Incierta certeza

Ecos de adolescencia

Por Luis Ernesto González

Otra vez, hermano,
la calle callada
tras la lluvia súbita
sobre el empedrado.

Desde tu ventana
que daba a mi casa
—mas cómo saberlo—
mirabas la última
prudencia del viento.

Tu vela encendida
—yo encendía la mía—
fe multiplicaba;
espejo del charco
con luz respondía.

La calle —río abajo—
era una cascada
de ecos y esperanza.

Canto de Di Lasso,
respondía al instante
—alma, tu equipaje
de vitral opaco—.

Todo coincidía
con la geografía
de tus cicatrices
y de tus ocasos.
Prólogos felices.

Pero éramos jóvenes.
Torpe, la tristeza,
buscaba nostalgias
sin tener pasado.
Todo ya lo tienes.

Un destino amargo
que ambos inventábamos
nos reveló, en cambio,
la vida en belleza;
llanto compartido,
panes y sonrisas.

Sueño de una calle
de piedra y llovizna.

Bebimos el alma,
su tono, su vino
que nos dio la vida
por consagración.
Era tuyo el don.

Y otra vez la calle,
la calle callada.
Ahora la recorro,
con mi bienamada,
como aquella tarde
con nuestros fantasmas.

Ella, constelada,
me toma del brazo.
Camino asombrado
y amo cada paso.

La tarde se apaga.
Caminamos tanto
luego de la lluvia,
que le habla de ti
y de tu ventana
—que daba a mi alma—.

Otra vez, hermano
tu vela me guía,
—lluvia, tu partida—
por el empedrado.

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3 comentarios sobre “Incierta certeza”

  1. Torpe, la tristeza,
    buscaba nostalgias
    sin tener pasado.
    Qué bello. Recuerdo muy bien todavía ese sentimiento que embargaba a veces en la época estudiantil.
    Un abrazo.

    Me gusta

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