Noctívago

Impresentable

 

Por Juan Pablo Picazo

 

Saltan los acordes

de una vihuela acontecida,

ignorada por diez ventanas

y un ángel que lloraba

sus blancos cielos extraviados.

 

Así me describió

quien no dijo mi nombre,

sólo porque no supe pronunciar gracejos

como los que estilan

damas y caballeros

en altas recepciones y palacios.

 

Cierto es que tampoco

sé los secretos de la moda

y menos los modales necesarios

para medrar bajo tiernas lámparas

de cristal cortado.

 

Soy pues impresentable,

mis pensamientos rasgan las alfombras

y temo que mis palabras

ensucian las ventanas, aunque no lo quiera.

 

No siempre así,

tiempos hubo en que destacaba,

origen de silencios expectantes

y risas contenidas esperando el estallido

al acorde de mis bellos discursos.

 

Luego uno entiende el mundo:

las cosas pierden su choerencia

y se precipitan las verdades

en olas concéntricas

dejando la relojería desnuda

tras la piel del universo.

 

Y uno se vuelve impresentable

y aprende la paciencia

y resiste la vista de los tubos, las manijas,

y desoye el tic-tac omnipresente

y se mueve por el mundo

como si todo fuera como siempre.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Gloria dice:

    Benditos los impresentables que están más allá de las modas y nos regalan su propia voz.

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