Incierta certeza

Ópalo de agua

Por Luis Ernesto González

Queda el silencio.
No el estruendo, no aquí;
sí la sombra vibrante de la campana,
la gota sin huella en el estanque
cuando llega la onda, la última,
a la orilla donde beben los ciervos.

Menos uno.
El que cayó. Aquí.
Fuego, exclamó un corazón
de hielo. Inmóvil ya, y la sangre;
ojos como vitrales del silencio.

Silencio. Ópalo antes que fósil de la ausencia,
y el estanque lo guarda.
No lo despierte
salvo la flama trémula del viento.

La voz del otro fuego, el verdadero,
será —si el tiempo acude—
susurrante obsidiana.

La devorará el agua. Y en las ondas
vivirán otros ciervos

en silencio.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Angel Carlos dice:

    ¡Precioso! ¡Impecable! ¡Conmovedor!

  2. Gloria dice:

    La frase de tu bellísimo poema: “…ojos como vitrales del silencio” llama a las lágrimas.

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