Yo lector

Discursivo

Por Juan Pablo Picazo

¿Te ha tocado alguna vez dar un discurso? Si eres avisado con tiempo podrás prepararte, buscar citas, repensar el acto en que te toca hacer uso de la palabra, etcétera. A veces sin embargo, se te requiere uno de improviso, y es menester hacer todo el proceso en milisegundos. Como sea, nunca es tan sencillo, a menos que hayas nacido para dar discursos a diestra y siniestra y a la menor provocación, pero tal cosa no existe, y el buen orador lo sabe.

Dicen que las palabras son aire y van al aire, que sólo lo escrito permanece. Aunque hay palabras que se quedan grabadas a fuego ¿no es cierto? La mayoría recordamos las de nuestros padres, las de algún amor, quizá las de un buen maestro. A nivel de sociedad, sí que recordamos muchos discursos, como los de Gandhi y Martin Luther King, y los recordamos porque han sido tan importantes, que los hemos registrado por escrito.

Y es que el buen orador no siempre es un buen escritor, aunque hay casos en que uno y otro coinciden, como es el de Gabriel García Márquez, quien paradójicamente en el libro titulado Yo no vengo a decir un discurso nos presenta un libro lleno de ellos. Y es que García Márquez, siempre fue dado a la ironía, al juego de palabras, a la paradoja, como elemento imprescindible del periodismo y la literatura.

Su libro inicia justo con La academia del deber, el discurso en el que advierte que no va a dar un discurso, y propone a cambio el ensayo de un proceso legal para sus compañeros de generación en el Liceo Nacional, y de ahí en adelante, cada una de las piezas propuestas (Propuestas, si, cada libro es una propuesta a consideración de los lectores, quienes le juzgan y consagran o le juzgan y lo olvidan o acaso ni siquiera terminan de leerlo, no que todo juicio esté bien hecho, pero eso debiera ser tema de otra columna) va subiendo en tono, duración y forma, pues el marido de Mercedes, se regodea en hacer así su trabajo periodístico y literario.

La segunda pieza del libro es un bocado delicioso Cómo comencé a escribir, pero como todo lo que toca la pluma del autor colombiano, habrá que hacerle una suerte de operación exploratoria para determinar en donde disfruta embromándonos con su fabulación y en donde hace uso de la verdad, que además de todo, es sólo una de las muchas posibles que cada hecho tiene, como sabe cualquier persona que se ha desprendido de las mitologías supranaturalistas y claro, del mito de la objetividad.

No obstante parece tan directo y tan sincero, que uno no puede sino creer al orador, y tragarse todo el cuento sobre su forzado ingreso al mundo de la literatura por culpa de una bravata lanzada por el entonces director de El espectador, Eduardo Zalamea Borda ¿Quiere saber cómo fue eso? ¿Quiere saber por qué esa vez García Márquez decidió pronunciar un discurso sentado, en lugar de estar de pie, como es costumbre? Ya sabe, abra este libro y disfrútelo.

Pero no, aquí no se termina esta reseña, faltaba más. En este libro hay al menos otros trece discurso que nos llevan de las lágrimas a la hilaridad incontenible. Otra patria distinta, La soledad de América Latina, El cataclismo de Damocles, Una idea indestructible, El argentino que se hizo querer por todos, América Latina existe, Una naturaleza distinta en un mundo distinto al nuestro y otros ¿Mis favoritos? Hay varios, por ejemplo Mi amigo Mutis, Periodismo: el mejor oficio del mundo, Botella al mar para el dios de las palabras. Pero cada cual construye un libro distinto en su lectura.

Se trata de un libro tan ligero como la palabra hablada, y seductor como ella misma. En alguno de esos discursos, García Márquez afirma: “El oficio de escritor tal vez sea el único que se hace más difícil a medida que más se practica”. Aunque al leerlo , nos hace pensar en que escribir es algo la mar de sencillo, tan natural se siente su trabajo.

En estos discursos, el autor de Cien años de soledad y El general en su laberinto, toca temas como la vocación, la literatura y el periodismo como oficios, analiza la manera en que los rumores crecen y destruyen, reflexiona su vida en México, el amor que le llama constantemente hacia Colombia, sobre el efecto dañino del éxito en algunos de sus libros, sobre escritores legendarios y el acto de creación artística, sobre el papel de América Latina en el mundo y muchos otros temas.

Haga su propia lectura, su propia escucha de estos discursos, y disfrute de darle una mirada diferente a Gabriel García Márquez.

Anuncios

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Gloria dice:

    No sabía de la existencia de estos libros. Me gustaría empezar por el del encantador título: “Botella al mar para el dios de las palabras”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s