Noctívago

Biografía

Juan Pablo Picazo


De una erupción venido
como todos
a este mundo.

Yecto aquí
cerca de los árboles parlantes,
he venido a decir lo mío
que es de la comunidad,
como nuestros hogares
de lodo fortificado son.

Tuve los colores
y los peces en las manos,
celebrado fui
si bien infante,
hasta que las cotidianas celdas
empotraron muros
donde proyectaba pasos.

Luego de una oscuridad
y ávidos maestros,
fui hacia las palabras,
con las que fui vilipendiado
y subsumido.

Hice muchos pasos
para probar caminos,
colgué del aire mi voz
y aferré la guitarra
de guerra.

También
viajé a otros mundos
y la conquista
me costó dos tronos,
una vida
y varios relojes desgarrados.

Hoy
entrando apenas
como un híbrido
con canas
y otras hierbas raras
en el cuerpo,
la vida me ha devuelto los colores,
no así los peces.

Se me han dado rostros,
sombras, monstruos y tormentas
para conjurar
sobre la piel muerta
de los árboles,
y sigo caminando

.

Noctívago

In oculis caliginis

Juan Pablo Picazo

Gusanos ciegos
reptando
en universos distantes
los ojos,
no alcanzan
el sol, la cierta claridad
de los comunes días.

Abiertos,
desmesurados,
captan orbes infectos,
paraísos fugaces
en los que nadie más
ha puesto sus pasos.

Tales son mis días,
tales las insinuadas puertas
para viajar
al sitio
de las mariposas-luz,
o guarecerme al fin
en casa de la bruja
que me llama
desde cada callejón,
desde las tazas de café,
desde las ramas,
y las raíces
de los cuervos.

Puede suceder
que los espejos
me devuelven
las brasas vacías
de las cuencas,
los vegetales iracundos
de mi cráneo
las pupilas extraviadas
y el rostro
grávido de sombras.

Los maniquíes parlantes
sin quererlo,
me restregan su muerta perfección
para que la envidia
me disuelva,
pero aún me abstengo
de libar sus vasos.

Noctívago

Noctem bellum

Juan Pablo Picazo

En la espesa acidez de la noche
braman los gatos
sus amenazas
contra nuestra especie
de horca y cuchillo.

La tierra longeva
se levanta
ahíta de sombras,
venenos,
descuidos,
y nos reputa extranjeros.

Un día
y otro se purga,
nos diezma paciente y certera.

Dormimos
confiados,
creyendo vencidas
las naturales leyes.

Canículas y heladas,
huracanes e incendios,
volcanes y virus,
febriles placas tectónicas
son arsenal,
remedio,
la cura.

Noctívago

Luz

Juan Pablo Picazo

Puedo recordarte:
fuiste
quien forzó los goznes
para dejar salir el tiempo.

Antes todo era eternidad,
el dolor, la luz, el hambre
lo posible que yo fuera
en mi no ser todavía.

Ya respiraba empero,
la muerte omnipotente
se afanaba ya en mis ojos,
mis tobillos y mis manos.

Mi comprensión era total,
como mi ignorancia augusta,
podía nombrarlo todo
y estar en todo
antes de la cárcel,
ahí donde me enseñaron
los otros secretos de la lengua,
las trampas matemáticas,
y la historia:
sangrienta, brutal y avariciosa
con buenos
y malvados de papel
que intercambiaban roles
sin remordimientos.

Ahora ya soy esto
me ronda una muerte universal
y la otra sigue trabajándome
los órganos,
la densidad mental,
los viejos huesos.

Y ¿para qué
ensucio estos papeles
con el miedo?
¿Para qué este testamento tembloroso
donde no se lega nada a nadie?

Lo que he visto
y lo que oí,
partirán conmigo.

Juan Pablo Picazo, poesía Cortesía de Pixabay

Noctívago

Apenas un verso

Juan Pablo Picazo

Un verso
no es más
que un verso,
que un hallazgo,
una vida salvada
la fe por fin perdida,
un trozo de cal,
grano de sombra.

Una mano que escribe
no es una verdad,
ni pensamiento,
memoria escasa de paredes alzadas
y puentes disueltos.

Un poema no es la cama tendida,
ni la comida que espera,
no es caricia que explora
apenas la gnosis,
o los entes hipócritas
que se niegan hambrientos.

Un verso no es realidad conocida,
no es la mano que ya no se estrecha,
por miedo a los virus mortales
no es encierro
ni magia,
ni voz de jubiladas deidades.

Es lo demás,
casi todo es,
pero no lo que no ha sido antes,
una mano que escribe
es puerto de partida sin barcos que atracan.

Un poema
es emoción transgredida
es disrupción
toma de sombras
y alimento de seres transidos.

Un verso
es apenas
una mujer, un hombre escribiendo
para quienes se han comido sus ojos,
para entendimientos cerrados,
y voces calladas.