Onirosofía

La refugiada

Por Juan Pablo Picazo

En lo más profundo de su sueño Fátima siente que alguien se recuesta junto a ella. No necesita pensarlo mucho, la única persona capaz de asaltar así su cama es Daniela; ya desde pequeña amanecía a su vera si el frío o el miedo se le desataban. Quiere preguntarle qué hace en su casa ¿Se habrá peleado con Pedro? Porque desde hace un año vive con él y no tendría sentido sentirla a su lado si no fuera por eso.

No tiene idea de la razón por la que habrían reñido. Ambos parecen adolescentes alocados y no adultos. Van y vienen por inventando canciones para no olvidar el mandado que tienen en mente en lugar de hacer listas, como todo el mundo; o si las hacen pero también hacen canciones, se toman fotos con máscaras y sombreros ridículos y luego las publican.

Por lo demás, suponiendo que se hubieran peleado y ella estuviera ahí ¿Por qué mejor no se acuesta en su propia cama? Su habitación sigue ahí, intacta, al otro lado del breve pasillo. Capricho es, seguramente. No llega a preguntarle nada pues tiene mucho sueño. Otra sensación se abre paso ya que ha recuperado un poco la conciencia: debe ir al baño. Se levanta parsimoniosamente y sale de la habitación. El bulto junto a ella se remueve como en muda protesta por sus movimientos.

Es rarísimo, su mente parece como partida en dos. Hay un incendio en una tienda de barro y ella ha ido ahí porque le dijeron que el lodo de arcilla rosa de Cantabria es mejor que el lodo de tezontle para sazonar gelatinas imberbes y al mismo tiempo siente con nitidez la diablesarealidad.

En la pared que está frente a ella observa un cuarto lleno de gente angustiada que le demanda su ayuda. ¿Qué puede hacer? Ella sólo ha ido al baño, lo que pase en cualquier otra dimensión, realidad, visión o fiebre ajena no le incumbe; sin embargo los mira. Todas esas personas están hacinadas en un lugar muy oscuro y encerrado. Payasos, maestras, ejecutivos, cirujanos, secretarias, pasteleros, bailarinas y vagabundos conviven con los cuerpos casi fusionados en una angustia compleja.

Fátima camina como dormida, arrastra los pies y lleva las manos colgando a los costados mientras lucha por mantener la cabeza erguida; lleva los ojos casi cerrados y se balancea en cada paso. En la otra habitación observa a Fermín vestido con una túnica en blanco y azul, lo que llama su atención no es esa extraña presencia, sino que trata de esconder a su acompañante, un brillante ser vestido de blanco y rojo.

En el umbral se cruza con su hija, que camina toda envuelta en cobijas, como acostumbra las noches de frío, ni se le ve la cara, renuncia a preguntarle nada cuando la ve que ella también va al baño. Se olvida por un momento de Daniela, hace mucho frío y su cama la aguarda así que se recuesta mientras escucha los amortiguados ruidos del cuarto de baño mientras su mente se mueve en un laberinto de palabras, colores y formas inconexas que poco a poco van tejiendo una historia que olvidará cuando abra los ojos.

En algún lugar de su conciencia Daniela sigue por ahí moviéndose en la casa, ya se escucha aquí ya allá pero no está en paz, parece que busca algo. A ratos parece haber regresado a la calidez y la seguridad de la cama materna pero no está segura, Fátima solamente quiere dormir y nada la privará de su descanso, luego de haber cuidado a sus nietas varios días seguidos bien merecido que lo tiene.

Ahora que lo recuerda, aunque Daniela aún conserva su llave no podría abrir porque ella cierra por dentro ¿Cómo es que entró? ¿Y ese Pedro qué? ¿Cómo es que la dejó salir manejando a esas horas de la noche? Un bombero vuela montado en una baguette mientras se hace esas preguntas. Luego todo se apaga, el silencio de la casa regresa. Pedro la va a escuchar en cuanto aparezca, verá si no.

Otro movimiento en la cama. No es Daniela. Ya no está dormida junto a ella. El otro movimiento es al pie de la cama. Abre los ojos y una mujer vestida de negro y con sombrero de tules la mira desde donde está sentada. Fátima le busca los ojos, pero la llama de la vela que trae la induce al sueño de nuevo.

One thought on “Onirosofía

  1. Gloria 18 julio, 2013 / 11:29

    Que interesante forma de describir lo que llamamos sueño, realidad, muerte.

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