Yo lector

Verne, el profeta que hemos olvidado

Por Juan Pablo Picazo

Pierre Jules Hetzel, editor afamado por su olfato para los buenos libros, escribió en 1863 a uno de sus autores más importantes: “Así fuera usted profeta, nadie creería hoy en su profecía…” luego de que el autor le ofrecía un nuevo manuscrito para su publicación. En dicho libro, Julio Verne, tal era su nombre, auguraba que la economía y las llamadas ciencias exactas gobernarían el mundo en el siglo que se avecinaba entonces.

El libro, que se titula París en el siglo XX,1 nunca fue publicado sino hasta 1994, y en él se perfilaba un mundo dominado por la ciencia, la tecnología y el dinero, a despecho de un humanismo en vías de extinción. Era, pues, un mundo donde ser poeta se castigaba con el deprecio social, el hambre y, a la larga, la muerte.

En este siglo XXI -que no deja aún de parecerse al XX-, cuando los millones de no-economistas que habitamos la tierra usamos cotidianamente palabras como inflación, ahorro, liquidez, capital, riesgo, costo y muchas otras semejantes; cuando la hoy llamada tecnología de frontera nos asombra y nos asusta; cuando la ciencia se acerca incluso a la posibilidad de predecir las enfermedades vía genética, vale la pena preguntarse si Verne estaba equivocado.

En su libro Amar en el extranjero, un ensayo sobre la seducción de la economía en las sociedades modernas2, Gerardo de la Fuente Lora, quien naciera en México en 1960, se hace esa misma pregunta pero desde la perspectiva que ofrece la filosofía, y explica cómo el ser humano creó la economía y ha llegado a adorarla al grado de permitirle que lo destierre del mundo tomando el control de todo lo que la civilización ha construido.

Hoy, en el contexto de la “convalecencia” de la que quizá fue la más desastrosa crisis financiera de la historia, de acuerdo con el libro de Gerardo de la Fuente la economía se ha enseñoreado de casi todo y hasta los políticos han renunciado a domeñarla porque sus asesores les recomiendan sujetar sus actos y decisiones a lo que las condiciones del mercado dispongan, con el resultado que ahora experimentamos.

Gerardo de la Fuente Lora es doctor en filosofía y ha sido ganador de la medalla Alfonso Caso en 1998, ha coordinado la licenciatura en filosofía de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) y ha sido investigador del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM). En su extenso ensayo -309 páginas- la economía se da a la tarea de cautivar a los seres humanos con sus múltiples misterios, su intrincada terminología -sólo entregada del todo, pese a lo que conocemos de ella, a los iluminados, a quienes solemos llamar economistas- y, por supuesto, su magia rectora, que hoy construye imperios transnacionales y devasta naciones.

La seducción de la economía, dice el autor, se logra merced a complejos sistemas filosóficos, nacidos de un entreverado amasijo de verdades e ilusiones, tal y como hacen las religiones. Decir hoy que el hombre es un animal político, un animal religioso, un animal poético o una animal social, ya no parece encajar del todo en nuestra realidad. El homo economicus domina la tierra o…, más bien, la habita al amparo de la economía. ¿Hasta dónde puede llegar el dominio de la economía en el andar del tiempo?

En el libro de Julio Verne, el último poeta de la tierra, Michel Jeròme Dufrènoy, vive horas de indecible angustia cuando desempleado, despreciado y arrojado al olvido agota su última ración de pan de carbón o pan de los pobres durante un invierno particularmente desolador. Ya antes se había dado el siguiente diálogo entre él y un par más que quedaban de su misma especie:

Mi querido Jacques ―dijo Quinnsonas―, presentándote a Michel Dufrénoy he querido que conocieras a un joven amigo que es de los nuestros, uno de esos pobres diablos a los que la sociedad niega el empleo de sus facultades, una de esas bocas inútiles a las que se echa el candado para no tener que alimentarlas.

¡Ah, entonces el Señor Dufrénoy es un soñador! ―observó Jacques.

¡Un poeta, amigo mío! ¡Y yo te pregunto ¿qué ha venido a hacer a este mundo, donde el primer deber de todo hombre es ganar dinero?!

Evidentemente ―prosiguió Jacques― se ha equivocado de planeta3.

Hasta el día de hoy, la filosofía, las letras y las humanidades caben en el mundo a pesar del desalojo del hombre y la entronización del dinero. Mientras tanto, la economía es una diosa en torno a la cual diversos grupos ensayan su interpretación de la verdad divina, del mismo modo que hacen las decenas de denominaciones judeocristianas de las mismas escrituras.

1 Verne, Julio, París en el siglo XX, Planeta, México, 1995, pp. 228
2 De la Fuente Lora, Gerardo, Amar en el extranjero, un ensayo sobre la seducción de la economía en las sociedades modernas, Media comunicación, pp. 309
3 Verne, Julio, Op. Cit. p. 92-93.

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