Otro mundo

Ellos

Por Juan Pablo Picazo

Lo dije,
pero nadie escucha.

Lo escribí,
pero no fui
siquiera leído.

Luego
les quemé los barcos,
les cosí las piras en los ojos
y ni esa alta iluminación
pudo llenarles la conciencia.

Desde que vine,
los hombres y mujeres
solo miran mi ojo ciego,
demandan mi obediencia,
me condicionan
los medios
para subsistir,
y a veces
me encuentran gracioso.

Me sepultan
con sus demandas de impuestos,
con sus despidos,
con la oscura exigencia
de títulos, permisos,
firmas
y la huella digital
en los relojes checadores.

Pero no,
no saben
que hay muchos tiempos:
que existen concomitantes,
incontables hebras
donde otros como ellos
y otros como yo
han comprendido
y depuesto todas las necedades.

Cuando me vaya
seguirán sembrando dinero
y cosechando muerte,
adorando su diosa del consumo
y dividiendo al mundo en marcas,
mientras practican
lúdicos
su feliz deporte
de envenenarse
los unos a los otros.

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2 comentarios sobre “Otro mundo”

  1. Gracias por compartir este poema. Creo que a veces sí nos damos cuenta de nuestras necedades, pero no las deponemos, como bien dices.

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