Cosas pequeñas

Por una contracultura de la belleza

Por Anayansi Zozaya

La belleza física, que fue para Miguel Ángel
la forma de liberarse de una alienación, es ahora
la forma por excelencia de alienación contemporánea.

Rafael Gumucio

 

Conforme las parejas iban llegando, seguían una especie de regla tácita: los hombres se dirigían a un lado y las mujeres al otro. Los hombres, a hablar cosas de hombres y las mujeres —desde luego— de mujeres (¡!). Junto a mí se sentó una rubia de cabello larguísimo, de facciones delicadas y (faltaba más) con un cuerpo esbelto donde debía ser esbelto y voluptuoso donde tocaba. Muy sociable yo, le pregunté a qué se dedicaba. Su respuesta dio lugar a este ensayo.

—Me dedico a la belleza— dijo —. Me hago masajes, tratamientos, practico ejercicio, tomo cursos de maquillaje, investigo qué está de moda, me cuido las uñas, a veces he tenido que hacerme algún arreglillo (absolutamente necesario) porque, por ejemplo, de repente se me desvió el tabique de la nariz; voy con una nutrióloga, tomo mucha agua, pago clases de relajación, la cabina de bronceado, me pinto el cabello y, sobre todo, busco mantener mi estilo.

¿Era, esta mujer, hermosa? La pregunta valdría si estuviéramos hablando realmente de belleza. Pero el tema es claramente otro. Así que ahorrémonos la discusión.

Respecto al tema de la belleza femenina hay mucho que no está bien. (Ya lo denunció detalladamente Naomi Wolf en su libro The Beauty Myth.) La belleza femenina es considerada tal si se apega a la imagen estándar o lo que yo llamaría una belleza oficial: el cuerpo oficial, la cara oficial, la vestimenta oficial. Todo se reduce a complacer la fantasía oficial (del hombre).

Nuestra sociedad ha creado una ficción, una ilusión, justificada por la teoría evolutiva de las especies, que se ha materializado en una verdad absoluta en la que se reduce a la mujer a un estereotipo de imagen hermosa. Lo grave es que incluso la mujer o, más que nadie, la mujer, ha quedado atrapada en esta “verdad” rígida y cruel.

Esta ilusión prescribe un ideal visual de juventud y perfección que se vuelve repetitivo, anónimo y aburrido. Esta “belleza” estereotipada es explícita y puramente sexual. Es burda, obvia, vulgar, incluso violenta. No es seductora, ni sutil, ni sensual. No está oculta. No hay que descubrirla. No está en los detalles, ni en la diferencia, ni en lo especial. No es complicada. No sabe jugar. Es ignorante, material, rígida. Es predecible. Puede comprarse. Se basa en un molde. Encaja perfectamente en el sistema. Es un tipo de cambio.

Desde niñas se nos enseña que las cosas maravillosas sólo les suceden a las mujeres “hermosas”: las princesas. Las hermanastras feas, las madrastras viejas, las brujas que espantan acaban pagando muy caro el no haber sido hermosas. Desde entonces, sin que lo notemos, aprendemos que el paso del tiempo, las facciones diferentes, el color de cabello incorrecto, la figura “desproporcionada”, son defectos que nos restan oportunidades en el mundo. Es decir, aquellas características que hacen a una mujer única e irrepetible en realidad son fisuras del molde.

¿Por qué aceptamos las mujeres tan fácilmente esta falacia? ¿No nos hemos dado cuenta, aún, que ningún concepto es independiente? ¿No sabemos, a estas alturas, que la “realidad” es una creación generalmente colectiva e incluso política? ¿No sentimos, todavía, la violencia que se comete contra nuestras identidades que son reducidas a meras copias y diseñadas de manera casi informática y publicitaria? ¿No es la belleza física justo lo opuesto a lo que hemos convenido: “una excepción, una gracia regalada por el capricho de un dios”?

Si hemos de escoger una ficción, ¿no hay otras que nos convienen más? ¿Unas, infinitamente más divertidas?

3 thoughts on “Cosas pequeñas

  1. juanjschmittersoto 2 julio, 2014 / 12:03

    Qué absurdo, culpar a la teoría de la evolución de los estereotipos culturales. Marilyn Monroe era el estándar de su época, hoy sería “gorda”. ¿Qué tiene eso que ver con las ideas de Darwin y Wallace? Es pura moda.

  2. Gloria 29 junio, 2014 / 14:31

    Creo que la mayoría de las mujeres no hemos entendido qué es la libertad, rompemos unas cadenas para ponernos otras. Me encanta tu escrito.

  3. Angel Carlos 28 junio, 2014 / 12:39

    ¡Muy bien dicho!

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s