A través del espejo

Fantasía de Herodes

Por Karla Winkler

“Creo que sí, estás demente. Pero te diré un secreto:
las mejores personas lo están”.

Lewis Carroll

Es domingo. La mujer intenta escribir, acomodada en su sillón favorito junto a la ventana. Ha sido una semana ardua, de viajes, trabajo y jet lag. A bajo volumen escucha el arpa y los cordiales instrumentos de Arianna Savall.

A su lado parpadea una lámpara de pie recién encendida; una alfombra de bolsas y maletas a medio desempacar tapizan la sala. Es el relajamiento del hogar. La lámpara deja de parpadear y dibuja en la pared una gran luna creciente. Por la ventana no entran los rayos de sol, pero hoy, en cambio, sí, inesperadamente, un estruendo de voces sin concierto. La mujer deduce: los vecinos reciben un desfile de escuincles, alaridos y berrinches en su departamento. Cuando las palabras se esconden más, los gritos y risotadas se animan y se ponen en movimiento hasta por los pasillos del edificio, como incitados por un torbellino. El volumen es exasperante. Además, todo huele a salchichas y a plástico.

Uno de los niños chilla. Hace ya un buen rato que los adultos los soltaron por todos lados, “sólo para importunar”, piensa ella para sí. Los pequeños no cesan de vociferar; no hay manera de saber a qué hora se irán. De nada le sirve pensar que también ellos han tenido una larga semana y que esa es su forma de relajarse. ¿Cómo era aquello de “El respeto al derecho ajeno…”? La mujer apaga su tablet, renuncia a escribir. Los oídos se le encrespan, se le alborota el cabello, la escoliosis la atormenta. No logra escuchar a Savall y tiene la sensación de que su cerebro sangra con cada chirrido tipludo que aúlla: “¡Mamá!”

Se sirve una copa de vino. En el departamento de enfrente, al otro lado de la ventana, los adultos conectan las bocinas del karaoke que emiten quejumbrosos canturreos y todo se funde en esa música mediocre y azotada tan difícil de tolerar cuando uno busca la paz. En ese momento, esas tonadas desentonadas sólo consiguen irritar más a la mujer. ¿Hay diferencia entre el estruendo de los niños y el de los adultos? Si esta ciudad sobrepoblada sólo nos permite refugiarnos en los límites diminutos de nuestros departamentos, ¿por qué la gente maleducada los derriba a fuerza de gritos y música a todo volumen?

La lámpara comienza a parpadear de nuevo. La luz y la sombra de sonrisa de Cheshire se esbozan en el tirol y se distorsionan en su mente aturdida, formando nebulosas alucinaciones. Voltea a ver las maletas a medias y no sabe si terminar de vaciarlas o llenarlas de nuevo y escapar. Afuera, el cielo (que no puede ver) se incendia; luces y sombras desaparecen poco a poco. La tarde pasa. Al ver cómo las cortinas se oscurecen, la mujer aprieta los párpados y el aire de la noche le acaricia las mejillas, obsequiándole, inesperadamente, un sueño plácido y sereno. El ansiado escape.

La mujer se funde en la alucinación. Se levanta del sillón y, con el rostro impasible, sale de su departamento. La idea de librarse de esos niños que le paralizan la mente le causa un exquisito regodeo. Nada más silenciarlos, y luego escuchar, escribir, leer, pensar, beber, dormir, dormir, dormir…

Ruido en los departamentos
Imagen: Antonio Mora, http://www.writeca.com/2014/04/09/surreal-art-antonio-mora/

3 thoughts on “A través del espejo

  1. Angel-Carlos Gonzalez 13 junio, 2016 / 17:04

    Escapar, salvarse, rescatar lo más preciado en nosotros que intenta ser devorado por la insolente estridencia de un entorno humano demasiado poco humano.

  2. Carlota 13 junio, 2016 / 12:44

    En nuestra sociedad predomina la falta de respeto por los demás, en todos los aspectos, es raro que se piense sí nuestras acciones molestan o tal vez no nos importa. Es necesario cambiar, hay que educar desde el hogar.
    También hay que ser tolerante y creo que no es nada fácil mantener en silencio a un grupo de niños.
    Un escrito muy real que nos invita a la reflexionar.

  3. Gloria 13 junio, 2016 / 10:45

    Que bien descrita una situación tan desagradable. Es muy difícil ser tolerante cuando te rodean personas tan diferentes en gustos y educación. Por eso me encanta tu frase acerca de que esa mujer no sabe si terminar de vaciar las maletas o llenarlas de nuevo y escapar. Creo que lo más “saludable” sería escapar pero no siempre se puede. Me gusta la foto.

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