Cosas pequeñas

La belleza de un hechizo (es lo que importa)

Por Anayansi Zozaya

Wordsworth, Coleridge, Novalis, Rimbaud, Yeats,
Baudelaire, Hugo; todos, buscaron una nueva magia
a través de la poesía, ya que, aparentemente,
la magia antigua se ha ido para siempre.

Arthur Versluis

La noción de magia no solamente ha sido difamada durante siglos; peor, ha sido denigrada, ignorada y, lo que es inexcusable, olvidada. Como si hubiera pertenecido exclusivamente a una época remota en la que se considera que imperaron la superstición y la ignorancia.

En nuestro tiempo tan avanzado, tan post-lo-que-sea y de irrefutable progreso la idea de una fuerza armónica divina se ha desplomado. Ahora somos lógicos y categóricos y podemos explicar con puras razones la integridad del mundo. Tenemos leyes físicas, comprobables. Y no nos andamos con tonterías: lo único que existe es aquello que vemos. Estamos curtidos por lo real. Sabemos el “truco” de cualquier atentado misterioso.

Y el atentado misterioso por excelencia es el amor. Quien piense, a estas alturas, que aquél es resultado de un querubín regordete lanzando sus flechas a ciertos seres humanos, es un idiota. Quien crea que es una manifestación maravillosa que ocurre en los altares que sugieren nuestros cuerpos, es ridículo (y, francamente, ñoño). Quien suponga que es una hermosa coincidencia obsequiada por los dioses, no está en sus cabales.

Los científicos, ya molestos, nos lo han explicado hasta el cansancio: reacciones químicas. (Diría sinfonía química, pero esto ya desentona, no suena serio.) ¡Neurociencia, córtex prefrontal, sistema límbico, ganglio basal, lóbulos temporales, estrógenos, testosterona, óxido nítrico, feromonas, epinefrina, norepinefrina, dopamina, serotonina, oxitocina! ¡Caray! ¡Se ha visto! ¡Está comprobado!

¿Por qué insistir en la babosada de que el amor, por ejemplo, es pura magia? ¿Por qué empeñarse en concebirlo como un milagro? ¿Qué tiene de divino? ¿Dónde está la hermosa coincidencia? ¿A quién se le ocurriría que es un obsequio especial?

Bueno, los científicos pueden molestarse todo lo que quieran. Podrán creer haber visto lo invisible, comprobado lo cuestionable y haberle dado nombre a lo impronunciable. Pese a todo, su versión es una versión más. Pero, lo que es más grave y, si se me permite, imperdonable, es que su ficción (a la que llaman verdad) carece de belleza.

¿Por qué insistir en que el amor es una manifestación sobrenatural? Sencillísimo. Porque concebirlo así es hermoso. Porque algunos preferimos el ritual al diagnóstico; la poesía a la explicación; la armonía al caos. Porque, finalmente, también puede ser verdad que la magia consista en una relación cándida y habitual entre el hombre y el cosmos. Y, personalmente, porque no soy de las que necesitan aclaraciones explícitas. Con la belleza (de un hechizo) me basta.

4 thoughts on “Cosas pequeñas

  1. Angel Carlos 2 noviembre, 2014 / 22:11

    ¡Genial, querida Anayansi!
    Has acertado con toda la sabiduría de tu instinto, sano y rebelde.
    ¡Enhorabuena!

  2. Elena 2 noviembre, 2014 / 17:41

    Al parecer captar los mensajes entrelíneas no se da para todos. En fin cada quien su lectura disfrute y medición, al final es lo importante.

  3. Anayansi Zozaya 1 noviembre, 2014 / 18:17

    Bueno Juan, esto es tan solo (este aparato no tiene acentos) un paseo ludico por un pensamiento. No pretende ser otra cosa. No quiero ser cabal. Nunca.
    Desafortunadamente no tengo que imaginar cientificos que niegan la magia del amor. Los conozco. Invalidan cualquier acto magico.
    Y lo que quisiera es que a veces, cuando se pueda, nos olvidemos de frecuencias vibratorias y juguemos a que la musica es solamente un portentoso misterio.

  4. juanjschmittersoto 1 noviembre, 2014 / 12:25

    La ciencia tiene su propia belleza. La disyuntiva serratiana de preferir “disfrutar a medir” no siempre es cabal. Además, no imagino a algún científico del mundo real que niegue la magia del amor sólo porque esté basado en oxitocina y dopamina. El piano de Chopin era de madera y marfil, sus notas no eran más que una determinada frecuencia vibratoria en el aire, y no por eso pierde su música un ápice de magia.

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