Noctívago

Imprevisible

Por Juan Pablo Picazo

Quieto acontezco,
cae mi amor
sobre
la madre en ciernes
que teje en silencio
sonrisa, anhelo
y confianza.

Mi caligrafía
traduce
en tremor y aliento,
la esperanza cierta
y el futuro siempre ignoto
y deseado.

Mi relevo diminuto adviene
pateando fuerte,
con ansias
de extender el cuerpo
más allá del amado vientre
que le guarda.

No pienso heredarle
mi silencio,
sino el bullicio
guardado entre mis títulos
y mis finales puntos.

Cuando enuncie
su llanto primero,
el hombre pequeño
iniciará su tránsito
para dominar las lenguas
del poeta
y la filósofa.

Hijo de nuestros
entreverados versos,
escribirá
con gritos,
asombros y carreras,
su propio libro
acerca de la vida.

Mi exaltación
se espesa
ante la magia
que le urde,
revela
mi absoluta
ineptitud
ante la sabiduría
escrita en esas células
a las que nada nuevo
podré enseñar.

Y su voz será
sorpresa,
signo de interrogación
y le daré
las respuestas
mejores
para que edifique
un mundo
a su imagen
y bienaventuranza.

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. yocoto dice:

    Pablo! me encantó, hasta ví las pataditas, los quiero, aquí estoy pendiente de ustedes.

  2. Cristina González dice:

    ¡Qué hermoso! ¡Muchas felicidades!

  3. Gloria dice:

    Tu poema es amoroso y esperanzador. Ojalá herede el gran amor a la literatura.

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