Foto cortesía de Pixabay |La hormega, el duende zapatero, onirosofía Juan Pablo Picazo

Onirosofía

El duende zapatero

Para Alex y Sam, mis hijos amados.

Juan Pablo Picazo

Es un zapatero como cualquier otro. Las mismas herramientas cuelgan caprichosamente en la pared de su taller: cuchillas, patrones, martillos, escoplos, escarificadores, ruedas dentadas, agujas, pegamentos, hilos y demás porque, bien visto, los pies y los zapatos de los duendes no son muy diferentes de los pies y los zapatos humanos. Las diferencias entre una y otra especie no están ahí, sino en su magia.

Su nombre es Ganimel sec Imlardez, aunque en realidad todos lo conocen como el duende zapatero. Regresó hace mucho tiempo a Grannayr porque quería descansar de todo lo que sus ojos vieron, sus oídos escucharon y su razón soportó durante los muchos años en que sirvió a la gente de su pueblo como rey.

Porque el duende zapatero una vez fue rey. Fue conocido como el Rey duende de la suerte. En todas las naciones mágicas los reyes que dejan alguna vez sus tareas para dar paso a nuevos gobernantes,  se retiran a hacer lo que más les gusta, lo que siempre soñaron con ser, antes de cumplir con su obligación de servir a su país, que todos asumen al menos una vez en la vida. Y el sueño de Ganimel sec Imlardez siempre había sido el de convertirse en el mejor zapatero de su pueblo.

Lo de contar historias vino mucho tiempo después, cuando sus zapatos ya se habían hecho tan famosos que incluso le eran solicitados desde otras naciones mágicas como Granpartún, donde vivían los gigantes; Nacañone, capital de los Nacañú, esa gente en verdad pequeña a la que los mismos duendes miraban con ternura; también le habían llegado pedidos desde Irdayana Kly, orgullosa capital del imperio élfico.

Cierto es que no eran grandes pedidos y que no llegaban diario, pero así son es todo en las naciones mágicas; las cosas duran mucho y sirven casi todo el tiempo, así que hacer zapatos, comprarlos y regalarlos es cosa que sobre todo por fomento a la expresión artística se lleva a cabo. Por ejemplo, un par de sus mejores zapatos tiene un lugar de exhibición permanente en el Museo de Artes Cotidianas de Jadazahr, la ciudad más grande de las hadas dulces, junto a las airosas cortinas del artista andárico Brijed Gryntol.

Comenzó a contar historias por accidente. Alguna vez el hijo de un cliente se puso a hurgar entre las herramientas tratando de hacer algo con ellas; visto como era que podía lastimarse, el duende zapatero le pidió que las dejara a cambio de contarle una excelente historia, y si hay algo que un duende aprecie tanto como el sol, la buena comida y el arte, son las buenas historias, así que el muchacho se sentó muy cerca y orientó las orejas hacia él.

A partir de entonces, ese niño y todos sus amigos del pueblo acudían hasta su casa para escuchar historias, llenaban todas las sillas del viejo, traían las suyas y algunos más optaban por tumbarse en el suelo. Cualquier sitio era excelente para escucharle.

Acudían solos o con sus padres, pero siempre lo hacían en heptares, el primero de los tres días de descanso marcados en su semana decimal; algunos niños coleccionaban las historias en libros parlantes, y otros las reescribían como ejercicio de iniciación a sus carreras de bardo, rápsoda o cronista, lo que halagaba sobremanera al viejo duende zapatero.

Yo lo escuché en el primer año de mi extravío, ya luego debí dejarlo por servir a la nación duende como embajador en otras tierras, hasta que se me liberó de mis obligaciones y fui devuelto al humano mundo por la magia vaporosa de los Nacañú.

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Manos llenas de sol | Yo lector | Juan Pablo Picazo | José Antonio Aspe

Yo lector

Sol y sombra a manos llenas

Juan Pablo Picazo

Dicen las viejas costumbres que como todo, cada lectura es un viaje, como lo es cada vida; y si hablamos de una vida contada y escrita, y en su oportunidad leída, el viaje se ramifica, se transforma, se convierte en muchos viajes: el de quien ha vivido, el de quien le escucha contar esa vida, el de quien escribe esa vida, el de los muchos que habrán de leerla. José Antonio Aspe lo escribió así: “…es sabido que los viajes son, finalmente, una correría en donde el desenlace no está escrito. Así es la aventura, así es la vida.”

En su novela Manos llenas de sol, Aspe nos cuenta la vida de don Daniel Bustamante Beltrán; le recrea, le deja andar a su aire por los caminos que le tocaron, como se dice en nuestros profundos pueblos, y le acompaña en todo tiempo como un testigo que estuvo ahí sin siquiera adivinar que estaba, que estaría y que su tarea sería la de prestar testimonio de cada paso, cada misterio, cada pena.

Es la vida de un hombre común, una vida universal que en su transcurso retrata al detalle un México que era y dejó de ser, uno que se venía gestando y también pasó, uno que se acaba mientras conversamos con estas letras y que recién dejó don Daniel, en 2014. José Antonio Aspe le acompaña en las frescas estancias de la casa de su tía Felipa, donde se crió allá en el viejo Teloloapan, y se va con él a los ranchos y caseríos del campo a visitar a su familia, a contemplar la obra de Dios, a presenciar las violencias atávicas de los guerrerenses y los morelenses, que bien pudieron ser aqueos, persas, casi no importa.

Como todos, don Daniel fue un hombre dividido. A él lo partieron el amor, el desasosiego, la ignorancia y la avaricia de quienes le rodearon en su infancia, y debió reunificarse solo a fuerza de abandono, hambre y miedo. Una de las experiencias que le templaron el corazón fue la noche en que su madre salió en la oscuridad de la sierra a buscar una partera acompañada por el resto de sus hijos. La negrura, los dolores, los gritos contenidos, los ruidos de los predadores y el peligro de los barrancos entre muchas otras circunstancias, le hicieron remontar años en una sola noche.

Los personajes que le rodean son intensos: El padre, silencioso, fuerte, resentido, imponente, cariñoso y brutal; la madre arquetípica de otros tiempos: dueña de sí, resignada, sumisa, incansable; las hermanas, muy distintas, pero trabajadoras y decididas, compañeras de uno u otro modo; y el hermano menor más silencioso que el padre, atrapado en un mundo alterno en el que no deja entrar a nadie y del que nunca sale, ni en las circunstancias más apremiantes.

Y en cada página, en cada palabra y cada letra, la vida que se afana con hacer todas las suyas, lanzando todos sus anzuelos, desplegando todas sus trampas, haciéndose perpetuar y repetirse, renovarse y reinventarse. Una demostración de cómo cada decisión tomada cancela los otros posibles destinos para siempre, de cómo errores y aciertos son lo mismo apenas, y sirven al propósito del ciclo en el que las gentes, a pesar de sus odios y vergüenzas, de sus pecados y desvergüenzas, danzan el mismo baile desde la noche de los tiempos, cumpliendo con los instintos y reprimiéndose con las hechizas leyes humanas que les atan.

Vida, amor, muerte, odio, prosperidad, pobreza, dualidad, brujería, tradición, lealtad, crimen, terror, vicios, y más se agregan y disuelven en el conjunto para condimentar la vida de un hombre que en su momento confesó haberlo visto todo; que en su momento tuvo el valor de contar cada mal paso, cada bajeza cometida, cada lección aprendida, cada salvación lograda y cada esperanza fundada, sostenida y revelada como su legado.

José Antonio Aspe alcanza indudablemente una de sus cumbres con este trabajo novelístico: la prosa se afina y adquiere versatilidad al disolverse en la voz de otro hombre; el estilo se desliza natural bajo los hechos, sin contaminar la escena, hay momentos de enorme lucidez que recuerdan los destellos sentenciosos y sapienciales de trabajos como el Silas Marner de George Elliott, por ejemplo.

Pero dejemos el comentario hasta aquí que lo importante es la lectura de la obra, lo merece. De este mismo autor son también los libros: Navíos y naufragios, Constanza, Tentación de decir, y Cuernavaca, recuentos y reencuentros, y además, vale decirlo, es uno de nuestros colaboradores.

Solitudinem | Juan Pablo Picazo | La hormega | foto de Pixabay

Otro mundo

Solitudinem

Juan Pablo Picazo

El viejo habla solo,
sus harapos nos dicen
que a cosa alguna
o algún techo,
no llama míos.

Escuchar nadie,
su jerigonza entiende ninguno,
pero ahora,
susurra unos versos,
apenado los dice,
triste y compuesta
su apenas voz los pronuncia.

Me siento cerca
indetectado le oigo:
“Y es que mala espina muy
ya me daba ser poeta,
pero no había remedio:
cosa no era de los versos,
ni la música culpable.

Los muertos me han dicho
que de necios es nostalgia,
pero hoy he visto tu nombre
en muros que estaban perdidos.

Y perdido del mundo
y en el mundo hallado,
cientos de acordes después,
infinitas las rimas que luego,
he aquí que recuerdas
los nombres que habíamos dicho.

Guedejas de fuego
se alimentaban del viento,
olas transparentes los iris,
qué pena:
no fui tu espejo,
tu sombra,
tu pienso.

Ahí estás,
la mano ocupada en grafías
y te miro sin verte,
escucho sin beber de tu voz,
y cierto sé
que un diálogo,
tiempo,
o portal
se han abierto”.

Me muevo
y me observa,
sabe que lo he oído
y se marcha
con paso extraviado.

Votantes mexicanos, gato encerrado, la hormega

Gato encerrado

Sufragio ¿efectivo? El circo y la maroma en el teatro electoral

Gabriela Tapia Vega

Desde hace ya algunos sexenios hemos venido escuchando la palabra democracia, sobre todo cada vez que se acerca un proceso de elección estatal o federal. En realidad, de lo que se trata es de estar alertas y analizar las verdaderas propuestas de los candidatos. Porque la democracia no consiste sólo en tachar un recuadro en una boleta y así elegir a nuestros representantes, sino en reflexionar el voto y en evitar que otros elijan a quienes nos gobernarán.

Participación informada

La acción de la democracia implica participación. Pero esta debe ser una participación informada, y justo este es el quid del asunto, pues, si como decía Platón, el pueblo es como un animal esclavo de sus pasiones e intereses pasajeros, fácilmente impresionable a lisonjas y halagos, poco constante en sus amores y odios; “confiarle el poder es aceptar la tiranía de un ser incapaz de la menor reflexión y rigor”.

Gato encerrado Gabriela Tapia Vega, La hormegaY en realidad lo que hoy observamos, son campañas desbordadas en descalificaciones, entre quienes compiten por la presidencia de México, discursos masificadores, homogéneos, dirigidos a una sociedad pasiva, fácilmente influenciable y crédula. En este tenor, cobra cada vez mayor vigencia aquella frase atribuida a Maquiavelo: el pueblo tiene el gobierno que se merece, por ser un pueblo inculto, poco crítico, que a menudo funda sus argumentos políticos en discursos que ha visto en la televisión o en las redes sociales. Así, “una mentira repetida mil veces se convierte en la verdad”, una verdad incuestionable. En este sentido, la voz del pueblo, se convierte en una voz desinformada, manipulada.

Aunque no todo está perdido. Dejemos de vernos como una sociedad reprimida y marginada por un aparato ideológico aplastante. Todos somos parte de la sociedad y como tal “somos responsables por acción u omisión” de lo que ahí suceda. La democracia sólo funcionará cuando dejemos de ser víctimas y seamos partícipes responsables, informados y activos de nuestras elecciones.

La democracia mexicana en el retrovisor

Bajo el lema de “sufragio efectivo, no reelección”, reivindicado a principios del siglo XX en contra de la reelección de Porfirio Díaz, en México toma auge el hablar de la democracia como la forma de gobierno por medio de la cual, los representantes, para el ejercicio de los poderes Ejecutivo y Legislativo del Estado, son elegidos mediante sufragio popular.

Dicha reivindicación, no obstante, pierde su prosperidad tras la llegada en 1929 del Partido Nacional Revolucionario (PNR) al sistema político mexicano; mismo que bajo los nombres de Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y después Partido Revolucionario Institucional (PRI), controló el sistema político durante más de 70 años, poniendo en mayor duda la efectividad del proceso de elección en 1988, cuando en las elecciones para presidente de la república, el triunfo de Carlos Salinas de Gortari sobre Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano levanta muchas suspicacias, pues el segundo parecía abrir nuevamente la brecha para el campo democrático por el Frente Democrático Nacional (FDN), llamado posteriormente Partido de la Revolución Democrática (PRD).

pobreza, gato encerrado, la hormegaAsí, desde la década de los 80, los partidos de oposición, representaron una seria amenaza a la hegemonía del PRI. La gente parecía cansada de la enmascarada democracia que habría desembocado en un alto porcentaje de abstencionismo en las urnas. Al margen de las cifras, la crisis se dejaba ver en el ánimo de la gente, en la pobreza generalizada, el desempleo juvenil, la delincuencia desatada, el crecimiento del narcotráfico y con él, de la inseguridad.

El cambio que no fue

En las elecciones del 2000, el PAN, cuyo candidato era Vicente Fox Quezada, se proponía a sí mismo como el gobierno del cambio, pero con un modelo económico capitalista-neoliberal similar al del PRI, por lo tanto, si ganaba Fox o Labastida (candidato del PRI) seguiría el proyecto económico que sumió al país en la pobreza, y puso toda la economía en manos de unos cuantos billonarios.

Ahora, Fox ¿fue el cambio? Definitivamente no. Sólo fue un presidente mediático, cuyo desempeño en el gobierno dejó en la memoria de los mexicanos, más escándalos y polémica, que constructos para un mayor desarrollo del país en materia económica, social o cultural.

Seis años después, Felipe Calderón Hinojosa continúa el modelo del PAN, después de una segunda contienda con resultados dudosos, sobre todo luego de los cuestionamientos hacia su llegada al poder y su respuesta contundente de haber llegado a la presidencia: “Haiga sido como haiga sido”.

Dos sexenios más y el espectáculo de las elecciones y el resultado (manipulado o no), continuó.

Datos de candidatos

Si el objetivo del PAN en las elecciones del 2000 era destituir al PRI del poder, en adelante (2006, 2012 y ahora en 2018), el blanco de la faramalla electoral se ha centrado en el desprestigio del hoy candidato de MORENA, Andrés Manuel López Obrador. Y aunque su proyecto es, según los billonarios (entre ellos partidarios del PRI y del PAN), “populismo”, en palabras de algunos economistas, es sin duda éste el proyecto económico que el país necesita.

AMLO, como es conocido el candidato de MORENA, propone un modelo económico de oportunidades a los que menos tienen, sin descuidar a la iniciativa privada como muchos pretenden hacer ver. No obstante, sus múltiples adversarios desde el año 2006 hasta hoy, se han unido en una campaña de descalificación hacia su persona, más que de propuestas reales.

Por su parte, José Antonio Meade, representa la candidatura de un partido político, cuya imagen desgastada por lo dicho con antelación y por prácticas recurrentes en los procesos electorales en cuanto a represión, amenazas, compras de votos o desaparición de casillas,  parece haberse convertido en una mafia nacional. Ellos saben que de perder, se destaparía la cloaca de la corrupción con la que ellos medran en el país.

En cuanto a Ricardo Anaya, la falta de concreción en sus ideas, conllevan a resumir sus propuestas en recuperar el poder y descalificar al “enemigo” a cualquier precio. Aunque sea con datos manipulados que confunden a la población cuyas fuentes únicas de información se reducen a televisoras locales y redes sociales cuya confiabilidad, en ambos casos, es dudosa.

López Obrador representa al candidato que no conviene a los intereses de empresarios que aún ejercen un control sobre los procesos, y quienes aparecen con grandes estrategias de represión hacia ciertos sectores de la población (de una manera velada o abierta). Esto es preocupante. Y aunque tampoco está exento de críticas por su folclórico y arrebatado vocabulario, parece ser la opción más honesta.

elecciones 2018, gato encerrado, la hormegaNo todo está dicho, y aunque la mayor parte de las empresas encuestadoras nacionales y extranjeras aventajan con más de 20 puntos a López Obrador sobre el segundo lugar Ricardo Anaya, la posibilidad de un tercer fraude en la escena electoral está aún latente. La pregunta es ¿Y si se repitieran los resultados del 88 o del 2006 seguiría sin pasar nada como hasta ahora? Reflexionemos nuestro voto y asumamos con responsabilidad las consecuencias.

Jordi Prats, Boceto

Sonetos, sonsonetes y otros versos de la calle

Paupertas

Juan Pablo Picazo

Las microdulces lágrimas de Estela,
la cobjija estragada de Gerardo,
la felina obsesión de la Pamela
y el miedo aderezado de Ricardo,

asuntos calle son que no de Estado
pues vagabundos no les duelen serios,
y sueño bajo puente atestado
importa nada ya, ni su misterio.

Otros en tanto gánanse las calles
poblando nuestras noches de suspiros,
cuerpos en aceras, sonoros ayes.

Reciben la limosna, sobras, tiros,
y se extienden en ácidos los valles
acomodándose a cualquiera giros.