Incierta certeza

Con la fe del labriego

Por Luis Ernesto González

Lego a la lluvia
y su susurro
esa lejana lágrima
que debería ahora mismo
resbalar en el vidrio
—terrible vidrio
horizontal—.

Ni siquiera sabemos
si es eterna la Muerte.
No te sientas tan plácido
en tu sitio.
Te transformará
el fuego o el gusano de tierra.

O el Amor.

Y en otras manos,
tu caricia;
en otro rostro,
la palma de tu mano
que lo enmarque;
en un agudo oído
de quien no te oyó nunca,
tu voz hecha de viento
y Bach y Buxtehude;
en otro patio penumbroso,
un lector del silencio.

Y en este amor
a la vida y sus muertos,
a José Emilio,
cita por fin cumplida del misterio;
a mi hedonista tío,
a mi tío más austero,
al amigo pintor de paleta saqueada,
a mi amigo
del vuelo de los pájaros
y tan madrugador,
a mis abuelos
—cafecito, vermouth,
parkasé, anclaje en la frontera—,
a mi Yaya y su chal
abierto
de cuna y nebulosa.

Sea en el amor.
Sea en el amor, amada.
Llegue la lluvia y sea
esta lágrima huérfana
quien encuentre, terrible,
la horizontal ventana,
perfore
la rendija
de los renacimientos
y nutra y restablezca
el atril de la luz.

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5 comentarios sobre “Incierta certeza”

  1. Hasta hoy he leído tu poema bello y profundo y mis lágrimas se unen a tu lágrima huérfana anhelando que se logre perforar la rendija que restablezca el atril de la luz.

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  2. Este poema que adivino surgido en un solo instante es de lo mejor, gracias eternas por ese sentimiento que me parte y me hace la noche llevadera.

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