Entreluz

Puras malas

Por Alberto González Carbajal

El insufrible tránsito de esta ciudad me obliga a abordar el metrobús (autobuses articulados que corren en rutas confinadas y con paradas fijas), dejando mi auto estacionado en alguna calle cercana a la parada de este transporte. Venturosamente encuentro un asiento vacío. Junto a su servidor viaja un señor que evidencia tener algunos años más que su servidor. De reojo observo que con su mano derecha sostiene un papel que (me parece) es un recibo de nómina mientras que en su rostro lo que se sostiene es un pesado rictus de enojo. Avanza el transporte y, de pronto, este hombre suelta por lo bajo un “No puede ser”. Desvío la cabeza y dudo entre preguntarle si se siente bien, si puedo ayudarle en algo o si debo de quedarme callado para no entrometerme en asuntos ajenos.

No puedo evitarlo. Fiel a mi curiosidad, pero ahora además algo preocupado, le pregunto si está bien. Sorprendido, mi interlocutor no tarda en confiar en el extraño que le hizo la pregunta y suelta la historia de cómo es que la empresa en la que trabaja decidió que en este año no solamente no podía haber aumentos de sueldo sino que además eliminó las llamadas “compensaciones” que se otorgaban cuando había un crecimiento en las ventas o en la producción. ¿Por qué no llegaría ese dinero extra a los trabajadores? Los dueños adujeron básicamente “inestabilidad en el mercado”. Era preferible (les dijeron) “concentrar el dinero” en manos de quienes sabían usarlo, es decir, en las de los dueños y, además, mantener los sueldos del año anterior, en el afán de no despedir gente. Por supuesto, los empleados de esa empresa agregaron un malestar más a todos los que nuestro país nos está procurando en estos tiempos.

Como ustedes saben, su servidor presta sus servicios profesionales a empresas e individuos que quieren, entre otras cosas, crecer o ahorrar (o ambas cosas) y sé cuán complicado es tomar algunas decisiones para buscar el menor de los males o las mejores opciones de sobrevivencia. Sé también que, cuando uno es empleado, no importan las explicaciones cuando el bolsillo se ve afectado.

La cuestión es que nuestro entorno económico va a empeorar de manera muy severa y los primeros signos ya comienzan a surgir:

  • Entre junio y diciembre de 2014 la cartera vencida de los bancos creció algo así como un 6 por ciento.
  • En menos de un mes la paridad del peso mexicano contra el dólar estadounidense varió en alrededor de un 14 por ciento en contra de la moneda nacional.
  • La estimación de ingresos fiscales para este año por concepto de la renta petrolera se estima que sea de algo así como un 55 por ciento menor a la estimada. Eso le va a pegar al flujo de las actividades productivas que el Estado planeaba iniciar, no sólo en los proyectos más mediatizados (el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, los trenes suburbanos, etc.) sino además en los proyectos que más socializan el reparto de los egresos del gobierno federal, esto es, las obras de infraestructura carretera y de construcción en general, que son los que más mano de obra no calificada utilizan.
  • Desde marzo de 2014 las remesas de dinero proveniente de nuestros paisanos que trabajan en otros países (la gran mayoría en los Estados Unidos) se han quedado estancadas, después de casi dos años de un crecimiento sostenido.
  • Igual suerte han corrido las reservas internacionales, que desde julio de 2014 se han anclado en el mismo promedio sin variaciones importantes.

Todos estos números (que pueden ustedes consultar en la página del Banco de México) le mandan a su servidor una señal de alarma porque se parecen mucho a las que precedieron la crisis económica de 1994, cuando ocurrió el famoso “error de diciembre” y que el mundo conoció como el “efecto tequila”.

Las cifras siguen danzando en mi cabeza cuando, de pronto, siento la mirada de mi interlocutor sobre mí, como esperando que le diga algo tras la confesión de sus infortunios. En ese mismo instante me percato también de que ya tengo que descender del metrobús. Intento darle algunos consejos básicos de sobrevivencia, pero noto su desinterés… Lo entiendo perfectamente: he estado muchas veces en esa situación y sé que simplemente no hay nada que nos dé aliento cuando el dinero falta en la casa.

¿Qué hacer con este futuro tan negro que se avecina? La próxima semana les comentaré algunas estrategias que me han funcionado a mí o a otros. No va a ser una segunda parte de un mismo relato, sino una visión desde la trinchera de alguien que ya ha vivido más crisis económicas de las que se podrían prever y que, afortunadamente, aún no naufraga.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Angel Carlos dice:

    Excelente planteamiento de nuestra situación. ¡Vengan esas estrategias!

  2. Gloria dice:

    Muy interesante y preocupante. Espero tus comentarios sobre estrategias que te han funcionado.

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