Para nuestros lectores

Salud y larga vida, pues

Por Juan Pablo Picazo

La constante del universo es el cambio. No hay modo de pensar en lo contrario, desde el gusano que nace hasta el universo que se expande, todo lo es. Y cuando adviene la mudanza, uno siempre espera una evolución paulatina y ordenada o bien, una revolución caótica y violenta, pero nunca opciones intermedias que no pueden calificarse o clasificarse como es debido sin que alguien se llame gratuitamente a escarnio, tan susceptibles son los seres de la naturaleza.

La hormega ha de cambiar por cierto. Si hemos de creer a Heidegger, se es un ser auténtico, o su contrario. Dasein o Dasman, tal es la decisión nuestra de cada día. Cada hombre y mujer detrás de la pluma, cámara, lápiz, de nuestro blog la toma todo el tiempo. Se es auténtico en la expresión artística, en el pensamiento. Pero sostenernos como dasein es doloroso, la certeza consciente de la muerte cada segundo agobia hasta al más bragado; así que tira la toalla, renuncia, se despide. Descansa del dasein durante un tiempo y se entrega, como dice Heidegger, a las habladurías, a la ambigüedad, y la avidez de novedades, sólo entonces se solaza.

Luego de esas vacaciones en estado dasman, siempre volvemos al redil, a la pulcra expresión de nuestra autenticidad, a la inspiración, y al dasein. Algunos no obstante atienden a su involución en la fe de que es menester pelear contra su opuesto y se entregan a la inautenticidad para transformarse en fans, banderizos, followers, frías estaciones repetidoras de las ideas que otros buscan instaurar para lograr un cambio cosmético.

Asumo el plural por única vez desde este espacio para decir que, quienes somos, hemos sido o fuimos y seremos La hormega, agradecemos  a todos aquellos colaboradores, a quienes hemos debido dejar ir, y/o que han debido dejar nuestro espacio con la validez de sus respectivas razones y dinámicas personales, casi siempre, sin un texto de despedida; agradecemos los tiempos robados a sus familias y a sus quehaceres diarios, para entregar gratuita, amorosamente, sus aportaciones a nuestros lectores, y de la misma forma lamentamos la pérdida de ese nuestro colaborador y voluntario administrador, quien recientemente nos dejó su despedida.

Retomo el singular. Lo lamento, cómo no. Una despedida siempre es triste, o debiera serlo por regla general, máxime cuando se combinan ciertas circunstancias. ¿Por qué decirlo después de tanto tiempo? Porque siempre hace falta distancia para la relectura de la realidad a través de un análisis pausado y completo de cada hecho, de cada acción y cada palabra; y una vez cumplida esa tarea, hace falta un recuento de los daños para saber si uno no se está equivocando con la gente, pues reacciones hay, desde silencios cómplices y hasta alegres motines.

Entonces uno entiende. Entonces uno mira también la nube de testigos: oye sus palabras, lee la evidencia de sus calladas voces, y sabe lo ocurrido para determinar cursos de acción, y por supuesto, para actuar en consecuencia con la plena certeza de no haber incurrido en la mala fe, la infatuación, la intolerancia, ni cosa alguna por el estilo, propias de las mentes sectarias endosadas a muy viejas banderas.

Vale siempre observar antes de hacer o decir. Y ahora debo decir que sí, que lo lamento tanto como nuestra pérdida de Alejandro Chao Barona, tan especial por la circunstancia de su partida. Pero si somos plenamente humanos, reconocemos que no todos sentimos igual, ni pensamos igual, ni reaccionamos igual, y que pensarnos o sentirnos ofendidos por la natural, genuina expresión del otro, es un acto tan intolerante como aquellos personajes y aquellas causas contra las que cada quien, a nuestro modo, luchamos. Entonces se sueltan los enojos, las amarras egoístas. Uno sonríe y formula buenos deseos, a pesar de los entuertos de generación espontánea.

Nuestro administrador saliente asumió dicha tarea hace tiempo por deseo propio. Aunque huelga decir que lo hizo bien, digámoslo: lo hizo bien; no ciertamente ocho años por supuesto, pero si una buena parte, y -hay que decirlo- lo hizo con el amor y la generosidad que siempre ha predicado, pero sin comprender que de eso tenemos los demás aunque a sus ojos se vean muy diferentes, y que jugar a aquello de “quien no es conmigo, contra mí es” o “no  hay más ruta que la nuestra”, no son modos. Como quiera que se vea, la generosidad y el amor se acaban pues; sobre todo si no se miran pagados de la misma forma, según el pensamiento de quien decide retirarlos.

Originalmente el blog no pretendía sino dar salida a mis inquietudes personales a causa de un cierto destierro padecido en Quintana Roo, y tras invitarlo, pues amigo de mejores lides era, compartió el espacio junto con Saulo Tertius, y aportó a Hans Schmitter-Soto y su entrañable Necton de tierra.

Ya luego traje a Lola Manzo y fuimos convenciendo a otras plumas, siempre en la apertura, siempre ofreciendo el santuario a las letras de los otros, y las nuestras, sin intenciones fanáticas o exclusivas, sin cartas de recomendación más que el deseo de expresar lo propio, sin permanencia obligada, puesto lo que por amor se da no puede tasarse, ni coartarse, ni obligarse, faltaba más. Las plumas iban y venían con la disciplina que mejor se les daba, lo cual agregaba la sazón de lo inesperado en un mosaico.

Así La hormega se convirtió lentamente en el espacio que ustedes han conocido hasta ahora, a través de diálogos constantes, acuerdos de amigos tomados al sabor del café, y la adopción e incorporación de plumas que se interesaban por publicar con nosotros y nos complementaban. No, no era, no sería un cenáculo exclusivo de nadie, ni nadie estaba obligado a estar de acuerdo con nosotros; no habría exámenes de admisión ni mucho menos, demandábamos tan solo la genuina expresión, y una calidad mínima de trabajo que otorgara claridad a los discursos.

La hormega ha sido si, escuela amorosa. Exigente no. Ha sido la no tan férrea disciplina, el tesón, el entusiasmo y la fe de nuestros colaboradores lo que ha logrado el milagro de nuestro colectivo.  Mucho habría qué decir, qué pensar, que dialogar, en torno a estas y otras acciones varias que no confiesa nuestro administrador saliente y que ya no valen la pena; pero los laudos enunciados desde lo profundo de una conciencia firmemente convencida de su infalible corrección, son por naturaleza, sordos a la réplica, o como mucho, similares a ciertas religiones, pues ambos actúan como enfermedades autoinmunes.

Queda a los lectores esta hormega durante un tiempo, se puede disfrutar del trabajo aquí publicado, pues la dicha despedida ha sido también una tour de force, que ha hecho más de lo que declara, pues luego de forjar a ojos vistas una tripulación adicta, ésta se ha marchado por obra u omisión, con un capitán que disputa una nave abandonándola.

A estos movimientos se les llama ciclos. Nuevas firmas, nueva hormega habrá de edificarse. Ya se van apreciando los cambios. Hay tiempo, hay voces, plumas, cámaras, pinceles, batutas; por supuesto cada cual es libre de ver y de oir, o de cerrar los ojos y cambiar los oídos de frecuencia, nunca fueron mi pretensión el rating, ni la influencia, valores tan rancios como el dinero.

4 thoughts on “Para nuestros lectores

  1. ROCIOMAGALLON MARINE 3 agosto, 2016 / 10:10

    Les agradezco mucho a ambos el esfuerzo que han puesto aquí, saben de mi cariño por ambos y reconozco que mi tiempo es poco ahora para escribir, gracias Luis Ernesto por todo el apoyo en estos años y tu cariño de siempre, Juan Pablo si mis poemas escritos últimamente pueden seguir siendo compartidos será un enorme placer. Deseo con mi corazón que algún día las palabras encuentren el aroma de un buen café para charlar desde el cariño de muchos años y exista un camino de reencuentro.

  2. Marcia Alejandra López Cisneros 21 julio, 2016 / 15:35

    Sr. Picazo: No había tenido jamás la oportunidad de comunicarme con usted. Es muy triste que sea en estas condiciones en las que se establezca el contacto. Menciona que los sueños llegan a su fin. Así es, por más hermoso que sea un sueño, siempre despertamos. Para mí fue como un sueño publicar en La Hormega. La invitación a hacerlo por parte de Luis Ernesto fue recibida con gran gozo en mi corazón. Y cada uno de mis cuentos fue escrito ex profeso para Cuentámbulos, tratando de sembrar semillas en quienes los leían. Y con la misma libertad con la que decidí entrar al blog, con la misma decidí que Paragüereando fuera la última entrega. Y en mi muro de Facebook lo externé y di infinitas gracias por el espacio otorgado. Pero a usted no lo tengo en mis contactos, motivo por el cual no se enteró. Si algo he aprendido en la vida ha sido a ser agradecida. Lamento que a los colaboradores que tuvimos el gusto de ser parte de esto nos tenga en el concepto que externa. De verdad, lo lamento. Que la bienaventuranza esté en su camino. Y, nuevamente, gracias.

  3. patolina 20 julio, 2016 / 22:46

    Estoy de acuerdo con Schmitter-Soto, lamento su desencuentro y aclaro que no soy partidaria de nadie. En la coyuntura que atraviesa la humanidad esta ruptura (a la que hice alusión en una columna en la revista Siempre!) no hace más que desanimarme más en la construcción de un “nosotros”. Si entre ustedes no pudo haber diálogo y entendimiento, ¿dónde más puede haberlo? Si no escribí un texto de despedida es porque mi único interlocutor era Luis Ernesto (quién me hizo el honor de invitarme a participar), y no supe a dónde enviar mi pésame…

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