Arena negra

City Of Stars

Andrés uribe

Levántate a las 6 de la mañana, despierta, afina la vista, recoge el frío, apura, empieza. Hola Nina, buenos días, vuelve a tu cama. Lo primero del día: MÚSICA – If I should lose you de Hank Mobley por hoy está bien, Art Blakely era un maldito genio. Volvamos: acomoda tu cabello, de cualquier manera, apura, apura, ¡Dios, qué sonido del saxofón tenor!, tan lleno, casi redondo. Oh Hank, Hank, Hank…

imagen1Por fin en la mesa. Tiempo. Tienes si acaso una hora y media antes de irte al trabajo, recuerda siempre tu sueño, trabaja para él: estudia, estudia. En unos meses estarás mejor, y tendrás lo suficiente para tocar cuando quieras. Todo este tiempo, todos estos ensayos, músicos y amigos. Ha sido un recorrido fatigante, pero también lleno de amor y entrega. Toda esta nostalgia por amar a lo viejo, por el gusto de tocar, de vibrar con la música, de desaparecer por un instante en el sonido y sentirse completamente lleno.

Trabajando muchas veces sin ganar un centavo y otras, también. En el rincón del restaurante, suplicando por un vaso de agua, siendo mirado desde el hombro, rescatando la comida fría, intentando hacer una música de excelencia, a la que nadie presta atención, teatros vacíos, ensayos, horas y horas, entrega, entrega. Qué poco le interesa a la gente de mi generación, todo esto, y aun así, camino orgulloso de mi labor, porque es noble, y porque siento cariño hasta por mí mismo.

Quién sabe, quizás sea este es el inicio de algo hermoso, y mis sueños se hacen realidad. Todas las mañanas continúo practicando lo que amo ¿Por qué tanta necedad a serme fiel?  Tarde lo que tarde, cueste lo que cueste. Es muss sein!

City of stars
Are you shining just for me?
City of stars
There’s so much that I can’t see
Who knows? Is this the start of something wonderful? 1

La palabra escrita

Si no sabes querer

Anahí Domínguez

Si te quedas, quédate bien
completo
sincero
con devoción.

Si, con devoción,
porque acompañar a alguien demanda devoción,
sin terceros, sin reservas
¡Vacíate carajo!

Dame tu amor a cuentagotas,imagen2
para que no lo desperdicie y para que te crea.
Para que te sienta real, congruente.

Dame una estancia
un pequeño espacio en tu pecho
donde pueda refugiarme
de éste mundo tan hostil
que solo
nos hace sentir solos.

Quiéreme
de la manera que sepas querer
y, si no sabes,
toma de mí los motivos
para demostrarme alguna forma tu sentir. 1

Paradojas

Música para escribir

Daniel Zetina

Cuando me siento a escribir por lo general es en mi computadora de escritorio, hasta ahora no he tenido necesidad de una portátil. Ahí paso horas escribiendo, cuando puedo… Escucho diferentes tipos de música, y eso depende de mi estado de ánimo y del momento, pero también del género literario.

Si escribo poesía (que más transcribo de mis manuscritos) no pongo música con letra, solo instrumental, más bien clásica, en especial Paganini y Lizt, no soy un gran conocedor de autores de este tipo. Con otros géneros el repertorio es muy variado, por ejemplo:

Al trabajar minificción, de humor y cotidianidad, suelo escuchar música movida, como cumbia, salsa, merengue u otra por el estilo. Es la misma que escucho cuando limpio la casa, sin duda.

Si estoy escribiendo o más bien corrigiendo algún cuento o conjunto de cuentos, pongo rock en español, y trovadores urbanos, algo que me lleve un poco a la nostalgia de mis años mozos. También puedo poner play list como “Música tranquila para trabajar y estudiar” en youtube en caso de que necesite más calma.

Mientras tanto, de ser novela, eso más bien depende el tema. Por ejemplo, escribí una de tono erótico (No hay color, Ediciones Clandestino, 2012), y más que música ponía narraciones eróticas, que no escuchaba con atención, pero me servían como telón de fondo para mi sensual historia.

Otra vez, en mi largometraje narrativo (inédito) el personaje principal estaba influido por la música de Juan Gabriel, así que siempre estaba presente al escribir.

Una novela breve de próxima aparición (Óleo sobre ketamina, Cascada de Palabras, 2016) aborda el tema de las drogas, el suicidio y esos temas de mi generación, entonces escuchaba el grunge de Nirvana, el rock de GunsNRoses, combinados de Beatles y por supuesto a Bob Marley.

Cuando escribo o corrijo algún ensayo o artículo, como este, puedo escuchar ska o a grupos latinos como Calle 13, Julieta Venegas o alguna nueva propuesta, como para mí lo fueron en su momento Carla Morrison o Juan Cirerol. También puede variar de acuerdo con cada libro e incluir blues o grandes bandas.

Al iniciar un proyecto importante o cuando corrijo a detalle por lo general programo ópera o una lista de reproducción de la gran soprano Ana Netrebko o el tenor mexicano Rolando Villazón. Algo tan conmovedor siempre me ayuda concentrarme en un trabajo creativo.

Perdí la costumbre de poner discos o escuchar la radio y estoy conectado a internet todo el tiempo, así que toda mi música de los últimos años es subida el algún lugar del mundo para que yo pueda escucharla en la comodidad de mi estudio, claro, con la molesta de escuchar algunos comerciales musicalizados.

De lo que se trata, para mí, es de crear un ambiente: mi escritorio, mis libreros, mi café y mi música, para que mis letras fluyan libres y salvajes desde mis emociones y pensamientos hacia el teclado.

Sígueme en @DanieloZetina.


Recomendaciones para escuchar cuando se escribe según el género:

Poesía: Franz Lizt: https://www.youtube.com/watch?v=cIxGUAnj46U

Cuento: Kristos Lezama: https://www.youtube.com/watch?v=PbVihCVGVQE

Ensayo: Fabulosos Cadillacs: https://www.youtube.com/watch?v=KcKMKVBEYME

Nuevos proyectos: Ana Netrebko: https://www.youtube.com/watch?v=w0diDwHtATw

Nubesomnium

Memento

Mishelle B. Badillo

Desperté con un cosquilleo en el corazón, pensé que podría tratarse de algo temporal, pero han pasado dos días y lo que inició como algo apenas perceptible, es ahora un malestar que se ha extendido a mis pulmones.

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Foto: Luis Morales Vences

Me encuentro en la sala de espera, veré a mi doctor, espero que no sea grave. No sé si sea por algún motivo de salubridad pero los hospitales tienen un aspecto frío, sus paredes y luces blancas me exasperan, y me hace sentir enfermo el olor a alcohol y medicamentos.

– Tendrá que esperar 30 minutos más, el doctor tomará su almuerzo y demorará media hora.

¡Excelente! No es cosa urgente lo que quiero saber, sólo quiero que el galeno descarte que voy a morir. Camino un poco por el cada vez más insoportable nosocomio y descubro una terraza con sillas y vista a un pequeño parque, que carece de palomas y niños que usen los tristes juegos oxidados.

En una silla cercana a la mía una mujer llora, vaya panorama el mío, quisiera acercarle un pañuelo pero dejé de cargar el que tenía porque mis amigos solían decir que parecía pretencioso y “hipster”.

Sólo han pasado diez minutos pero regreso a las incómodas sillas azules afuera del consultorio, nunca he sabido qué decirle a alguien que llora, si le pregunto lo que le sucede, temo que se ahogue en llanto, o que me mande al demonio. Me siento y cruzo la pierna, noto que en la suela de mi zapato derecho hay un chicle endurecido; negro, lleno de pelusas, y una que otra piedrecita. Me pregunto cómo llegó ahí, cuánto tiempo lleva bajo mi zapato.

Estoy seguro que la enfermera me dijo 30 minutos por decir, dudo que el doctor verdaderamente coma en ese tiempo, menos si charla con alguien mientras lo hace, o si recibe una llamada en ese momento. ¡Pero qué rayos!, han pasado cinco minutos y comienzo a desesperarme. Mejor me voy, qué más da, regresaré otro día, un día que no tenga tantos torbellinos en mi mente.

Aún no comenzaba mi marcha a la salida cuando comencé a toser y algo salió expulsado de mi garganta, temí que fuera grave, no había sangre pero regresé a mi asiento azulado y esperé a que me atendieran. Sobre la palma de mi mano izquierda estaba lo que había salido de mi boca minutos antes, desdoblé lo que parecía una pluma de ave color gris. La enfermera mencionó mi nombre y me puse de pie por inercia, no dejaba de ver mi mano.

Mientras caminaba al consultorio pensé que era una locura haber tosido una pluma, en la terraza no había palomas, no podía haber aspirado tal cosa. El doctor hace las preguntas de rutina, toma mi presión, su estetoscopio helado toca mi pecho y mi espalda. Le menciono la pluma, se la muestro y enmudece un momento.

– ¿Ha dormido bien últimamente? ¿Toma algún antidepresivo?

Niego con la cabeza y otro silencio se gesta entre ambos.

– En mis años de estudio alguna vez encontré un texto que me pareció absurdo pero es lo primero que me vino a la mente en cuanto usted me mostró esto. Hablaba sobre las plumas que pueden alojarse en los órganos, se les llama así por ser semejantes a ellas, pero son una especie de células endurecidas que se forman en los niños cuando duermen, éstas peculiares formas se disuelven con el paso del tiempo y no causan mayor daño. Pero por lo que usted me dice, podrían no haberse ido de su organismo. Necesitaría realizarle estudios para confirmar o desechar este primer diagnóstico.

– ¿Quiere decir que tengo una pluma en mi corazón?

– Y en sus pulmones, varias de ellas, su respiración no es óptima.

– No entiendo nada, pero me realizaré los estudios que hagan falta.

– Bien, entréguele esto a la enfermera y lo veo en una semana.

Me resulta increíble, me genero tantas preguntas pero no supe formularlas en su momento. Camino a casa y un mareo me obliga a detenerme un momento. No quiero convertirme en pollo, codorniz o paloma. Desconozco si es grave, si podré cantar o emitiré graznidos molestos como los de un pato. O peor aún, si podré volar, si tendré que emigrar a países cálidos en invierno. Nada parece tener sentido, y la comezón en mi espalda me está matando. 1

El pez en la burbuja

Sólo es la ciudad

Andrea Ortíz Rodríguez

En la oscuridad escucho las sirenas. No es el canto del agua que anhela la muerte de los marinos. No es el grito del hombre que intenta escapar de las sombras. Sólo es la ciudad. Alguien seguro anda perdido y van por él. Su cometido no es encontrarlo. Que siga perdido pero en la cárcel, que siga perdido pero en el PIB, que siga perdido.

imagen1Y mientras yo, busco abrirme los ojos para no perderme de la vida, busco que no se me adhiera el camuflaje, que no me coma, que no me absorba. Sólo es la ciudad. Los que te quieren te muestran los trucos del laberinto. Te enseñan las trampas, te admiten las mañas y tú no quieres. No quieres ponerte la máscara con la que otros ganaron. No quieres tomar las armas y admitirte en guerra. No le ves sentido. Para qué fingir que se te acabó la sonrisa, que ya no entiendes el llanto, que no te asombran sus ojos. Para qué ocultar (como si fuera cuidarse) que dejaste el cigarro en la ventana buscando soñar que llega a encenderlo, que todavía esperas te pida perdón por haberte hecho llorar y no haber llorado contigo, que aún le crees cuando te mira y dice que te ama.

Para qué, si sólo es la ciudad. Un montón de asfalto de hombres para cuidarse de hombres, cuatro paredes para poder encerrarse y que nadie mire cuando se abren el pecho, cuando se dan cuenta que la fragilidad se lleva en la pupila, cuando después de años vendiéndose fuertes despiertan un día musitando “ojalá me compren por mis defectos”. Para qué. Quieres ser el que grita “no te vayas”, el que cree como si no pesara el todo, el que admite que le importa el logro de besar sus manos duras en las noches, de encontrar barcazas en sus duelos, de contarle las pestañas.

“El tonto”, “el sublime”, “el inocente”, porque “así es la ciudad”. Sólo apuesta el que sabe que gana, sólo da el que tiene sobrado, sólo ama al que no le han abierto los ojos… ¡no es cierto!. A mí sus noches en vela me destrozaron el cuerpo y la pupila. A mí los juegos de niños me alzaron los párpados como se alza el día en ciudades desiertas y no necesité la cuidad. Llegué con su risa en la maleta y una etiqueta en la frente “sí, todavía”. Que me digan tonto, que me entiendan inocente. Que crean que saben de ojos abiertos y de verdades, que no sufran, que se salven. Que se vayan de la vida sin haber entregado su último aliento, que duerman acurrucados por el canto del agua que anhela la muerte de los marinos. Que no escuchen mi grito que intenta escapar de las sombras. Yo no. Sólo es la ciudad. 1