A través del espejo

Dulce y crudo

Por Karla Winkler E.

Llegué a las diez, cansada, casi enfebrecida, cuando se me ocurrió que me gustaría ser una hurona como las que veo dormidas en el cajón de mis piyamas; que sabría administrar esa vida simple, limpia de la confusión y el alboroto de las preocupaciones, que podría acomodar con facilidad mi conciencia a ese estado ideal, totalmente fuera del mundo simbólico.

Yo, hosca, molesta, a veces gris e introvertida según la metáfora y, por si fuera poco, con insomnio desde hace meses, en posiciones fetales, bajo gruesas cobijas, sábanas blancas u oscuras, una manta eléctrica, pero eso sí, siempre a flote sobre el río de los sueños, brincaría toda la noche, sólo para gozar mi elasticidad. El salto tiene algo de latido: viéndolo bien, el hurón es todo corazón.

Portadora del más fino abrigo, que sólo los papas disfrutan en casullas, me olvidaría del frío, me defendería del invierno en sedas y algodón. Me despertaría cuando sintiera mi propia primavera. Y aguardaría en silencio mi próximo color.

Como un hechizo, algo, lejos de escamotear mi deseo, me dio la forma de una criatura peluda y diminuta y me soltó en un bosque. Era, como vi después, una vida desconcertante: no sentía interés por otra cosa que no fuera acumular alimentos, infatigablemente, llevarlos hasta mi madriguera en el tronco de un árbol podrido; aunque vi que tampoco me libraría de los problemas; los límites de cada territorio desencadenarían continuos litigios entre los habitantes del follaje; pero las voces de los pájaros deleitaban mis oídos; los parásitos comenzaban a invadir mi pelambre; y mis ojos estallaban de pánico cada vez que presentía a las serpientes. Sin embargo, el desconsuelo, por fortuna, no duró demasiado. Pronto se acercó con sigilo un trozo de oscuridad y, aunque husmeé su hedor a distancia y oí luego las pisadas y los gruñidos, apenas tuve tiempo de entrever sus dientes cerrándose sobre mí.

Algo sucedió entre las huronas y yo. Sólo estaba mirándolas dormidas en mi cajón cuando se despertaron, se estiraron, bostezaron y dirigieron la vista a un punto muy preciso de la habitación. Yo me concentré en ellas tanto como ellas en lo que yo miraba. De pronto sentí su instinto, un torbellino que me arrasó. Era como si hubiésemos saltado las tres a la vez. Ahora han vuelto a su cajón, se han relajado y me echan unas miradas atentas como para verificar que todo está bien. Acurrucada en la cama, aguardo expectante. Tengo en la boca sabor a vida silvestre.

Anuncios

4 comentarios sobre “A través del espejo”

  1. Me encanta que en el río de tus sueños haya aparecido una huroKarla que se da cuenta de que su instinto le indica el camino a seguir, y aunque la Vida plantea situaciones difíciles, vale la pena gozarla y sufrirla. Lograr ser UNO o UNA con la naturaleza debe ser una maravilla.

    Me gusta

  2. Me encanto! Creo que la imaginación del ser humano es maravillosa y podemos crear situaciones que en un sueño se convierten en una realidad onírica.
    Que conexión tan profunda con el hurón.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s