Entreluz

Un largo y bello suspiro

Por Alberto González Carbajal

¿A ustedes les gusta suspirar? Muchos me dirán que quién sabe, ya que los suspiros normalmente son involuntarios y casi siempre (nueve de cada diez, según un sesudo estudio de la Universidad de Oslo, publicado en el Scandinavian Journal of Psychology, número 49) responden al estrés y a la frustración. Pero ese otro suspiro, uno en diez, el que se desbalaga con deleite, es una respuesta a un evento alegre. Sea cual sea su motivación, en todos los casos es una herramienta que tiene nuestro organismo para darle reset al cuerpo; digamos que es un golpe de timón interno.

Con esta introducción aspiro a explicar, en alguna medida, el asunto que les voy a platicar a continuación: Tuvo a bien la capitana Nenetiti cumplir 15 años y, ¿saben una cosa? ¡Sigo sin creerlo! Porque, tal como lo indica el título de este texto, cuando ella llegó se inició un suspiro que apenas concluye con este evento.

Cuando este mágico ser arribó a vida de la mujer de mi vida y la de su seguro servidor nos encontrábamos tratando de seguir el hilo de una vida en pareja que cumplía dos años y, después de todo este tiempo (en que nos la pasamos en una larga y deliciosa luna de miel), pues, como que ya era hora de ponernos a trabajar. Tomamos aire (y al soltarlo suspiramos, pues) y nos pusimos en acción porque ya había que darle de comer (y de vestir y educar y un largo etcétera que se resume a: cuidar y amar) a alguien más que no podía valerse por sí misma, que se parecía a nosotros y que desde pequeñita nos prodigaba con belleza, ternura, angustia, alegría y demás cosas que vienen incluidas en esto de la paternidad.

Al ser la primera, tuvimos que aprender al vuelo todas esas cosas que nadie te dice (por alguna razón que debe parecerse al egoísmo) sobre cómo criar chamacos (porque, para enseñarte a crearlos… sobran las clases; hay hasta gratis). Estábamos atentos a todos sus movimientos, conteníamos la respiración para escuchar la de ella (como cuando estás a la mitad de un suspiro), aprendimos a detectar cualquier variación, por mínima que ésta fuera. Una interrupción de un nanosegundo en su ritmo normal nos provocaba taquicardia; un estornudo, desazón espiritual, y por una calentura casi nos poníamos a gritarle a Dios. Pero qué se le va a hacer, uno aprende a la mala esas cosas de la sobreprotección; podría escribir un tomo del tamaño de la Sección Amarilla sólo con las anécdotas más importantes que nos pasaron con nuestra primogénita.

La parte más importante es que nos hemos ido graduando a la par, nosotros como padres y ella como hija, lo cual nos convierte, de algún modo, en aliados, cómplices y amigos, todo esto basado en una fuerte confianza mutua. Nuestro amor nunca tiene una pizca de duda.

En la parte actual del aprendizaje descubrimos juntos que en este mundo, o por lo menos en nuestro pequeño universo familiar, ya no funcionan las princesas que esperan en el castillo a que el príncipe azul las rescate del dragón; en primer lugar porque hace mucho tiempo que se descubrió que las monarquías son sólo adornos cuya utilidad… la verdad es que no es mucha; y en segundo lugar porque también se reveló hace tiempo que ellas pueden derrotar solitas a cualquier dragón que se les ponga enfrente. Entonces, lo que tienen que hacer es dejar de lado la tiara y el vestido ampón y ponerse ropa cómoda para aprender a manejar las armas y los escudos que las protejan (aclaro que lo digo de manera metafórica… a veces). En suma, deben dejar de ser un poco princesas para tornarse más guerreras; de otro modo no pueden, no digamos crecer, sino simplemente sobrevivir.

La última parte del suspiro ocurre cuando se exhala el aire contenido y se recobra la claridad para ver la imagen del entorno. Es en ese lugar donde me encuentro ahorita, descubriendo que han pasado 15 años desde que me di cuenta que un ser absolutamente nuevo había llegado a mi vida… para quedarse toda la vida. Parafraseando/citando a Antonio Carlos Jobim: “Son las aguas de marzo cerrando el verano (en mi caso, mi invierno), la promesa de vida en tu (en mi) corazón”.

Y con esa musiquita rondando en el aire, como un suspiro, les comparto este videíto que me tomé la libertad de hacer. Espero les guste.

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4 comentarios sobre “Entreluz”

  1. ¡Linda historia y muy linda tu quinceañera! Espero poder verlos a todos por estas tierras, muy pronto 🙂

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