Yo lector

Efrén Rebolledo, dandy sicalíptico

Por Juan Pablo Picazo

Piense por un momento que usted es un poeta. Es usted uno de los más grandes de su tiempo sino el mayor y, sin embargo, no se siente a pleno gusto en su propio siglo y en su propia tierra. Imagine también que la musa lo fustiga con látigos flamígeros y le insta a tomar la pluma y volcar en el papel el fuego más desnudo y dulce que autor alguno haya impreso de su puño, y que luego su obra sea vista, en el mejor de los casos, con cordial reserva, pero también con prudente silencio y hasta escandalosa diatriba que no obstante fuerte, efímera.

¿Qué se hace ante tan majadera incomprensión, como diría Silvio Rodríguez? Charles Baudelaire, el mayor dandy de los franceses, despreció e ignoró a su siglo además de retratarlo con crueldad en su obra; Óscar Wilde, el dandy de los ingleses, usó y abusó de su genio para hacer patente la imbecilidad del mundo que le rodeaba; Efrén Rebolledo, dandy entre los mexicanos, guardó silencio y se guardó a sí mismo su refulgente obra sicalíptica.

Nacido el 8 de julio de 1877 en Actopan, entonces ─¿y ahora?─ una de las comunidades más pobres del estado de Hidalgo, Efrén Rebolledo fue abogado, escritor y diplomático y al fallecer en plena embajada el 10 de diciembre de 1929, dejó al mundo una docena de libros, la mayoría prácticamente desconocidos en nuestro país, no obstante que ciertas piezas de su extensa obra se antologan aquí y allá y son popularmente recitadas, y a veces, sin que el nombre del autor se consigne, como en el caso de su soneto titulado “Ausencia”: Mi corazón, enfermo de tu ausencia,/ expira de dolor porque te has ido/ ¿en donde está tu rostro bendecido?/ ¿qué sitios ilumina tu presencia? Lo más seguro es que lo reconozca, figura en el popular 50 poesías famosas de una nimia editorial que, dicho sea de paso, con más coraje que las grandes casas, ha sabido colocar sus ejemplares incluso en el transporte público y los mercados.

La bibliografía de Efrén Rebolledo puede resumirse así: El enemigo, novela publicada hacia 1900; Cuarzos, poemario de 1902; de 1903 data Más allá de las nubes (narrativa); Hilo de corales, poesía, escrito hacia 1904; Joyeles, poesía y Estela, más poesía, ambos en 1907, año en que también aparecen sus Rimas japonesas; el poemario Hojas de Bambú, publicado hacia 1910; Caro Victrix (carne victoriosa), fogoso libro de sonetos aparecido hacia 1916, mismo año en que aparecen también su novela Salamandra, Nikko y El desencanto de Dulcinea, así como su única obra de teatro conocida: El águila que cae; en 1922 publica Joyelero (poesía) y Saga de Sigfrida la blonda (narrativa).

De esa extensa y casi ignorada obra, resalta Caro Victrix1, su también llamado Libro de loco amor en el que ensalza el amor carnal invocando a personajes como Safo de Lesbos, Trsitán e Isolda, San Antonio y el Duque de Aumale. En este poemario, Rebolledo aborda temas como el deseo, la tentación, la homosexualidad, la soledad incendiada por el recuerdo de lo que las pupilas han gustado y la torpeza que se ha dado en oponer al sexo con las tinieblas.

¿Ha probado alguna vez uno de esos dulces de sabor intenso y muy profundo que una vez agotados dejan un agrio sabor de boca? A veces eso pasa cuando uno lee y al mismo tiempo, se renueva en uno el deseo de otro bocado semejante. Con Efrén Rebolledo pasa lo mismo, uno lee sus poemas de fuego y luego tiene la boca, las manos, el corazón helados y con un deseo salvaje de un soneto más.

Para muestra, un botón, uno de oro: InsomnioJidé, clamo, y tu forma idolatrada/ no viene a poner fin a mi agonía;/ Jidé, imploro, durante la sombría/ noche y cuando despunta la alborada.” “Te desea mi carne torturada,/ Jidé, Jidé, y recuerdo con porfía/ frescuras de tus brazos de ambrosía/ y esencias de tu boca de granada.” “Ven a aplacar las ansias de mi pecho,/ Jidé Jidé, sin ti como un maldito/ me debato en la lumbre de mi lecho;” “Jidé, sacia mi sed, amiga tierna,/ Jidé, Jidé, Jidé, y el vano grito/ rasga la noche lóbrega y eterna.”

A la luz de estos versos, resulta inevitable preguntarse cómo es que el mundo de su época lo relegó al olvido, Jorge Cuesta, en su polémica Antología de la poesía moderna mexicana3, dice: “Efrén Rebolledo ─quien desde hace tiempo dedica sus actividades a la diplomacia─ es uno de nuestros menos conocidos pero más valiosos poetas. Su obra, concebida dentro de un raro ideal de expresión erótica, podría comprarse con una parte muy admirada de la del argentino Lugones. Un paralelo entre los Doce gozos y los doce sonetos de Caro Victrix, sería fecundo en perspectivas críticas para la definición de Efrén Rebolledo.”3

La obra de este mexicano universal no puede clasificarse, aunque ha sido considerado decadentista, escritor del art noveau, modernista y romántico tardío, entre otras linduras. De todo ello tiene y más, sus imágenes incluyen alquímicas salamandras, fantasmagóricos cisnes, vampiros, lo mismo que el mármol y el nardo, los mirtos y el marfil, la santidad y lo escultórico. Aún más que eso, Rebolledo era un conocido amante y estudioso de las culturas nórdica y japonesa, entre otras de las muchas que sus misiones diplomáticas le habían permitido conocer.

Contemporáneo y amigo de Ramón López Velarde, y Enríque González Martínez, leer a Efrén Rebolledo, su críptica Salamandra o su emblemático Caro Victrix, es dar un sonoro y rotundo sí a la vida. “Posesión”: Se nublaron los cielos de tus ojos,/ y como una paloma agonizante,/ abatiste en mi pecho tu semblante/ que tiñó el rosicler de tus sonrojos.” “Jardín de nardos y de mirtos rojos/ era tu seno mórbido y fragante,/ y al sucumbir, abriste palpitante/ las puertas de marfil de tus hinojos.” “Me diste generosa tus ardientes/ labios, tu aguda lengua que cual fino/ dardo vibraba en medio de tus dientes.” “Y dócil, mustia, como débil hoja/ que gime cuando pasa el torbellino,/ gemiste de delicia y de congoja.” Atrévase a leerlo, difícilmente encontrará erotismo más fino.

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1 Rebolledo, Efrén Salamandra ─ Caro Victrix, Factoría ediciones, Colección La serpiente emplumada, no. 2 pp. 128 México, segunda edición, 1999

2 Cuesta, Jorge Antología de la poesía mexicana moderna, colección Lecturas mexicanas, primera serie, no. 99, SEP-Cultura, Fondo de Cultura Económica, México, 1985. pp.247

3 Cuesta, Jorge Op. Cit. p. 89.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Gloria dice:

    Gracias por presentarme a ese estupendo poeta de tan fino erotismo.

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