Noctívago

Involución

Por Juan Pablo Picazo

Quiero por una vez
sentarme a degustar un libro
hasta la página postrera
sin la llamada de los hombres.

Sombras para envolver fantasmas,
embalar viejos infiernos
y guardarlos en lejanas lunas.

Apetecer
amaneceres nuevos,
beber jugo de risas
con el desayuno insospechado,
y caminar hasta el Olimpo
para deshacer
el mal trabajo de los dioses.

Barrer mi ajada calle,
ungir con sonrisas al vecino,
y aplaudir a las parvadas de urracas
que escriben caminos nuevos
en el aire.

Luego tocar loas a nadie
en los laúdes de los propios huesos
como mínimo homenaje
a los amores que gravitan
en mi estómago.

Renunciar a la esclavitud
y no amasar más bilimbiques
para buitres ciegos.

A la noche,
luego de lavar los trastes
y llenar los biberones,
ponerme a bordar historias,
hilvanar los versos,
deshilar el pensamiento
que mi familia y yo
podamos vestir
por la mañana.

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2 comentarios sobre “Noctívago”

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