Contrapunto

Derechos de personas no humanas

Luis Morales Vences

—Buenos días, espero poder recordar todo…

Corría el año 82 después de que las naciones se unificaran en regiones, la tecnología estaba limitada por la moda y el individualismo, el sistema gubernamental era neutro, ni bueno ni malo; vivíamos en una sociedad conformista, pero para muchos estaba bien.

Después de las grandes guerras el mundo se concentró en promover la paz, las regiones producían lo que mejor sabían y lo intercambiaban por lo que necesitaban, era una vida simple y tranquila, por eso jamás se preocuparon por crear defensas, o armamentos, si nadie podía hacer daño, a nadie había que temerle.

Yo era un jovenzuelo cuando llegaron, nadie lo esperaba, no hubo indicios, fueron indetectables para nosotros, estábamos tan concentrados en nuestro mundo que olvidamos que podían existir otros, fue una mañana como cualquier otra, yo salí a recoger los frutos de la huerta de mi casa para desayunar, y escuché que los vecinos comentaban algo, los miré y acompañé su mirada hacia el cielo; una estela verde formaba figuras en el cielo rojizo, se movían lento, jamás habíamos visto algo así, al menos yo no, era tenebroso y hermoso al mismo tiempo.

Avisé a mis padres para que curiosearan un poco y entré a desayunar, pasaron casi 50 unidades en tiempo cuando un sonido interrumpió mis estudios, un ruido extraño, artificial, un ruido que al día de hoy me resulta tan familiar, Salí corriendo a mirar el cielo, y admiré por primera vez esas enormes cosas que en su momento relacioné con rocas; enormes, ruidosas y en demasía,  me asusté, pensé que eran meteoritos, pero al percatarme de su lento descenso me lo replanteé, se detuvieron a cierta altura, y se quedaron ahí el resto del día, a la mañana siguiente seguían ahí, inmóviles.

Todo el pueblo se reunió a la mitad del día en el Consejo para pedir respuestas a los gobernantes, estos calmaron a la multitud y cedieron la palabra a los sabios de la región, eran personas con una inteligencia y astucia muy grandes, estos nos dijeron que habían estado tratando de comunicarse con las rocas desde que llegaron, pero no hubo respuesta, no hasta que se les ocurrió intentar con un viejo sistema de ondas sonoras que utilizaban en la época de las naciones, aunque no fue respuesta como tal, identificaron que estas rocas se comunicaban a través de las ondas sonoras, ya fuese con nosotros o entre ellas.

imagen1Pasaron cinco o seis días, ya me estaba empezando a acostumbrar a su presencia, cuando otro ruido diferente pero igualmente macabro resonó, todos salimos de nuestras casas y pudimos ver como descendía una de las enormes rocas deformando su estructura, sacó patas y levantó mucho polvo, las demás se fueron en diferentes direcciones, hoy sé que iban a diferentes regiones y ciudades.

Todos corrimos hasta estar a una distancia “segura” pero lo suficientemente cerca para poder ver,  cuando yo me situé en el lugar que quería, los gobernantes ya estaban frente a la gran roca (se veía mucho más grande ya en el suelo) esperando en donde parecía se abriría una especie de puerta, y así fue, una inmensa puerta se abrió y de ella descendió un gran grupo de seres extraños, pequeños, blancos, con cabezas grandes y redondas, caras negras, brillantes, y sin ojos… más bien, parecía ser una cara con nada más que un gran ojo, solamente tenían dos brazos, y en sus manos tenían muchos dedos, no pude contar exactamente, eran cinco o seis, uno de ellos llevaba una especie de insignia gigante, ese estandarte, de colores rojo azul y blanco, ahora sé que lo que vimos aquel día eran solo sus trajes y su bandera.

La quietud duró muy poco tiempo, en cuanto los gobernantes dieron un paso al frente para saludar, las criaturas comenzaron a disparar en todas direcciones sin atinarle a nadie, todos salimos corriendo asustados hacia nuestras casas y los invasores comenzaron a esparcirse. En los siguientes días, asustados y escondiéndonos, descubrimos que sus armas tenían diferentes funciones como incendiar, capturar, cortar y más.

Poco a poco fueron capturando a muchos, algunos, los adultos más jóvenes, escapamos hacia zonas boscosas y nos escondimos allí, aun así éramos perseguidos. Volvíamos al pueblo de vez en cuando a buscar provisiones y vimos como poco a poco todo lo destruyeron, y comenzaron a extraer la tierra, formando un cráter enorme. Pasaron los años y nos acostumbramos a vivir entre sombras, escondiéndonos y con miedo, sin entender por qué  nos hicieron tanto daño.

Un día vino a buscarme una hembra de su especie, la doctora Wotton, admito que cuando la vi, ahí, sin un arma, me llené de rabia y quise asesinarla, salté desde un árbol y la sostuve con mis brazos inferiores y con los superiores la amenacé con mi lanza, y en ese momento escuche lo que jamás había escuchado, ella me estaba hablando, en mi lengua, yo podía entenderle, me pidió que le permitiera hablar, que tenía algo muy importante que decirme, la llevé con mi grupo en la cueva donde nos refugiábamos, la atamos y solo entonces la dejamos hablar.

Nos contó acerca de su mundo, del poder y la ambición que tiene la región norte de su planeta, de lo que son y para que usan los minerales extraídos del mío, y de los eufemismos a los que sucumben las leyes de protección de la exobiología, nos dijo de la reubicación de nuestro pueblo, que es más bien un campo de concentración en donde retienen a los de mi especie en condiciones deplorables y miserables, me enseñó a hablar su lengua, y entender un poco de su cultura, a la que considero consumista y derrochante, también me habló de los derechos de personas no humanas y que yo contaba con el poder de solicitar un juicio para detener los abusos a mi planeta.

Y es gracias a ella, la doctora Wotton, que hoy me encuentro aquí, en este extraño planeta, ante los dirigentes de la protección y derechos de las personas y ante todos ustedes humanos, no para pedir, si no exigir, que se respeten mis derechos y se libere a la comunidad que habitaba en lo que ustedes llaman Alfa Centauri Bb, para recobrar nuestras vidas, y llegar a acuerdos que beneficien a ambas especies, hay mucho que aprender una de la otra y mucho que compartir… gracias. 1

Arena negra

Charango sobre Galeano

Andrés Carvajal Uribe

¡Hola! Últimamente he estado un poco distanciado de mi Arena negra debido a algunos compromisos laborales… 

Esta vez y a manera de compensarles por los textos no escritos, quisiera compartirles algo diferente. Una faceta un poco más honesta para mí que es la Música, tomé un texto de Galeano, uno con el que me siento muy identificado y le toqué el Charango encima, un instrumento que conocí y del cual me enamoré en un viaje al Sur del continente. Espero lo disfruten tanto como yo. 1

Otro mundo

Año cero

Juan Pablo Picazo

El universo se agosta,
la cálida oscuridad es ya insuficiente,
hay ruidos, voces…
todo perturba la paz eterna
de la que su sueño viene.

Sabe la madre:
el tiempo se acerca,
el amado inquilino
que le habita el vientre
y le transtorna el cuerpo,
eclosionará muy pronto.

La fe ha de bastar,
hay algo malo en todo
desde el accidente.

Con los pies por delante,
el joven guerrero patea,
amanece al mundo peleando
contra las pinzas lustrosas
que fuerzan su cabeza.

No lo sabe aún,
pero los hombres
que le arrancan las raíces,
—todo él manglar
sumergido
en las aguas maternas—,
le han robado
también
la vista de un ojo.

No sabe respirar,
no responde
a la agresión primera
que obligarlo quiere.

Luego el abandono:
madre dejará el hospital,
y aunque regrese por él,
será el primero
de muchos,
necesarios
plenos de confianza
en la anciana madurez
del recién nacido
que se aferra a la vida
respirando con la boca. La taza de café más grande de Nueva York. (Foto de internet)

Olvidadas por el viento

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Y la nave va

Fuga en do menor

José Antonio Aspe

Le dijeron que pidiera una última voluntad. Dijo que morir tocando su piano. Lo fueron a traer hasta Cuautla. Entre tanto se chupó un cigarro. Cuando llegó el instrumento, se sentó frente a él con propiedad, aplomo e inusitada elegancia. Acarició femeninamente las teclas con sus rudas y toscas manos.

Las notas comenzaron a cabalgar delante del pelotón de fusilamiento y de los generales, embelesándolos. Los do, re, mi, fa, sol, la, si, pasaban como potrillos desbocados pero alegres. Por la memoria del Capitán Olvera, escenas de juventud y de soldaderas abiertas de piernas; por la mente de los generales y de los sargentos, novias lejanas y pañuelos de seda perfumados; por la de los cabos y soldados rasos: madres y hermanos ausentes, botellas de aguardiente y recuerdos de visiones y risas mariguanas compartidas dentro del cuartel.

imagen1A la hora de preparen, apunten… ya solo el banquito vacío, el piano en silencio y la mirada atónita de la tropa. José Navidad ya no estaba. Se marchó, ágil y raudo, sobre la montura de una de las briosas corcheas que con dulce complicidad y velado desacato brotaron del negro piano, quien como un noble y fiel animal, salvó la vida de su viejo amigo de correrías sin fin, sueños urdidos en largas tardes de deliciosa inspiración, de teclear amoroso y de sol por todos lados.