Noctívago

Interminable

Por Juan Pablo Picazo

 

En el oleaje de tus venas

aprendí la música de todas las cosas

y con ella ejecuto las danzas quietas

del viaje que tus pasos me regalan.

 

Se llama amor me has dicho

y en tus lecciones me cuentas

que no tengo más nombre que ese sustantivo

común y desgastado,

pero es lo que me devuelve la humildad

de ser entre los otros seres

y hablar su mismo idioma.

 

Junto al mar,

al pie de una montaña,

en las ruinas de una ciudad

que cada día pierde piedras nuevas,

me has recordado que soy para la muerte,

y tus besos me hacen eterno

de una tarde a un cerro,

de una taza de café

a la siguiente carretera.

 

Renazco de mis cenizas entre tus brazos

y escribo para desintoxicarme

de habladurías, avideces y ambigüedades

luego soy de nuevo el hombre de la calle

dispuesto a la combustión renovadora.

 

Si bien te reescribo con mis ensoñaciones,

no te alejas nunca de esa voz

con que me consumas.

 

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2 comentarios sobre “Noctívago”

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