Noctívago

Indigestible

Por Juan Pablo Picazo

 

Conviene resistirse

con todo a la belleza:

requiebro del camino, cerrar los ojos,

esconder incluso el tacto,

el gusto y las orejas.

 

La belleza acecha

con tentaculares celadas

reptando en el paisaje

y nuestras casas.

 

Y uno siempre se descuida,

y ya es tarde

para cuando regurgita adaggios,

mira los versos creciéndole en la piel

y encuentra el mundo

trazado a la manera impresionista,

ya es muy tarde si además

enmudece en la contemplación

y canta.

 

Entonces el miedo inmoviliza,

atraviesa el corazón

y viene la muerte

a recordarnos

quiénes somos,

pero no es ella quien nos duele

lo que nos asusta es la eternidad

viviente en las cosas fugaces que somos.

 

Ya inmóviles entonces,

los tentáculos nos llevan

a la luminosa boca de la belleza,

donde seccionados, desgarrados y triturados,

somos una papilla apenas

con una sola gota de conciencia,

y nos apagamos.

 

Abrimos los ojos después

en una resurrección doliente,

y enfrentamos el mundo

con sus horrores nuevos y devastadores,

con su ácida grisura,

hasta caer de nuevo en la trampa.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Gloria dice:

    Sin duda la sensibilidad es fuente de dicha y de pesar para el artista o el filósofo.

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