Cosas pequeñas

El hombre del bombín

Por Anayansi Zozaya

a donde quiera que el destino decida llevar a un hombre,
siempre estará protegido por el elíxir de la belleza
.

René Magritte

Podría ser simplemente un hombre de traje negro usando sombrero. Pero las cosas nunca son simplemente.

El bombín complica todo. Hace de cualquier hombre, un hombre específico: se dice que el hombre moderno. Un ser preferentemente masculino (la modernidad es masculina), con una vestimenta pesada (la modernidad es como el plomo) y con la cara en la sombra (la modernidad es más bien algo colectivo, un conglomerado). El hombre de la modernidad es, pues, borroso y posee (si acaso) un alma metálica. Es un hombre de ciudad. Es el burgués insignificante y anónimo. Es aquel que está perdido en la multitud. El que se conforma y uniforma. El que carece de identidad. Es el nadie multiplicado. La criatura impersonal. El fantasma. El sujeto de contornos difuminados. El miserable. El mediocre. El insípido. Un personaje acartonado (metálico, dijimos), con una sola faceta, sin matices.

¿Es esto posible?

Quizás sea Chaplin uno de los primeros en responder que no. Él desmantela el estereotipo del hombre moderno y su forzada carga social. Chaplin propone, antes que nada, una contradicción visual: la vestimenta es, arriba de la cintura, la de un burgués, hecho y derecho, pero de la cintura para abajo es exactamente la de un payaso. Chaplin sugiere así, una contradicción, no sólo social sino incluso existencial del personaje. Pero lo que me interesa es lo lejos que llega Chaplin. Él otorga a esta figura en blanco y negro un valor estético. Su arte consiste en una “narrativa del trabajo fragmentada en momentos de gracia”. Chaplin nos refiere a un doble mundo, el de la vida y el arte. Nos muestra que incluso en lo más cotidiano y gris (o en el blanco y negro), en lo que hemos clasificado de tal o cual manera, hay misterio y paradoja.

René Magritte acaba de precisar la propuesta de Chaplin descalificando por completo la interpretación convencional de que el hombre del traje de negro con su bombín sea solamente una figura social. Magritte se hace una pregunta importantísima: ¿Qué esconde en la superficie, respecto de lo que habita en su parte más profunda, una persona? De hecho, para el antes publicista, igual que para Chaplin, no hay posibilidad de un adentro y de un afuera porque ambos existen para nosotros simultáneamente. El hombre del bombín ejerce una fascinación en ambos artistas precisamente por lo que se encuentra reservado y proyectado en él al mismo tiempo.

Si pensamos en aquella obra de Magritte que representa una pipa y que detenta la leyenda: “esta pipa no es una pipa”, se simplifican las cosas. El hombre del bombín no es sólo el hombre del bombín. No es tan sólo el emblema de una época en la que se imponen la lógica y la razón. No es un vil maniquí producto de un periodo determinado. Este hombre convencional no es un hombre convencional porque justo del bombín, como un mago, puede exhumar una vida oscura. Para el artista, lo llamado convencional oculta algo que no es nada convencional: la vida de cada individuo.

Defiendo al hombre del bombín porque su tenacidad estética es evidente; y a pesar de ello hemos preferido objetivarlo, analizarlo, interpretarlo, desmenuzarlo y juzgarlo. Hemos sido modernos y hemos desaprobado esa modernidad.

Hay un peligro inminente en aceptar disposiciones lógicas y simples. El riesgo consiste en atrofiar, por siempre, esa otra cualidad burbujeante del hombre, ya sea moderno o prehistórico, de conmoverse con la belleza de lo cotidiano. La seducción de los ojos es la más inmediata. Pero es el enigma, la incógnita, hasta el sinsentido, el que perturba, el que nos afecta de tal manera que no podemos evitar enternecernos hasta con el alma (más que nada con el alma) cuando, por ejemplo, recordamos a Chaplin. El hombre del bombín.

A mí me parece una incógnita bellísima.

2 thoughts on “Cosas pequeñas

  1. Juan Antonio 7 octubre, 2013 / 17:57

    Una incognita…. que nos lleva a otras… buen ensayo 🙂

  2. Angel Carlos 5 octubre, 2013 / 13:41

    Felicidades por este sustancioso ensayo.

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