Otro mundo

Gélida sequía

Por Juan Pablo Picazo

I

A veces amanezco tan seco
que puedo dar voces gritando “incendio”
y estar ya carbonizado
justo como un imán
cuyo alto canto
no convoca a nadie
a la mezquita.

Y miro,
y un ángel me muestra un rollo
en que se lee:
“Toda revelación es una broma,
el amor incluso.”

Me quito
la frugal, nocturna mortaja
y salgo a la esquelética mañana
para ducharme
con la domesticada lluvia
que suele prologar
un desayuno
de cartón
y de rutina
que me aquieta
unas horas la jornada.

Al margen
de la insidia comercial
que mancha los calendarios,
las naciones se odian
por cuenta de sus líderes.

II

Y sin embargo,
un aroma ligero de amor me precede,
se desprende silente y complacido
desde el cuerpo de mi amada.

Luego siembro los pasos
de siempre
entre yermos
y sempiternos charcos,
hasta esa lata rodante
que me lleva al ejercicio
de mi ajada esclavitud
tasada en horas.

Y el amor a la familia
aparece
acariciando
el amargo látigo del amo,
y ese amor
es callado,
pero en combustión interna.

III

A veces se camina
en tal pobreza,
que
dan ganas de asaltar
a los peatones tristes,
a los viandantes agresivos,
a los tímidos caminantes:
-El verso o la vida.

Morirán, naturalmente
pues son incapaces
de regalarle un buen verso a nadie
que lo necesite.

Pero el amor
sigue empujando nuestras venas,
hinchando nuestros pulmones
y haciendo girar
un mundo que se pudre
de molicie
y auto inmune servidumbre.

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