemática de la educación.

Echémosle un atisbo a cada pieza. Los maestros crecieron y se formaron con el mismo modelo educativo obsoleto, el cual reproducen con disfraces fantoches que frecuentemente pasan desapercibidos hasta para ellos mismos y los creen y los recrean. Repitiendo lo que oyen, lo que ven. Quieren fomentar la lectura sin leer, o teniendo en su acervo sólo tres libros de autoayuda, o los que se creen más sofisticados, de Paulo Coelho. Les han dicho que tomando cursos que fomentan la entrega de formatos, hasta para cómo dejar a sus alumnos ir al baño, son mejores maestros y saldrán mejor avaluados. El gobierno, las instituciones y el sistema, por su parte, tienden a invertir poco en educación. Aparentan su interés por ésta, repartiendo culpas a los docentes para menguar su credibilidad ante una sociedad acrítica, controlando sindicatos, disminuyendo prestaciones a los encargados de la educación, condicionando plazas ficticias, etc. Todo menos el interés real por el proceso educativo. No les interesa la ética, ni propiciar la libertar de decisión en los sujetos de aprendizaje. La sociedad, el alumnado, ignorantes, manipulados, obedientes y sumisos, juzgan en el vacío, desde un habla sin contenido, desde donde les han enseñado a opinar, como les han enseñado a pensar. La obligación del maestro es saberlo todo y entregarle a su discípulo el saber ya digerido. Nos han enseñado a obedecer y pedimos obediencia. Dicen las masas: los niños deben ser obedientes. Entre mayor disciplina, es mayor la recompensa.

Pero si en nuestro contexto hemos crecido necesitando necesidades innecesarias, ficticias, manipuladas, entonces también, podemos cuestionarnos sobre ellas y comenzar a actuar.

Hay que hacer un análisis profundo sobre lo que sucede en la sociedad para incorporarlo a la escuela. Quitemos la necesidad en el alumno de la calificación por la calificación misma. De un título por un reconocimiento social. De un “estudio para saber hacer y ganar con ello dinero”, como si éste fuera un condicionante para la felicidad. “Tanto tienes, tanto vales” versa el refrán popular.

Nos corresponde como docentes impulsar a los jóvenes para ser creativos en lugar de reproductores, y para ello debemos iniciar con el cambio en nosotros mismos.

Los grandes acontecimientos en la historia han sido protagonizados por quienes se han atrevido a ir en busca de lo diferente. Sólo nos falta dejar la historia en el pasado reconociendo y dando el lugar que le corresponde a cada una de las teorías que han sido desarrolladas a través del tiempo, y empezar a innovar desde hoy para bien de la humanidad.

Hagamos filosofía en las escuelas. Enseñemos a pensar, a tomar decisiones sin importar que en el camino nos equivoquemos. A asumir consecuencias. A hacer del acto educativo una experiencia de amor y no de condicionamiento. | La hormega

Otro mundo, poema de jUan Pablo Picazo en La hormega

Otro mundo

Visión diurna

Juan Pablo Picazo

Consuelan viudas
a los reyes,
lloran los dioses
la incesante partida de mortales.

Mi cuerpo,
ese apéndice fútil
de mi poderosa sombra,
me sigue sosegado
a todas partes
suponiendo que tiene el timón.

Y los rancios gritan,
blanden sus flácidas manos
porque alérgicos son a razones
y sólo les place escucharse.

Se anudan las horcas
porque divinas corbatas
las sueñan,
amenazan con ellas,
y al fin se asfixian en cama.

Gobiernan la calle
flamantes aedos laureados,
barriendo los restos
de reyes, de rancios y rozneros
mientras trovan silbando.