Incierta certeza

La puerta del granero

Por Luis Ernesto González

Entra un rayo de sol entre las tejas rotas.
Se rasguña de luz
la oscuridad de este tapanco antiguo.
Su noche perturbada por el mundo exterior.

Perdonará a mi mano la vejez de la puerta
que rechina.
Hiero a los fantasmas que callaban aquí,
cuando empujo los goznes.

Será, tal vez, mi mano,
un recuerdo para ella: el niño que jugaba
con la hermana y el primo. Risas y movimiento
que iluminaban la seriedad que ella debía guardar.
Cuando se iban los niños, el granero dormía.
La puerta se encerraba en sí misma.

Tantos años.

Hoy, luego de mi visita,
acaso pensará: Qué vieja es esa mano;
al tocar mi madera he presentido
cuántos fantasmas habitan su caricia.

Aco-jun2013 149

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