El pez en la burbuja

De tormentas y raíces

Andrea Ortíz Rodríguez

No ha faltado la breva, Iván. Es la verdad y lo sabes. Ni el desvío o la insuficiencia. No ha faltado en este lapso el óbito, la dolencia, el arrebato. Todas las noches, a las nueve, siguen pasando las noticias en el canal al que tanto le huimos y parece que hay más estrellas en el piso que allá donde mando mis ojos cuando no andas cerca. Se ha visto atacado el resuello en afán de que olvide su rumbo y en la noche, con los grillos, a veces escucho también el gimoteo del tiempo, llamando. No ha faltado. No ha.

Pero tus ojos tampoco. Y sí, si entiendo que los uso como barcas cuando viene la borrasca; y sí, si acepto que tu homónimo tenía razón cuando afirmaba que el amor es una de las respuestas que el hombre ha inventado para mirar de frente a la muerte. No ha faltado tu boca de holán, mi amor, a la que le sigo creyendo el beso que sana las caídas y lleva las lágrimas al mar para que no se quede sin gotas. No han faltado tus manos que guardan en puño el secreto y en palma resguardan mi libertad. No has faltado. Te he sentido cada día jugando en mis pestañas para que me levante. Para que deje de soñar y haga; para que viva. Te he sentido en lo que mueve mi pecho cuando pinto, en lo que quiere mi oído al cantar. Te he sentido en mi más profundo imaginario y me has vuelto nuestra en cada detalle. Y saberme nuestra es lo que necesito a diario, para que aunque no falte la breva, el desvío, la insuficiencia; el óbito, la dolencia, el arrebato; tome tu mano, su fuerza, y me desviva en el saber que lo importante, es que tú, no faltas.

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Locutorio

Jorge Cázares y el arte en el desarrollo social

(tercera y última)

Juan Pablo Picazo

— ¿Qué le falta aún por ver a Jorge Cázares?

El hombre completo que es, sonríe como quien anticipaba la pregunta y ya ha paladeado la respuesta, mira hacia arriba y hace un gesto que lo abarca todo y responde con ese entusiuasmo sereno del que son capaces sólo quienes se saben dueños de sí:

— Pues el mundo ideal por el que luchaba Tomás Moro. Quizá sea utópico, quizá sea eso, un mero ideal que ha costado mucho a través de los siglos, pero ese deseo de ver el amor, la armonía, la cuestión psotiva que se debe dar en cada uno de los pueblos del mundo, en todas las sociedades.

Creo que si reconocemos que todo ser humano tiene sensibilidad, creo definitivamente que ahí la pobreza, la marginación y todas aquellas cosas negativas que aferctan a una gran cantidad de personas, pueden ser errradicadas si se piensa positivamente en esa suerte de sinapsis social con la que sueño.

JPP: –¿Puede llegar ese escenario?

JCC: — Pues yo invitoa a todos a que penbsemos que no existen males y que si existen, acabemos con ellos. porque es posible arrasar con ellos. Saltemos los obstáculos para evitar que ellos nos aprisionen y nos lastimen…

Sus movimientos son enérgicos como los de un guerrero, su voz reposada como quien conoce el positivo desenlace de lo que plantea. Agrega:

–Definitivamente eso es lo que me hace fakta ver para que seamos eternamente felices…

Mientras pronuncia esta última frase señala su pecho con los dedos extendidos, a punto de desbordarse en emoción, para serenarse invoca la autoridad suprerior añladiendo a su corolario: “Bueno, hasta que Dios lo permita.”

Su mirada se pierde unos segundos, su voz se apaga enb un lento fade y cuando pensamos que ha terminado la idea, pareciendo recordar algo importante, vuelva al habla:

— Y para las juventudes, las generaciones de niños que están naciendo y ya vienenb muy informadas, –mueve los edos simulando tener un dispositivo en las manos– es importante dar un buen encauzamniento, que es el compromiso de ustredes, los medios de comunicación. Hagamos que el positivismo aflore en nuestra gente y nos contagiemos de ello todos.

Concluye la entrevista, se oye a nuestro director –¡Corte y queda! las cámaras se detienen, las luces se apagan., y el Maestro paisajista de Morelos permanece en su sitio de encuadre con las manos juntas y el gesto ausente sonriendo, luego se levanta y sale a pedir un poco de agua para todos.

Gato encerrado

La lectura en los tiempos del Facebook

 Gabriela Tapia Vega

Entendiendo a la lectura no como la simple acción de descifrar mediante la vista o el tacto, de manera literal, signos y códigos, sino como el proceso de interpretación y comprensión de materiales escritos, para evaluarlos y usarlos en nuestras necesidades, podemos observar un alto índice de analfabetismo funcional en nuestra población. En México, el nivel de lectura es paupérrimo. Las estadísticas de los últimos años oscilan entre medio libro a dos libros al año (las más optimistas), nivel que, comparado con los 20 libros anuales que se leen en países más desarrollados económicamente o incluso con países cuya economía es similar a la nuestra, como Brasil en donde se leen 4.7 libros al año, nos hacen ver un panorama preocupante en nuestra sociedad. Algunas cifras indican que la criminalidad está asociada al mencionado analfabetismo funcional o a la falta de costumbre por la lectura. Según un dato del video ¿Para qué leer?, difundido por la editorial Alfaguara, el 78% de los homicidas en nuestro país nunca ha leído un libro completo.

Si sumamos a los datos anteriores la excesiva información, con estímulos desbordantes de colores, sonidos, e información digerida, que los medios electrónicos nos proveen, la fórmula es perfecta: “saber es poder”. Los que se encuentran detrás de los medios masivos de información, de las instituciones que ejercen, en un momento determinado, un cierto poder, lo saben. A menor lectura, mayor manipulación. A mayor cantidad de necesidades innecesarias, de telenovelas, películas o programas con historias idealizadas, menor capacidad crítica, menor creatividad.  Horkheimer y Adorno mencionan que lo anterior no es más que la Industria cultural, en la cual de lo que se trata es de estandarizar pensamientos, ideas, necesidades; el arte se pervierte por las modas, la reproducción y las ventas. Mediante las redes sociales como Facebook, reproducimos ideas, cuyo origen no sabemos, imágenes, cuyo contenido no entendemos, carencias que ni siquiera identificamos.

La lectura nos libera. Nos hace críticos (que no criticones). Nos muestra el camino para construir y no para derrumbar. Si le damos un libro a nuestros hijos, si nosotros también predicamos con el ejemplo y no solo con la palabra, tendrán las herramientas para solucionar sus problemas mediante el diálogo y la razón. Serán capaces de expresarse mejor y establecer relaciones interpersonales más óptimas, más fuertes. Comprenderán mejor el mundo que les rodea y como consecuencia tendremos una sociedad más avanzada, más humana, menos violenta, con mayor desarrollo en la ciencia, las artes, la filosofía.

Ahora, no nos confundamos. No son sabios los que siempre aparecen con un libro bajo el brazo, pues como versa el refrán popular, “el hábito no hace al monje”. Es decir, no se trata de “hacer como sí…”, sino de cargar el libro para leerlo y no para aparentar. Del mismo modo, no es que los medios electrónicos sean malos o nocivos por sí. No es que el mencionado Facebook le haga daño a la salud mental, como algunos críticos e intelectuales o intelectualoides lo afirman. Al contrario, las redes sociales, la Internet, los demás medios electrónicos, son muy útiles sabiéndolos utilizar y nos pueden acercar a la lectura también. Leer en pantalla no es perder el tiempo, sobre todo para los nativos digitales.

Al leer, con los olores y texturas de los libros en papel o con los matices de los e-books o pantallas electrónicas, se pueden vivir grandes aventuras, pasiones desbordadas. Podemos vivir, vivirnos. Viajar junto a los personajes a lugares reales o imaginarios. Se puede sufrir, disfrutar, amar, llorar, odiar, perdonar. Podemos indignarnos con las injusticias del mundo, de la vida, pero al mismo tiempo, imaginar mundos mejores. Podemos padecer; encontrarnos, desencontrarnos y reencontrarnos; identificarnos o diferenciarnos. O podemos ser a través de las líneas, a través de las palabras. Leyendo no sólo se aprenden cosas nuevas, sino que se despliega la imaginación y se potencia la creatividad.

Leyendo edificamos, construimos, creamos. Conocemos lo aún desconocido, transformamos el mundo, nuestro mundo. Nos sensibilizamos ante los textos interpretando de manera particular, significando y resignificando, conociendo y re-conociéndonos en las palabras, en las historias, en los contextos…

            Leyendo en los tiempos del Facebook, en los tiempos del “acelere”, de la violencia desbordada, de la superficialidad, nos enfrentamos con herramientas al pasado y lo entendemos, miramos al presente y nos confrontamos cara a cara con él, nos trasladamos al futuro y construimos. Dialogando con las letras, con las palabras que nos significan, que nos marcan heredamos huellas significantes, constituyentes, deconstructivas.  Somos y dejamos ser.

 

 

 

Onirosofía

La dádiva

Juan Pablo Picazo

— Ignis, dijo. Y la llama se separó de la hoguera danzando desnuda e iluminada dejando las muy pequeñas huellas de sus femeninos pies sobre el suelo. Luego de la danza se quedó quieta en la tierra en una posición semejante a esas raras formas de equilibrio que se pueden lograr con el yoga.

Me quedé azorado viendo cómo su cabellera se movía con vida propia sobre su cabeza; mientras yo la observaba así, la vieja volvió a hablar: — Carissimi flamma, ego mortalis homo, dabit tibi hoc amare et servire te.

La pequeña chispa debió oir mi pensamiento porque recorrió todos los colores posibles que la lumbre tiene y multiplicó su tamaño casi hasta elevarse unos diez centímetros sobre mí. Mudó de terror repentino, me olvidé de sus perfectas y aparentemente humanas formas. Se quedó mirándome y dijo: — ¿Tu lingua loquor?

— Nec, domina mea.– Se apresuró a decir la mujer. — Est prope mutum.

Al momento se ajustó a nuestro tamaño y tomó un tenue color azulado. Me observó de hito en hito y dijo: –Conozco todas sus lenguas pobres. Serás mío hasta que me des a tu sucesor. Debo ser guardada, alimentada y amada. A cambio te daré lo que te haga falta siempre.

Estamos juntos desde entonces y se ha empeñado en prolongar mi vida más de lo que cualquier humano mortalmente sabio permitiría. Ahora te agradezco que hayas venido. Ella puede ser todo lo que tú quieras. Tú serás todo lo que ella necesita. Aguarda ahí y respira hondo, podrías asustarte al principio pero desde ya, le perteneces…

–Ignis, domina mea.

 

Locutorio

Jorge Cázares y el arte en el desarrollo social

(segunda parte)

Juan Pablo Picazo

La tarde se derrama suave, el calor del exterior desaparece y deja paso a la concentración. Jorge Cázares es reconocido en la sociedad morelense como un hombre generoso; ha impulsado el dessarrollo de diversas generaciones de artistas como maestro, promotor y activista. Su historia es larga y febril y muy pocos la conocen.

En buena medida el gran movimiento cultural existente se debe a su actividad desde hacxe muchos años y carentes de memoria histórica o de información, muchos dudan o niegan que así sea. Conocedoir del ethos de los morelenses, le preguntamos:

— Maestro ¿cuál diría que es el tema más urgente de resolver en la sociedad morelense?

Apenas unos instantes previos, esperaba la pregunta con su habitual sonrisa dispuesta, la escucha y une las pobladas cejas en un gesto reconcentrado. Responde con aire grave:

— Bueno, yo creo que la formación ética. La educación, el valorar aquello que está comprendido en cada ser. El valor moral que se ha perdido por desgracia.  El crear una armonía en la sociedad. El crear esa sinaposis colectiva de que ya hablábamos, eso es de suma importancia.  ¿Por qué? Porque estamos inmersos en una violencia que se da en todos sentidos y está destruyendo el mundo entero., así que México, Morelos y Cuernavaca, no son la excepción.


Yo creo que si hacemos crecer esos valores morales, esa forma de ser incorruptible en el niño, en el joven, en el adulto, y le mostramos cómo dar amor en cambio, evitará que siga propagándose esta situación que nos tiene al borde del abismo.


Juan Pablo Picazo: — ¿En qué hemos fallado como sociedad?

Jorge Cázares Campos: — Nos hemos dedicado como sociedad a la búsqueda siempre de valores materiales. Y esos siempre lejos de ser perfectibles, nos lastiman y nos enferman; pero para esto no seducan, para la persecución de bienes materiales y no espirituales.

Veamos: Todo ser humano es sensible, todo ser humano tiene la capacidad de amar. Ahora bien, necesitamos que la pirámide social de Morelos, el conjunto de nuestra sociedad participe sí de forma individual,  pero dentro de un frente común que pueda hacer de esa inconformidad un motor de perfeccionamiento.

Hace una pausa y agita las manos como para ventilar mejor las ideas y continúa: — Por otro lado la mayoría de los medios de comunicación no ayudan, son nefastos. El 99 por ciento de ellos son basura que nos llega de los Estados Unidos y nos deforma emocional, y mentalmente.

JPP: –¿Cómo debe ser esta participación social?

JCC: — La participación social es de suma importancia para quie todos en conjunto, salgamos adelante. Como sociedad podemos generar una fortaleza específica que se levante como un muro capaz de contener, de detener toda esa maldad que se ha ido generando.

A mi generación le tocó vivir en una era de confianza, de cariño, de amor y de amistad, pues a nosotros cortresponde luchar por que estas generaciones conozcan un mundo mejor. Devolver de lo que recibimos, enseñándoles a luchar contra la violencia en todos los órdenes; hay que evitar que haya violencvia intrafamiliar por ejemplo.

Hay que luchar colectivamente contra la violencia si no queremos vernos avasallador sin remedio. La violencia es una bola de nieve que se mueve acumulando más de sí. Hay que erradicarla a como dé lugar.