A través del espejo

El caballo de Londres

Por Karla Winkler

Sacudió el largo fleco negro apartándolo de sus ojos. Los severos rayos del sol se lanzaban contra su cabeza, como todos los ojos ciegos que pasaban y lo veían sin mirarlo, atento al ritual del cambio de guardia. Una sed de gotas de lluvia atormentaba su garganta, y pronto inundaron sus grandes ojos lágrimas amargas. Ella lo miró, y una profunda pupila le dejó ver la entrada al infinito. El olor a tierra mojada se coló en su memoria. Delante del caballo negro, una gota se derramó por su propia mejilla e intentó detenerla con el hombro.

El animal mordía la cadena que aplastaba su lengua. Su cabeza ardía, y entre los mechones de pelo sobre su frente y cuello parecía escurrirse su fuerza y su voluntad. Su paz y sus ganas de juego se desvanecieron y acabaron transformándose en espuma de saliva sobre un hierro de grilletes. Ella lo vio todo desde enfrente, haciendo esfuerzos por ahogar el llanto en su garganta, indecisa de acercarse al animal y darle agua… temerosa de ser amonestada por aquel hombre que, indiferente, montaba con eterna indolencia. El hedor a cobardía pesaba en el aire, así como el sonido cada vez más fuerte de las cadenas chocando contra los dientes. Ella no entendía su propia inmovilidad, su autoasumida impotencia en un punto en el que le costaba mantener los ojos abiertos y su corazón dentro del pecho.

Desde la acera de enfrente, aquel caballo con el rostro de inocencia la miró fijamente a través de las gotas de cristal en sus ojos. Ella se sintió aturdida, inútil. Nunca tan lejos de Turín. El freno de hierro invisible estrujaba su espíritu esclavizado.

La lluvia se compadeció y de pronto se entregó a todos; la oscura crin revivía, la espuma del hocico desaparecía poco a poco. Las nubes se apresuraron a cubrir su cielo. Fue la insolencia fresca del atardecer el que lo consoló en aquella escena. Aunque ella no recuperó la paz.

Caballo de Londres (Foto Karla Winkler)
El caballo de Londres. Foto: Karla Winkler

2 thoughts on “A través del espejo

  1. Angel-Carlos Gonzalez 6 junio, 2016 / 18:34

    Conmovedor en alto grado. Me gustó mucho.

  2. Gloria 6 junio, 2016 / 10:44

    La sensibilidad puede brindar grandes alegrías, pero también grandes tristezas que reflejas en tu frase: “…ella no recuperó la paz.”

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