Noctívago

Tinúvielothar

Por Juan Pablo Picazo

A través de mí,
oleadas de dolor azul,
amarillos miedos
y fatigas blancas,
pasan.

No importa
que los sueldos mengüen
y los amos
aprieten las manos
negando lo que es tuyo.

Seguirá la primavera
porque el universo es indiferente;
pero somos juntos
lo que nadie espera,
tenderemos puentes
por encima de la circundante estupidez
para dejar los cimientos de lo nuestro.

Por eso te llamo Amor, Vida,
o te hago la unción
de otros dulces sustantivos:
para vencer a la ceguera,
a la vulgaridad del lumpendasman
que nos tiene rodeados.

No queríamos nada
del Jardín de las Hespérides
pero tampoco queremos conformarnos,
en conversar
con sordos vengativos,
altivos siervos,
ni ejecutivos de codicia.

Un día será dicho
aunque nadie haya
para arrepentirse
y deponer su odio.

Estaremos lejos
en las estancias
de Helicón
o Eldamar.

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