Crisálida

Puebla-Atlixco

Por Patricia Gutiérrez-Otero

Foto obtenida de internet
Foto obtenida de internet

La carretera federal es de tres vías, y su tránsito de camiones pesados, intenso. Los coches particulares parecen de juguete junto a estos veloces mastodontes. Nunca he visto, a diario, tantos perros triturados, disipados. Perros pequeños, grandes, la mayoría mestizos, algunos gatos.

Manejo hacia la ciudad. Hay mucho tráfico a esta hora. Pasa frente a mí. De alguna manera los coches lo esquivan o él se escurre entre ellos, o trae algún ángel alado. Atraviesa la primera línea, no hay manera de frenar. Pasa la segunda, va llorando. Alcanza el otro lado, continua corriendo, ciego de lágrimas, sobre la orilla de la carretera. Los coches, los camiones, los Torton, siguen. Me detengo. Detrás de mí, un Beetle blanco también se orilla.

Estoy a punto de bajar y cruzar. Miro por el retrovisor. Un camión de redilas se detiene del otro lado del impetuoso arroyo, el chofer desciende, un hombre atraviesa entre los automóviles: se agacha junto al transporte, levanta en brazos y besa al niño en llanto y no mayor de tres años. Arranco.

One thought on “Crisálida

  1. Gloria 12 septiembre, 2015 / 11:18

    Hechos cotidianos, terribles, dolorosos. La esperanza es que todavía hay gente que ha escapado de la indiferencia y es capaz de conmoverse frente al dolor ajeno.

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