A través del espejo

Pesadilla insomne

Por Karla Winkler E.

Me voy a la cama tarde, como de costumbre. Misántropa, anacoreta, ermitaña, cínica, amable o descortés según la metáfora. Duermo poco o mucho, bocabajo o en posiciones fetales, bajo una manta eléctrica o con las sábanas marrones. Comienzo a conciliar el sueño, tengo una pesadilla, despierto. Doy vueltas en la cama, no me acomodo. Me da frío, me tapo y me da calor. Saco un pie, quedo enredada entre las sábanas. Me levanto, preparo un té de San Juan. Leo un poco de Lacan, de Joyce. Cierro los ojos, intento comprender. Vuelvo a apagar la lámpara. Pero no puedo dormir. A las tres me harto y me levanto de nuevo. Hago ejercicio, me doy una ducha con agua caliente, vuelvo a la cama, cuento hasta mil, pero no logro dormir. Me meto en mi propio embrollo, me enredo en el nudo y no puedo encontrarle un desenlace. Me vuelvo a levantar.

Comienzo a escuchar las primeras aves madrugadoras, me angustia la hora, me asomo por la ventana y de pronto, cae precisamente la pesadilla. Veo pasar a esa escurridiza y letal serpiente, una culebra verde, a veces es azul, hinca sus colmillos en el cuerpo de la víctima y le inocula su veneno. Un grito mudo sale del pecho del maniatado y el eco flota por el país dormido, indiferente como el desierto. Emponzoña y transmite una pesadumbre angustiosa y un deseo arrebatado de morir. El eco se debilita, pero antes carcome el escenario. De la herida brota un chorro irrefrenable y furioso. Pronto, a su sombra, se muere la ciudad, se borra, gobernada por hombres decadentes y espurios. Todos viven envenenados, seducidos por el magnetismo que emana. Y muy a lo lejos se oye decir que en esa ciudad nadie es dichoso, que todos viven bajo una influencia nefasta y que jamás han visto a sus habitantes caminar tranquilos por sus calles.

Dan las seis de la mañana. La ciudad ya está muerta, yo no he podido quedarme dormida. Y cada vez que la serpiente pasa con su sirena luminosa por esta calle, oigo, con el grito de esas víctimas, mi propio grito.

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Angel Carlos dice:

    Terrible sueño de la lucidez. Me gustó tu potente alegoría. ¡Bravo!.

  2. Carlota dice:

    Es una pesadilla que vive en la realidad de nuestros días y que da horror, un espantoso miedo.

  3. Gloria dice:

    Terrible, angustioso, de pesadilla. En efecto, vivimos y morimos envenenados por el horror cotidiano. Viene al caso la frase: “Sálvese quien pueda”.

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