A través del espejo

Seres

Por Karla Winkler E.

Foto: K. Winkler
Foto: K. Winkler

Perros con ojos de ángeles, ojos eternos, perros alados, hambre de perro, perros con ojos bien abiertos.

Cachorros para alimentar papeles, libros, para ventilar al humano, páginas de libros que huelen a leche caliente, a calostro y a croqueta molida cuando abren sus pequeños y tiernos hocicos. Cachorros, seres celestiales, con avidez en sus barrigas por el hambre y bostezos como aullidos, emanados y fragantes después de almorzar.

Gatos espejo que se perciben en ti, en quienes te percibes. Gatos con siete vidas, que se acicalan y embellecen hasta lo imposible, felinos con buena suerte, que lo mejoran todo.

Mininos ágiles al andar, expertos en observar, libres y dueños de sus propias historias, siempre diferentes aunque el rumbo no cambie. Gatos eternamente solitarios, seductores, que conocen bien la divinidad que poseen.

Hurones silenciosos, hurones con sentido del humor, que ríen con brincos de lado. Mustélidos, esos que saben que a ellos, a veces, hay que hacerlos saltar al vacío y nada más.

Hurones sin más pasión que la mera curiosidad. Que siempre escapan a sabiendas de la riqueza que representa un instante en medio de la brevedad.

Turones que conocen el orden de los bosques y los ríos, que siempre les brillan los ojos porque tienen una estrella en cada gota y dan ganas de meterse ahí, en el infinito, a nadar para constatar que la belleza existe.

Seres, todos, tantos, que perdemos para volverlos a encontrar, especies de una feliz soledad, criaturas extintas con pasado y ex futuro que ya nunca serán.

Animales preciosos, inefables, compañeros de viaje, que enseñan a vivir con el ejemplo, con la mirada. Seres que se van pero que se quedan para siempre. En el viento, dibujados en la luna, y en el mar. Entes a los que hay que agradecerles su inmensa magia y pedirles (tanto) perdón.

Humanos que les tiemblan las rodillas, temerosos y obedientes del cuento que les meten, hijos de la iniquidad. Humanos en uniformes, que agitan sus armas porque les han matado el espíritu. Humanos hijos de la guerra, del exterminio y del horror. Sujetos humillados, sometidos, resignados.

Hombres con humos de soberbia. Seres que se acostumbraron a un mundo de crueldad e insensibilidad. Humanos inhumanos. “Humanos, demasiado humanos”.

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4 comentarios sobre “A través del espejo”

  1. La mirada de esos seres que nos han enseñado a ver como inferiores pero que son en muchos aspectos superiores. Me gusta!

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  2. Me emocionan tus descripciones de esos seres maravillosos que mencionas; tan objetivas y a la vez tan amorosas. Pero…el ser humano recibió el inmerecido regalo de un cerebro “superior” (?) que, generalmente, usa con fines destructivos. En efecto, creo que todavía no merecemos llamarnos “humanos”.

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