Cosas pequeñas

El bosque petrificado

Por Anayansi Zozaya

Es posible volverse de piedra.

Primero va calando un frío glacial. Un frío que desconocíamos, que ni siquiera imaginábamos.

Bloques enteros de hielo se descongelan a costa nuestra. Nos alcanza una sustancia helada. Comienza una calma blanca.

Somos derribados, arrasados. Nos vamos resbalando a otros paisajes. Cada vez más lejos de nuestro bosque encantado.

Y en un sitio ajeno a nosotros (ya no bosque), comenzamos a aspirar un elemento que es muerte. Lentamente, nos vamos haciendo rígidos.

Ya hemos perdido nuestras hojas. Ni qué decir de nuestros frutos. Nos quedan algunas ramas. Y se vuelven rocas. Pesan tanto que se desprenden. Caen con estrépito al suelo, pero no se rompen. Ya son piedras.

Luego todo. Nuestros cuerpos, nuestros órganos (antes tan delicados), las raíces.

Y caemos, como rendidos, para descansar eternamente en el valle sin vida. Nosotros, que alguna vez fuimos árboles.

Permanecemos recostados. Ya no sentimos nada. Somos ausencia.

Se suponía que la vida iría ganando ímpetu, pero ahora somos piedras que fueron árboles. Un bosque petrificado.

 N.B. El bosque existe.
Puede visitarse en Damaraland, Namibia.
La historia es contada por los árboles mismos.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Gloria dice:

    Terribles y dolorosas palabras: “Ya no sentimos nada. Somos ausencia”. Ojalá no sea ese el destino de la humanidad.

  2. Angel Carlos dice:

    ¡Preciosa descripción de una yerta agonía!

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