A través del espejo

Los malditos

Por Karla Winkler E.

Camino por el verde camellón, oliendo la tierra después de la lluvia. De pronto, percibo un hedor de coladera, de oculta putrefacción. A unos metros de mí, un perrito hambriento se acerca tímidamente a olfatear el puesto de la esquina. Un tipo le lanza una patada que lo hace aullar y escapar. No es una escena aislada. A diario ocurre en todas partes de la ciudad.

Esos hombres a medio vivir van por ahí despedazados; sólo los unen suturas que al menor traspié los desgarran. Los hombres, de tan mutilados, ya se ven turbios.

Visten sus mejores trajes de ocasión para dar una impecable apariencia y camuflar sus corruptelas. Pasan los días entre podredumbre y depravación. Según su poder, todos abusan. Y los hay incluso, que estampan sus firmas en papeles y en instantes mueren miles de seres; y los que quedan cerca… quedan devastados. Al llegar a sus casas, el perro los recibe moviendo la cola y la respuesta es otra patada. Sonríen satisfechos de su poder, de saberse tremendos y superiores. Sus mujeres no quieren mostrarse nerviosas, prefieren sentirse optimistas y recordar su estatus y su cuenta, o la aparente seguridad y la costumbre de no estar solas. Encogen los hombros y asienten en silencio.

La sensibilidad de aquellos hombres se formó en cercas de púas, inclementes como un huracán. Nunca supieron quién las construyó. Las cercas fueron ganando altura con el paso de los años, formando murallas tan altas que ya nunca más consiguieron ver más allá de sus límites, privándose hasta de la luz del Sol.

No comprenden que no podrán liberarse más que con la muerte. Pero aman sobre todas las cosas ir así por la vida. Desfigurándose y enturbiando el aire, convertidos en un tufo que envenena y aniquila todo, lo más inocente, lo más hermoso; nada queda a su alrededor. Ése es su orgullo, ésa es su única habilidad. En su salón de trofeos, junto con nobles cabezas de animales asesinados por ellos, cuelga también el cadáver de su propia bondad.

Anuncios

4 comentarios sobre “A través del espejo”

  1. ¿Esos hombres insensibles se extrañarían de ver junto a su trofeos de cabezas de animales las cabezas de seres humanos?

  2. ¡Excelente texto! Como cuando no hay luz, hay oscuridad, así cuando no hay amor hay odio.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s