Incierta certeza

El rescoldo del miedo

Por Luis Ernesto González

Y descubres que un día vas a morir.
El imperio de tus vanidades
caerá sin hacer ruido.
Poco a poco te cubrirá el polvo.
Nunca habrás existido para los que aún no nacen.

Rompe tu primer miedo,
desnúdate ante ella,
ella,
la Muerte.

Deja que te traspase la luz que un día serás.
No tu cuerpo, él presiente gusanos o cenizas.
Mas puede ser rescoldo.

Sea cascarón tu cuerpo y dé a luz a tu luz.

Cuando, amada, en tu abrazo
asoma el infinito, estalla el corazón
y sonreímos,
no para continuarnos en la especie
sino por lo contrario, porque aquí terminamos el trabajo
de ser seres humanos,
crece en nosotros la certeza mayor
de estar fuera del tiempo.

Miras el techo, tus pulmones
respiran en su gozo. Saben su brevedad.
Afuera cae la noche.
Canta el grillo cercano, pasan los autos,
las sirenas que gritan la catástrofe,
la mentada y el claxon de los conductores,
conversaciones
cuyos fragmentos nos divierte ajustar
a historias más hermosas.

Más poco a poco el cascarón se restablece
y el deseo
de nacer otra vez. Y de besarnos.
La intensa llamarada de los miedos
fuegos fatuos. Y el llamado del Cosmos
crece en su no tiempo.
Y el valor de acudir.

Ella, la Muerte,
si logras encender cuanto es estrella
sobre el miedo en rescoldo…
ella, la Muerte, te habrá salvado
del verdadero horror:
no haber vivido nunca.

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2 comentarios sobre “Incierta certeza”

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