Noctívago

Irrefrenable

Por Juan Pablo Picazo

Ni tiene nombre,
ni tiene reglas
pero igual es un juego,
aunque
podría
llamarse vida
o muerte,
pues dicen haber descubierto
que lo uno no es
si no es lo otro.

Los jugadores son orgullosos
y forman feroces equipos:
cooperan unos con otros
en armónica búsqueda
para su legendaria extinción.

Los llaman humanos,
porque buscan
su eterna residencia
en el humus.

No quieren ser víctimas,
se previenen contra el desastre,
son artistas
que manufacturan heladas
y borran especies,
espectaculares ebanistas
que engendran desiertos
y culpan a dioses añejos.

En tanto se apagan,
barren especies probando
cada apocalipsis que sueñan,
y hablan de paz en la tierra.

Los he visto,
y me duelen,
pues son yo y otros
amados y aborrecidos,
dormidos, despiertos.

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