Entreluz

el

Un pie adentro

Por Alberto González Carbajal

Desde el inicio de mi incursión al mundo laboral he escuchado la expresión: “El chiste es que te dejen entrar”, esto refiriéndose específicamente a que cuando alguien contrata los servicios de una empresa o de un profesional, no importa el cómo y el cuánto sino sólo el estar presente: que el cliente conozca el servicio. Y ya adentro, entonces sí, moverse, conocer gente, apoyar con lo que no se pide pero que hace falta, y esperar el momento oportuno para recoger los dividendos.

¿Por qué les platico esto? Pues, porque este asunto de la reforma energética me suena de algún modo a eso; me suena a que la idea es aprobarla concesionando lo que sea necesario para que esto ocurra: a la derecha, diciéndole que sí a su propuesta de reforma político-electoral que permitiría la reelección de diputados y presidentes municipales (de inicio); y a la izquierda (por llamarla de algún modo), gestionándole su iniciativa para convertir al Distrito Federal en un estado con plenos derechos.

Sobra decir que el costo es muy sencillo de cuantificar: que digan sí o que no estorben para aprobar la iniciativa general, que hagan todas las rabietas necesarias, que se tiren del castillo de Chapultepec enrollados en la bandera, pero hasta ahí, y entonces sí, que los dejen cocinar en lo oscurito (como brujos del pasado) las leyes reglamentarias despectivas (digo, respectivas). El chiste es, como lo dije en un principio, entrar; tener el cheque en blanco. Lo demás es lo de menos.

Porque, fíjense ustedes que la iniciativa es muy explícita en su objetivo: habla de “Contrato de Utilidad Compartida”, es decir que no se trata de compartir el petróleo, el cual en estricta teoría sigue perteneciendo a la nación, sino de compartir la utilidad que se genera a partir de su refinamiento y/o comercialización, que es donde realmente está el negocio.

Han sido muchos años en los que, de manera sostenida, se ha debilitado a Pemex con una carga fiscal absurda que no deja nada para la reinversión. Otra fuente de debilitamiento es su sindicato corrupto, cuya más importante labor es mediocratizar (acabo de inventar esta palabra; no se espanten) la mano de obra, con una burocracia absurdamente gorda que no le permite ser una empresa ágil y eficaz. La estrategia es evidente y lleva años: quieren poner a Pemex al borde de un supuesto abismo para que la mano voraz de las multinacionales llegue a “salvarla” de la catástrofe.

Considero, y ése es únicamente mi punto de vista, que la solución es sencilla: convertir a Pemex en una empresa eficiente, aunque esto implique liquidar a mucha de esa burocracia inútil (si es que no se quieren capacitar y participar en otras actividades dentro de la misma empresa), de tal suerte que genere utilidades que se graven como las del resto de las empresas y que el excedente se invierta en investigación (vean el raquítico presupuesto etiquetado para investigación que tiene hoy el alguna vez boyante Instituto Mexicano del Petróleo), en refinación (donde está el verdadero billete) y en reconversión para transformar a Pemex en una empresa energética y no solamente petrolera.

Una empresa así generaría muchísimos más dividendos; tanto así, que no se notaría el cambio de régimen fiscal y además la riqueza generada serviría para crear más riqueza, que es lo que hace la diferencia en la economía de un país.

Y esto, por supuesto, sin que se tuviera que acudir a ningún tipo de capital privado, ni nacional ni extranjero. Por lo menos a mí me provocaría más orgullo saberme poseedor, como mexicano que soy, de una empresa eficiente y honesta que contribuye al desarrollo de mi país y no como actualmente, que sólo sirve para sostener la hacienda pública y hacer multimillonarios a unos cuantos fulanos.

Pero vuelvo al principio de este texto: lo importante es entrar. La mano negra de los que pusieron la lana para los votos de la elección del año pasado se está haciendo sentir. Están entrando. No se van a volver a salir. Es la hora de cobrar los servicios prestados durante la campaña presidencial. ¿O qué? ¿Pensaron que era “de a gratis” o que todo se hacía por la estética de lucir un lindo copetito?

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Angel Carlos dice:

    Estoy totalmente de acuerdo con el diagnóstico y la propuesta de solución que planteas en tu muy bien informado artículo.

  2. Gloria dice:

    Concuerdo con tu punto de vista. Sin embargo dudo que podamos como pueblo librarnos del desánimo o de la indiferencia sobre estos asuntos. Cuando nos llegue “el agua al cuello” ya estaremos dando “patadas de ahogado”.

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