Concurso de cuentos de la Ibero (2013)

el

Tercer lugar

Cuando huele a tierra mojada

Por Paola Espinosa Haiat

Hoy mi abuelo me dijo que deje de soñar tanto y sea realista, todo esto mientras le hablaba de mi nueva adquisición que pronto formará parte de mi pequeña biblioteca. Dijo algo sobre que los escritores se mueren de hambre, que nunca hacen nada por el país y que al final todo es una mierda. Me mandó a mi recámara porque intenté contradecirlo y me sentí mal más tarde, porque es mi abuelo y odio contradecirlo.

Él tiene una mente muy cuadrada y habla mucho, pero casi siempre de política. Critica a México mucho por la manera en que están repartidos los bienes y piensa que todo es una mierda.

Mi abuela es todo lo contrario a él. Hace galletas todo el tiempo y sonríe mucho. Siempre me abraza y cree que soy muy inteligente porque leo. Yo no sé si soy inteligente, pero sí sé que me gusta leer.

Mis primos son poco dedicados a todo en general. El mayor tiene veinte y decidió nunca ir a la universidad, porque le causaba contratiempos con su vicio de ir a fiestas y tomar mucho. Mi prima de dieciocho tiene dos hijos y un marido desobligado que creo que le pega. No estoy muy segura de eso porque ella habla poco conmigo, dice que soy “una niña extraña” y prefiere evitarme, pero veo que tiene moretones en todos lados sin explicación y más de una vez la he escuchado llorar en el baño, y eso es muy doloroso. El resto de ellos van hacia el mismo camino, a mi parecer. Pero no importa mucho mi opinión al final.

Mi padre es muy comprensivo con todos, porque es psicólogo. Siempre tiene una manera de ver las cosas que difiere con la percepción de nosotros. Analiza todo, o al menos eso parece que hace. Últimamente la verdad es que no habla mucho.

Mi mamá es muy guapa, y no lo digo sólo por decirlo. Tiene el cabello muy largo y la piel muy blanca. Habla mucho y sonríe tanto como la abuela, aunque sus galletas no son tan ricas. Últimamente no sonríe, y aunque sé el motivo, no hablo de él. Toda mi vida me he limitado a observar y analizar el comportamiento de los grandes, y la verdad es que me da mucho miedo llegar a ser algún día como ellos.

No lo digo porque piense que sean malos, de verdad pienso que no lo son; pero creo que todo es complicado para ellos. También está la complicación de que tienen que saber actuar todo el tiempo como si tuvieran la situación en sus manos y como si fueran muy inteligentes y maduros; tienen que cargar con un gran peso que yo no sé si podría cargar. Tengo pocos años, pero en esos pocos años me he convencido de que si existiera algo que hiciera que no crecieras jamás, yo lo tomaría.

Me molesta mucho que ellos tengan poca fe de la vida en general y crean que soy infantil por pensar lo que pienso. Ahora mismo creo que tengo la razón, aunque ése no es un síntoma para mi edad, sino para la adolescencia.

Hoy, mientras mi abuela hacía más galletas, ha estallado una pelea horrible. Papá le estaba gritando a mi mamá cosas horribles. Mi abuelo intervino y los mandó a la mierda a los dos, porque todo es una mierda para él. Mamá se encerró un buen rato en su habitación y papá no quiso hablarme. Leí uno de los cuentos de Cortázar pero no me pude concentrar mucho, así que busqué un pasatiempo.

Vagué por la casa, pero comencé a sentirme aturdida. Nunca me había sentido así antes porque suelo estar muy tranquila; sin embargo me sentí así. Era como si de pronto me llegaran destellos de realidad y yo empezara a tener consciencia de lo que pasa en realidad. Cuando hablé con mi tía Sofía de eso me dijo que es normal, porque es uno de esos pasos que te lleva a ser “adulto”. Yo tengo mucho miedo de crecer, aunque creo que eso ya lo había mencionado.

Le pedí que me llevara en coche a un lugar y ella accedió. Tomó las llaves y salimos. Supongo que lo hizo porque sintió mucha compasión de mí porque mi familia está cruzando uno de esos momentos “difíciles”. Todo el camino intentó hablarme de programas tontos y yo me negué a hablar de ellos, pero le empecé a hablar de mis libros favoritos. Le dije que amaba las antologías de cuentos y que me costaba entenderle a los poemas, a lo que sólo sonrió; creo que pensó lo mismo que mi prima de dieciocho, eso de que soy “una niña extraña”. Me da un poco de risa pensarlo ahora.

Nos detuvimos frente a una reja enorme, y aunque sé que a ella le costaba hacerlo, me condujo entre todas esas lápidas hasta llegar a la indicada. Se soltó a llorar porque todo está muy reciente y sentí ganas de llorar, más porque ella estaba sufriendo que por dolor debido a la situación, porque no me dolía mucho.

Me paré y leí la inscripción.

“Antonio Sánchez Flores

12 de diciembre 2009 / 5 de agosto 2012”

Me hubiera gustado llevar de esas flores bonitas que había en otras lápidas, aunque me agradó no hacerlo para no dejar rastros de mi visita. Me senté cerca de ahí, mientras mi tía se paseaba por todos lados del cementerio. Junto a su lápida hay una rosa que mamá le plantó porque dice que cada vez que florezca pensará que él le da vida. Yo pienso que es una forma de consuelo.

Todo el mundo necesita un consuelo cuando ya no tiene de qué sostenerse. A veces es la única forma en que pensamos que podemos sobrellevar el dolor.

De un momento a otro se me soltó la lengua, como si alguien me obligara a hablar, y empecé a platicar con un trozo de cemento.

Le hablé sobre la pelea de mamá y papá, intentando omitir las palabras que habían dicho, porque no quería herirlo; también le dije que el abuelo me había dicho que fuera realista y me reí un poco, porque creo que él debería ser un poco más soñador. Es sólo un punto de vista.

De pronto, le dije que lo extrañaba. Le dije que su cereal favorito seguía en la alacena y que yo no quería comerlo porque era de verdad muy malo. También le dije que su recámara estaba intacta y que no había tocado su pelota de beisbol, porque sabía que eso lo hacía enfadar mucho. Le hablé sobre que su tortuga había muerto, aunque omití que había sido porque papá y mamá olvidaron alimentarla, y le sonreí durante un largo rato a la lápida.

Era la primera vez que iba sin mis papás y me sentía mucho mejor porque podía platicar con él sin que ellos lloraran, gimieran y me consolaran por algo que no me entristecía. Ellos también creían que era extraña porque lloraba poco su ausencia. Yo suponía que era porque pensaban que no lo extrañaba o que me daba igual que hubiera muerto.

Por supuesto, las cosas no son así.

Mi hermano murió una tarde de verano por un descuido. No sé por qué mis padres se culpan todo el tiempo, aunque lo hacen. Sé que eso le pudo pasar a cualquiera y existió la terrible casualidad de que eso le pasara a mi hermano. Él estaba acomodando unas cosas en el anaquel de su recámara…

Él era la única persona en el mundo que conocía que le gustara vivir. Apenas estaba aprendiendo a hablar, pero siempre estaba sonriendo. Él era esa fuerza positiva que nos mantenía atados aun cuando no quisiéramos.

Tal vez sea por eso que mis padres ya no sonríen. Tal vez tenga que ver con que yo no soy todo risas y alegrías, soy sólo yo, este cuerpo y mis libros.

Ese día, mientras intentaba alcanzar el punto más alto del anaquel, buscando algo que aún no logramos aclarar qué era, todo se cayó encima de él. Yo no estaba en casa, pero mis padres sí, y yo creo que nunca podrán borrar la imagen de su hijo menor debajo de todo ese desastre. El doctor dice que cree que la muerte fue instantánea, pero mis padres se mortifican pensando en que él haya sufrido. Yo tengo la idea de que son ellos los que han sufrido más.

Y desde su muerte mamá no sonríe, sólo llora.

Y desde su muerte papá no habla mucho, excepto para gritarle a mamá.

Y desde su muerte yo no hago más que pensar en el tiempo que tenemos en este mundo.

Espero que él mío no sea tan corto como el de mi hermano, porque quiero leer muchos libros e ir a la universidad, y más tarde escribir mis propios libros; pero me gustaría que el tiempo de mi hermano también hubiera sido más largo. No me lamento porque yo sí tengo eso de lo que la mayoría de los adultos carecen, que se llama fe. Y sé que él no desearía que yo llorara todo el tiempo o que cada recuerdo suyo me trajera una instantánea desilusión, porque alguna vez a él le causaron mucha ilusión todas sus cosas, hasta ese cereal que sabe muy feo.

El olor a tierra mojada empezó por invadir lentamente mis sentidos. Ese día, el en que la estancia de mi hermano en la Tierra dio fin, había llovido, y en el cementerio existió la casualidad de que el olor me recordó que mi hermano decía que eso sólo significa vida. Que la tierra mojada significa que la vida está por renacer, porque las plantas empiezan a volverse verdes, y durante la primavera todo lo que pasa es lluvia. Así que cuando un cementerio huele a tierra mojada es confuso, porque se supone que ahí sólo habitan los muertos, aunque tal vez también renacen de alguna forma.

Mi tía se situó a mi lado un rato más tarde, con el rímel corrido y los ojos hinchados, me dijo que era tiempo de irnos. Antes de despedirnos, a modo de entablar una conversación, me preguntó si pensaba que mi hermano estaba en algún lado.

Yo, por mi parte, le aseguré que todos tenemos que ir a algún lado, porque somos muy maravillosos como para desaparecer. Le dije que el mundo seguro es sólo un tiempo en el que estamos a prueba. A prueba sobre las cosas que hacemos y las que podríamos haber hecho. Ella rio mucho y me acarició el cabello, como si me estuviera consolando por algo. Luego comenzamos a caminar hacia la reja.

Y supe que al volver a casa mi abuela seguiría cocinando galletas, y mi abuelo seguiría pensando que todo es una mierda, y mamá seguiría sin sonreír, y papá seguiría sin hablar, y yo seguiría siendo “una niña extraña”, y nuestra vida no volvería a ser como era antes de la muerte de mi hermano.

Y, en ese sentido, deseé que él estuviera en casa al volver.

Después de ese fugaz pensamiento me alegré un poco y me dije que era mejor que no fuera así, porque todas las cosas tienen un curso.

No entiendo nada de los cursos en la Tierra, y no sé si exista una vida después de la muerte, pero estoy esperando que no todo se extinga. Yo no quiero extinguirme.

Ahora sé que el mundo no dejará de girar por la ausencia de mi hermano, y la tierra mojada que lo envuelve absorberá con el tiempo su cuerpo. No quedará una prueba de que él existió y nadie le recordará después de unas décadas.

Y pensé que era bueno no saber dónde estaba, porque eso significaría que nunca desaparecería la esperanza de buscarlo. Y fue por eso que pensé que mi hermano no había muerto.

Aquel pensamiento me reconfortó más que las palabras de mis papás o las caricias torpes de mi tía Sofía.

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11 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Mauricio Zepeda dice:

    Es natural, es un poco melifluo, con reflexiones serias, a la postre sólo apto para personas con sensibilidad alta, por eso se identifican, nada del otro mundo en realidad, gracias por su atención.

  2. Un dolor un tanto agudo en la garganta crecía al leer tu cuento. Bendito el día que te leí por primera vez. Esta es una manera magnífica de reflexionar y ayudar a muchos. Lloré y debes saberlo. Mereces tener éxito, cariño. Felicidades.

  3. Karla dice:

    Eso es maravilloso, eres una excelente escritora Paola. Narras de una manera tan perfecta que nos haces entrar en la piel del protagonista, precioso.

  4. Azul dice:

    Excelente, cada escrito tuyo me llena el alma.

  5. Concepción López dice:

    Felicidades , eres una gran escritora, sigue adelante yo seré una más que esperare tus historias, tus libros , tus cuentos . Hermoso

  6. Super,me gusto mucho, al mismo tiempo nos dejastes una bonita reflexiòn para aquellos que comprendieron totalmente…

  7. abi dice:

    sin palabras, en verdad esta es una historia que me deja sin palabras, y que me coloca mucho a reflexionar sobre esas familias que pasan por momentos duros, difíciles y que sin saber esto afecta mucho a sus hijos, en tan fuerte su dolor que no se dan cuenta del sufrimiento de sus hijos,ni de nada lo que sucede a su alrededor y partir de ese momento sus almas envejecen… esto es algo que suele pasar en muchas partes del mundo, pero la vida continua y con esto no digo que debemos olvidar… solo pienso que la vida sigue, siguen nuestros sueños, nuestras metas. “por este mundo solo pasamos una vez” y debemos aprovechar todos esos momentos que pasamos a el lado de nuestra familia, aprovecharlas a el máximo, mas que un cuento para mi estos es una reflexión que me ayuda a ver las cosas desde otra perspectiva, todos absolutamente tenemos que soñar, este mundo aveces suele ser muy feo pero podemos hacerlo soñemos sin temor, soñemos en grande, por que si nuestros sueños no nos dan miedo estos no son lo suficientemente grandes!! así que soñemos, disfrutemos de nuestras familias. por que realmente todo acaba cuando dejamos de soñar…

  8. Bello, hermoso. Definitivamente lo es. Sigue Adelante. ❤

  9. Jacqueline dice:

    ¡Me encantó! :’}

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