Noctívago

Inculpable

Por Juan Pablo Picazo

Si miro,
veo que están en todas partes:
sus fusiles
no me apuntan,
pero sus ojos muerden
cada paso que voy dando.

Crecen sin remedio en la ciudad,
en los pequeños pueblos,
en los puertos pasean con cerberos
para olfatearme las ideas
por si incómodas,
por si ofensivas.

Se visten de demócratas,
padecen verborreas idealistas
y abanderan causas nobles
desde sus palacios.

Uno sigue por ahí
humilde como canto rodado,
soberbio igual
que una coma bien escrita.

Te acusan nomás verte,
cuando los encuentras
ya te han condenado.

Pero de ellos es el mundo
con sus cuatro esquinas vigiladas,
de ellos son la ira y el perdón,
el cuchillo y la bondad pública,
la verdad largamente entretejida
con mentiras en cadena.

Uno sigue por ahí
tratando nuevos versos que los ignoren,
ensayando estrofas de dicha y corazón,
pero sus miradas pesan
y su vaho omnipresente apesta.

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