Yo lector

Laxness, el genio desconocido

Juan Pablo Picazo

¿Conoce a Halldór Laxness? Si es usted uno de los afortunados que ante esta pregunta respondió si sin titubear, ya tenemos un avance, pero ¿le ha leído? ¿Sabe dónde nació? ¿La historia que le tocó conocer? Si todas sus respuestas han sido afirmativas, entonces la felicitación es obligada. Si es uno de quienes respondieron no, tampoco se inquiete demasiado; siempre hay posibilidades de conocerlo, pese a que su obra no ha sido suficientemente traducida al español o aunque al llegar a una gran librería los dependientes le digan que el tal escritor no existe y lo manden a corroborar el nombre.

Podría comenzar explicándole que este autor nació en Reikjavik, Islandia en 1902 y que los críticos lo consideran el autor más importante de esa tierra de poetas que son también pescadores y de granjeros con sangre aristocrática, una tierra en la que todos suelen ser artistas de algún modo y además son descendientes de reyes y héroes. Le podría contar que lo imagino en la eterna noche del invierno islandés sumido en la penumbra con la mano a la pluma bajo la luz de una vela o un quinqué; acaso más tarde ante la máquina de escribir bajo una lámpara eléctrica y quizá más, pues murió en 1998.

Para acreditarlo ante sus ojos debiera hablarle de Halldór Laxness como de una mente abierta, receptiva a todas las ideas políticas y religiosas; le contaría que fue agnóstico, protestante, católico y luego taoísta o le referiría cómo se aficionó a los movimientos de vanguardia como el impresionismo y el surrealismo, para al final decepcionarse y abdicar a todo ello. Pero no. No haré eso. Quizá mejor le enliste los premios que recibió, como el Premio de la Paz Stalin en 1952, el Danish Nexö Award and Sonning Award; entre muchos otros sin descontar por supuesto, el premio Nobel de Literatura en 1955. O podría contarle cómo optó por su propia visión del socialismo, una no dogmática, al contemplar en los Estados Unidos hacia 1929, la versión definitiva del contrastante capitalismo salvaje cuya severa crítica le valió la deportación a Islandia. Más tarde se preguntaría cómo esa incongruente nación se decía baluarte de la libertad.

Dramaturgo y novelista, ensayista y poeta, Laxness es reconocido sobre todo por su trabajo como novelista; sus obras Gente independiente (1935), Luz del mundo (1940), Paraíso reclamado (1960) retratan la Islandia que conoció no sólo en su aspecto cotidiano y externo, sino en la entraña de su historia, tradiciones y leyendas; a través de su trabajo muestra la universalidad de ese pueblo capaz de sobrevivir civilizadamente en pleno respeto a la naturaleza con un coraje tan imponente como el del pescador que retrata Ernest Hemingway en El viejo y el mar.

Este maravilloso escritor desconocido merecería que las editoriales rescataran su obra y la hicieran circular, es una de esas voces profundas e ilimitadas que resuenan en compañía de los más grandes; puede que sus personajes, Steinar, Bjartur de la Casa Estival, Alfgrimur y su abuelo Björn, se queden a vivir con usted irremediablemente como han hecho ya el Quijote, Ana Karenina y Cuasimodo de Nuestra Señora, entre otros.

Hay muchas lecturas posibles en este hombre que dota a sus textos con el poder de las antiguas sagas vikingas, según  la crítica; como la innecesaria presencia de los ideales burgueses en una nación donde todos, desde el rey hasta los campesinos, pertenecen a la realeza, como queda claro en Paraíso reclamado ante la visita del Rey de Dinamarca o bien, ante la actitud de Björn el pescador que ignora la ley de la oferta y la demanda y ofrece su mercancía siempre al mismo precio. No, los islandeses no son tan vulgares como para hacer la vida corriendo detrás del oro.

Crítico severo, narrador de fuerte impresionismo y hondo analista de su realidad, Halldór Laxness transitó por el mundo conociéndolo todo, preguntándose el por qué de las cosas con la inocencia de un niño y la autoridad de un erudito. Sus personajes encarnan una nación, la lucha del hombre con la naturaleza, la importancia de los ideales más allá de las personas, la importancia de las personas aún por encima de las dignidades que ocupan, la grandeza del campo, la de los caballos y los perros como fieles compañeros del hombre.

Hay muchos otros temas en la abundante obra de Laxness, si acaso lo encuentra, cómprelo, difícilmente se le presentará otra oportunidad en este país.

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