Entreluz

P.L.E.A.S.E.

Por Alberto González Carbajal

Este año concluyó una serie de televisión norteamericana que fue icónica para la generación que siguió a la que yo pertenezco. Me refiero a How I meet your mother (Cómo conocí a su madre). Me gustaría hablarles de la misma en este espacio, pues tiene mucha tela de donde cortar; sin embargo, en esta ocasión sólo me enfocaré tangencialmente en la ocupación de uno de los personajes: Barney Stinson (interpretado estupendamente por el actor Neil Patrick Harris).

A lo largo de las nueve temporadas que duró la serie, este personaje mantuvo el misterio respecto a su ocupación y no fue sino hasta poco antes del final cuando develó este enigma (siempre que lo inquirían respecto a su trabajo, respondía “Please!”, extendiendo las manos al mismo tiempo). Bueno, resulta que sí estaba contestando, pero de modo tan ambiguo que nadie sospechó. Pero casi al final explica que el corporativo que lo contrató lo puso en el puesto PLEASE, que es el acrónimo de Provide Legal Exculpation and Sign Everything (Proveer exculpación legal y firmar todo), es decir, es el individuo que, en caso de que se acuse a la empresa de algo, va a cargar con todas las culpas y firmar todos los documentos necesarios para este propósito. Al final, el personaje se redime negociando con la justicia gringa y se libra de sus culpas delatando al personaje que lo contrató.

Stinson es guapo, mujeriego, arrogante, irrespetuoso, cínico, pedante, narcisista en grado extremo, misógino y absolutamente inculto; en otras palabras, un psicópata cualquiera.

De cara a los eventos actuales y recientemente ocurridos en nuestro país, ya no tengo duda de que el individuo que ocupa la silla presidencial fue contratado por los que realmente gobiernan México para el puesto de PLEASE. Ese cargo le soluciona incomodidades a los amos del poder y del capital. Si las cosas se ponen realmente mal, es más fácil prescindir de alguien que sólo fue contratado para simular que gobierna y en el fondo nada más es una marioneta que sigue los movimientos que los diversos titiriteros le imponen. Es un personaje creado para eso.

El derrumbe de la marioneta ya lo empiezan a percibir hasta los más apolíticos de mis paisanos. Y es que los números de nuevo nos mandan avisos. Resulta que en menos de dos años la popularidad con la que asumió su mandato Mr. Peña se ha desplomado; su nivel de aprobación descendió hasta un 42 por ciento y, por ende, la reprobación supera el 50 por ciento (datos de la encuestadora Parametría) y eso sin contar la cifra negra que de manera consuetudinaria dejan fuera las encuestas.

Justamente en estos momentos comienza a fluir información, en los medios de comunicación, respecto a las corruptelas que él y sus allegados han cometido: que si la casa que comparte con su esposa (otra actriz creada por la televisión) cuesta mucha más lana que la que recibe cada uno del ochenta por ciento de los municipios de este país al año; que si las concesiones para construir las mayores obras de infraestructura de este sexenio son para puros cuates; que si no existen registros de sus estudios, etc. Y eso aunado a una serie de rumores acerca de su incapacidad para hilar más de tres frases seguidas sin que tenga que leer un guión… La prensa independiente lo ha dicho siempre, pero ahora estos casos incluso se ventilan en la prensa oficialista. No lo sé… Creo que al copetón lo quieren bajar de la silla…para que se suba a ella alguno de los que realmente mandan. Eso creo yo.

Cuando comento esta teoría siempre me dicen que eso no es posible porque sería como dispararse en el pie. Yo sostengo lo contrario en función de la teoría del peón útil, es decir que, para sobrevivir, algunas veces se requiere de sacrificar alguna pieza, incluyendo a la reina.

De este modo se asegura la sobrevivencia, y el escándalo mediático garantiza que la gente preste más atención a esto que a los problemas más terribles: violencia por parte del Estado, implementación de reformas estructurales que no cuajan como debiera, un modelo económico que se está derrumbando con la consecuente ruina para los que vivimos de nuestro esfuerzo y/o sueldo, una cifra de créditos insolutos que crece de manera demencial (de acuerdo con la Condusef, comisión que dizque protege a los usuarios de servicios financieros, éstos han crecido a razón de un 47 por ciento anual desde 2012) y una presión inflacionaria severa, especialmente en el rubro de alimentos (12 por ciento, según el Inegi) que amenaza con convertir esto en el caldo de cultivo ideal para una tormenta social de dimensiones catastróficas. Presión, alimentos… caldo (creo que tengo hambre).

La verdad es que tengo miedo porque, en el afán de ocultar esto de los ojos de todos nosotros, es mucho más fácil generar una telenovela en las alturas que corregir el rumbo a ras de suelo. Pero ya no bastará con la enajenación: la gente puede aguantar muchas cosas, pero no puede quedarse sin comer.

Tal vez estamos por ver la caída de un Barney Stinson región 4. Tal vez sacrifiquen al peón que da la cara y el peinadito. Demasiado quemado está ya, nacional y ahora internacionalmente. Pero, ¿le bastará al poder con eso para remediar la situación?

Por nuestra parte, como ciudadanos, es la hora de comenzar a organizarnos, primero que nada con nuestros prójimos, los que viven al lado, los que viajan con nosotros en el transporte público, los que conviven de manera virtual en las redes sociales; no tenemos otra opción. Aislarnos ya no sólo es condenarnos al olvido social sino a la inanición, y allí sí que no hay remedio.

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3 comentarios sobre “Entreluz”

  1. Creo que el problema, en efecto, lo describes muy bien. Pero aún cuando coincido contigo en que la organización ciudadana es una posible solución, no se me ocurre cómo lograrlo sin líderes que propongan un camino y con ciudadanos llenos de miedo y desconfianza.

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