Noctívago

Inalienable

Por Juan Pablo Picazo

Serviré esta noche un banquete con mis versos,
atenderán la invitación unos pocos distraídos
y yantarán con algún desgano
mi ofrenda, de sus cubiertos al servicio.

Los demás, los muchos, los que hacen fiesta
de la nimia sal guardada en los relojes,
esos como siempre me privarán de su lectura,
pues mi ritmo no les acusa delectación alguna,
ni mis temas promesa de placer placebo.

Mis sopas de sombra alejandrina,
mis salsas de verso blanco y vino seco,
se momificarán en impublicados libros
esperando generaciones de lectores
con voz hambrienta y ojos verdaderos.

Tampoco degustarán los delicados postres:
no se cortarán los pasteles de aliteraciones,
ni se convidarán los confites del hipérbaton,
acaso todo sea un incomible amasijo de razones
para quienes por malquisto tienen mi embeleso.

Yo seguiré sembrando
mis luces de vocablos luengos
y mis platos de frescas lumbres:
un lector habrá, una lectura
será
el aderezo, la sal,
la única voz agradecida.

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2 comentarios sobre “Noctívago”

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