Noctívago

Lo que duele

Por Juan Pablo Picazo

No son, no,
las inexplicables
cuarenta y tres
ausencias
de hogaño
lo que asusta y duele.

Son, si,
las docenas,
c i e n t o s,
m  i  l  e  s
de rostros
borrados con sangre
que tras ellas se acumulan.

Duele no poder dejar
la puerta abierta a los amigos,
no poder viandante al amparo de la noche
aclarar el pensamiento,
ni ofrecer la casa al peregrino,

Molesta
temernos
los unos a los otros
en nuestras propias calles,
y descubrir que el voto
ha llevado
saturninos monstruos
al poder
para que devoren
a quienes suponen son sus hijos.

Infama
que haya impunes
prescribiendo muerte
como quien reparte dulces
al amparo de los dólares
o los uniformes.

Y que al final
hayamos sido puestos
a la indignación masiva
para que secretamente
otros latrocinios y horrores
se consumen.

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2 comentarios sobre “Noctívago”

  1. En efecto, asusta y duele lo que ha ocurrido y , como bien dices, esos latrocinios y horrores que secretamente siguen ocurriendo.

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