Condesa Sangrienta

Eclipse

Por Grissel Gómez Estrada

Tu piel de potro,
mancha insaciable,
se soldó al piso:
llovía entonces:
pensar en verte
ahí, mojado,
esperándome,
y saxofones,
y temblorina,
mis uñitas,
y la gran mancha
todavïa me grita:
reloj amaneciendo:
un cielo que se erguía,
madrugaba por vernos;
y el señor vagabundo,
el de la hambruna
—que aún devora
Estomaguito—,
también pregunta
por nuestros hot-dogs,
y los violines
que se despliegan
para vernos de nuevo,
aunque sea derramados:
mano aquí
cabeza acá…
Mancha cálida,
enamorada
de mi hogar,
no se va
y se lamenta
y se desliza
en la orillita
del hoyo negro,
negro agujero
te devoró:
un eclipse,
tú y la cama:
el aleteo
se vuelve oscuro,
¿dónde estás?:
la cama hueca,
ya no apareces:
te devoró la sombra,
¡dónde estás!
después la luz
—volviendo en sí—
iluminó a la mancha
que se   e  n  s  a  n  c  h  a
y no se va,
ni siquiera con lluvia
ni siquiera con semen
mucho menos con cloro,
y tu ausencia tatuada
en mi sonrisa,
y las letras de tu nombre
flotan por todas partes,
por todas partes flota
el recuerdo     del eclipse…

Del poemario Retorno a casa

One thought on “Condesa Sangrienta

  1. Gloria 10 junio, 2016 / 11:17

    Me gusta tu poema a la ausencia, al eclipse. Me conmueve la frase: “…te devoró la sombra,…”

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