Incierta certeza

Nuevo destinatario

Por Luis Ernesto González

Dice la carta
fechada en 1967
(que encontré sin querer en algún lado):
“Estoy bien, gracias a Dios,
aun cuando, como siempre,
con bastantes cosas que hacer.
Tengo muchos deseos de verte”.

Lo que aquello haya sido, ya no es.
El apremio que la ataba, las urgencias vitales…
aquellas condiciones que separan
a los que se quieren ya no están,
fueron defenestradas.
La mujer cincuentona
(lo sé por otros párrafos)
que escribió aquellas líneas
a su tía
ya no es tampoco. La tía no es,
la dirección no existe; han sido demolidos
toda certeza y el posible encuentro.

La carta queda

y mis manos la hieren
en su viaje hacia el polvo.

Esa persona de impecable vestido
que pasó frente a mí a toda carrera
hace unas horas, tenía una cita, dijo,
de vida o muerte;
la mujer que ahora mismo
acaricia su piel con cremas y cuidados
por aplazar la cita, de importancia suprema,
con su cuerpo vencido;
la cita con la cita que al fin te hará feliz;
aquellos caminantes que ya quieren llegar;
todos dirán, diremos, que vamos ocupados,
cuántos quehaceres, quiero verte pero mira
estoy esclavizado por esta oficina, este cubículo; mañana,
el mes entrante, en vacaciones, al menor descuido
de mis actividades, quisiera, insisto, pero mírame,
hasta le quito horas al sueño, pero verás que pronto…

Y es verdad, nadie miente. No podemos soltar.
Estamos maniatados por amos que no aman.

Pero un día nada importa,
y es un día sagrado.
La angustia del no hacer pierde la máscara.
Nada era necesario,

podías dejarlo todo.

Ese día nos reunimos
con quienes ya no esperan.
Todo parece un juego.

O eso creo, a la luz
de una estrella fugaz en esta noche extraña.

La mano femenina que escribió la carta
me daría un manotazo
si me hallara leyéndola.
Yo quisiera abrazar a aquella remitente
de letra apresurada.

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2 comentarios sobre “Incierta certeza”

  1. Coincido con Angel Carlos, desnudos llegamos, desnudos nos vamos, nuestro traje mortuorio esta compuesto por esas querencias cultivadas a lo largo de nuestra vida, es lo único real.

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  2. Claro, “esto también pasará”.
    Creo que lo esencial –lo único real y verdadero– son los afectos en el aquí y el ahora.

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