A través del espejo

Mi propia sazón

Por Karla Winkler E.

Sacando la charola del horno me quemé la mano, de nuevo. Lo que hice fue untarme mantequilla, por una recomendación reciente, que ya me ha dado buenos resultados. Antes solía ponerme hielo, clara de huevo o la telita de una cebolla; sabiduría heredada desde la bisabuela. La dejé ahí un rato, creyendo que evitaría la molesta y dolorosa ampolla. Pero esta vez no fue así. La quemadura resultó ser más profunda. El trozo de piel quedó mal, con una probable cicatriz para mi colección de huellas dejadas por aceite y accidentes con el cuchillo al picar. Ya que se había hecho ampolla, limpié la mano y caí en cuenta de que lastimarme en la cocina me pasa con alguna frecuencia. Pensé: es como cuando se pierde a alguien que amamos, o algo de nosotros mismos. Debemos hacer un duelo, volver cicatriz un dolor vivo despidiéndonos de la piel muerta, perdiendo la pérdida. Al día siguiente, algo de la piel es diferente, el espíritu vuela con el viento, a la deriva, y entrada la noche, terminas aliñada.

He quemado en la hornilla puñados de espantos; y cada vez que cocino, respiro aromas nuevos y con cada especia se esparce algo de mí. A veces mucha desesperación, a veces mucha alegría, mucha belleza. Y es entonces cuando puedo ver a los pájaros que cantan desde los cables de luz transformados en pentagramas. Por eso, casi siempre prefiero cocinar en casa que salir a un restaurante. La casa es un lugar sagrado en el que todo va girando, como movida por un invisible cucharón. El hogar puede convertirse en un café, en un bar o en un santuario. Y puedo meditar condimentando, tomando vino; sirviendo no en el comedor sino entre cojines y animales. Desde la alfombra logro ver tiernos tesoros. Desde ahí leo, escribo, borro y comparto lo creado, que es otra manera de decirle a los que amo, que los amo.

La hormega-Sazón Karla (modela Audrey)Cocinar es escribir, escribir es cocinar. Sin la certeza de si algún día me saldrá bien el arroz de la paella o un libro que hable del mar, de las montañas, de las miradas, de la voces y de los seres que embellecen mi mundo. Cocino a deshoras porque odio el hambre, como odio la lectura por imposición. Como odio quedarme cuando más ganas tengo de irme. E irme cuando más quiero quedarme. Por eso, para mí, cocinar, escribir, leer, incluso nadar, a veces me duele, a veces me quema, a veces me excita, pero siempre es un acto de libertad. Me sumerjo en mí misma, nado en lo más profundo de la cocina, abriendo los ojos, aguzando el olfato y explorando el fondo.

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5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Angel Carlos dice:

    Me gustaron mucho tus analogías y todo el simbolismo de tu texto. ¡Bravo!

  2. Carlota dice:

    Hermoso. Al cocinar dejamos algo de nuestro ser, es como el artesano, el pintor, el escritor, por eso todos tenemos un sazón diferente.

  3. Gloria dice:

    En un ambiente que nos impone tantas reglas, poder actuar con libertad nos da la posibilidad de crear un mundo propio.

  4. Cristina González dice:

    Y esa foto está preciosa 🙂

  5. Cristina González dice:

    ¡Me encantó la integración que hiciste de tan fantásticos elementos! ¡Felicidades!

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