Incierta certeza

Silencio pleno

Por Luis Ernesto González

A Yaya (20 años sin la flama de su vela)

El silencio de todos nuestros muertos amados
es el silencio de Dios,
es el mismo silencio
de Dios.

Eleva tus preguntas hasta hallar el silencio.
Que tu dolor más hondo las encarne,
las dé heridas
en ofrenda,
que lentamente se te vayan desangrando,
que se vayan callando gota a gota,
hasta la última gota
enmudecida…
enamorada,
hasta la última gota enamorada.

Que el ruido de la iglesia, del partido,
de la tele, del vendedor
no asordinen
la respuesta de Dios
y de tus muertos.

Te aman, en este instante te aman.

Y están a salvo de todos los dolores,
de los inevitables
y de los que se infligen los humanos,
creadores del infierno.

Si sabes escuchar
—y se aprende callando—,
guardarás en tu oído el secreto de todo.

En el principio, el verbo,
Pero antes del principio,
antes incluso del temblor de labios,
sereno el plectro de las cuerdas vocales,
concentrado en su paz el martillo del tímpano…

antes de la pregunta,
la Respuesta.

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4 comentarios sobre “Incierta certeza”

  1. Bellamente profundo, profundamente bello.
    Prisma perfecto que tamiza la luz de todas las emociones y la eterna sabiduría.
    Alquimia insondable de La Gran Poesía.
    Bravo, Maestro, otra vez has logrado invocar con éxito el milagro.

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  2. Que bella y tranquilizadora la frase: “Te aman, en este instante te aman”. Me haces sentir la flama de la vela Yaya y la de muchos seres queridos que se han ido.

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