Yo lector

Nuestro lugar y sus mundos

Por Juan Pablo Picazo

¿Y qué es el mundo? No la Tierra ciertamente. Llamamos Tierra a esta piedra envuelta en fluidos que sustenta nuestras vidas en algún rincón del universo. Pero mundo, lo que se dice mundo, no lo es, aunque nos lo parezca; o aunque usemos la palabra “mundo” como sinónimo de “planeta”. Y si la Tierra no es el mundo ¿Qué si lo es? Bueno, la respuesta depende de los ojos y la mente de cada quien ¿O no es cosa natural afirmar que cada cabeza es un mundo?

Los seguidwinterson-1425462ores de las iglesias judeocristianas de diversas denominaciones llaman compadecidos o despectivos gente-del-mundo a todas las personas no comprometidas con su culto; aún a otros cristianos. Mundo es para otros, la traducción de mundus, palabra latina más o menos equivalente a cosmos, orden, concierto. Pero aquí no, para efectos de esta reseña crítica, “mundo” es nuestra personal percepción de la tierra y sus criaturas, y de la relación que estas pueden o no tener con nosotros.

Y ¿Por qué darle tantas vueltas pues al mundo? Ah, es que El mundo y otros lugares, libro de narrativa corta de Jeanette Winterson, me fascinó y me llevó a perderme un rato en semejantes entretelas. Se trata de una abierta exploración de mundos, una entrada a los muchos que habitan a esa autora nacida en Manchester, pero en ellos encontré vasos comunicantes con los míos, y los mundos que otros me han abierto antes en conversaciones, en experiencias compartidas y aún en plena guerra.

Sus orbes múltiples son abigarrados o tiernos, crueles o sensibles, prácticos o emotivos, íntimos y desgarradores o públicos y azorados, en cada uno de ellos se revela como fabulosa exploradora de lo que nuestras sociedades ofrecen, niegan, condicionan, manipulan y prohíben o prohíjan; como ese en el que dos destinos se cruzan y parecen inminentes, y aun así dudas, convenciones sociales y demás, impiden que Duncan Stewart y la bella Ángel Gabriel, se unan. Alrededor de ellos, muchos mundos se tocan y arremolinan prometiendo e insinuando sus propias historias, como el de las monjas, los de cada miembro de la tripulación, etc.

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Jeanette Winterson

¿Y qué debemos hacer cuando el mundo va desapareciendo ante nuestros ojos? Por ejemplo, uno de los protagonistas de Winterson dice: “Esta mañana me he dado cuenta de que faltaba una habitación.” Que el protagonista despierte sabiendo que le han robado una habitación de su departamento no es lo más extraño, que al fin y al cabo descubre que es cierto y hasta le dicen las razones; sino que lo verdaderamente raro es el oficio que este desempeña dentro de su sociedad, una sociedad insomne que tiene como máximo valor el trabajo: “Y es que eso es lo que soy. Un soñador. Debería escribirlo con mayúsculas, es un título, una realidad, Alguien debe soñar. No sé cuántos somos. En mi carnet de identidad pone “funcionario”, y yo intento soñar lo más correctamente posible”.

Y no está muy lejos de la realidad. Ya es una práctica empresarial disponer de espacios para siesta en los centros laborales en los países industrialmente más desarrollados, o el Inemuri japonés, práctica que según los expertos, tiende a desaparecer, aunque desde los tiempos de la segunda guerra mundial se ve con buenos ojos porque revela que el trabajador está tan comprometido con su empresa, que incluso duerme en su puesto de trabajo demostrando estar disponible para reasumir su labor en cualquier momento.

Como sea, “Darlo todo por la empresa”, “ponerse la camiseta”, o “Dedicarse a la institución en cuerpo y alma”, son cosas tan valorada en occidente, que muchas empresas dan por sentado que trabajarás fuera de horario si te lo piden sólo porque deseas ser bien visto por ellos y aunque ello constituya una franca violación a tu privacidad y a tu tiempo libre.

Como sea, no es la única crítica desarrollada por Winterson, en la pieza titulada El fin del mundo, la metáfora se acentúa, quiere verlo uno así, o bien, puede leerse como lo que es: un recorrido por los cuatro confines del mundo que los seres de Wintersoon habitan. Nosotros, voluntaria o involuntariamente.

Aborda con plena libertad su homosexualidad e incluso explora a profundidad las preguntas que suelen hacerle sus conocidos heterosexuales. La amistad, el amor, la sexualidad, la vida, la muerte, el arte, la inspiración, el trabajo creativo, y muchos temas más campean en sus páginas. En algunas piezas plantea enigmas que la narración resuelve o revuelve; en otras, se lanza a cabalgar ligera con los aires de la fábula, y en otras se vuelve francamente crítica, o profética, o ambas cosas y entonces el humor que muestra resulta a la larga, aterrador.

Pienso por ejemplo en Newton, donde el mundo se rige por las leyes de la física clásica, incluso las relaciones entre los vecinos, y claro Tom el forastero, quien tiene una vecina cuyo jardín es de plástico porque resulta bonito y fácil; y tanto, que cuando murió su marido, mandó plastificarlo y ahora permanece ahí con aires de cortar el césped mientras mira al cielo, una moda muy en boga sobre el destino de los muertos. Lh

One thought on “Yo lector

  1. mamenblanco 7 agosto, 2016 / 07:25

    Reblogueó esto en solo reblogueo.

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