Nubesomnium

Transmutación de la ternura

Mishelle B. Badillo

Me encontraba en el parque, era una tarde fría. El cielo era gris y el viento parecía no estar de acuerdo en que continuara con mi lectura habitual sobre la misma banca, repetidamente movía la hoja sobre la que leía e intentaba llevarse mi separador, aunque sólo se trataba de una pedazo de papel con una frase de Saramago, pero me recordaba donde había interrumpido mi lectura.

lectoraDe pronto, traviesamente un ventarrón logró arrebatarme el separador, fue la más bella de las casualidades, porque un joven que pasaba por ahí corrió tras el papel y amablemente me lo dio. Antes de dármelo, leyó la el papel y con una sonrisa me dijo:

-Es una de mis citas favoritas de Saramago.

Reí nerviosamente, le agradecí y no pude continuar mi lectura porque después de que él dio unos cuantos pasos, regresó y se sentó a mi lado; no sabía como ocultar la sonrisa tan grande que me producía el halago. Platicamos por tanto tiempo que olvidé el frío que me estremecía y la considero como la tarde más dichosa de toda mi vida.

Me enamoró esa sonrisa suya porque irradiaba la alegría de la que yo carecía. Encontré mi felicidad en el reflejo de sus ojos. Decidí que no dejaría que me quitaran esa felicidad anhelada.

Comenzamos a salir, yo lo encontraba cada vez más fascinante, por ello me interesaba llamarlo a cada rato, le preguntaba dónde estaba, qué hacía, me preocupaba saber cada detalle de su vida. No comprendo porque eso le incomodaba tanto, si sólo era mi amor rodeándolo, no era raro que fuera tan insistente en saber cada actividad que realizaba.

Imagen1Me esforcé tanto por hacerlo feliz, pero ni mis obsequios, ni mis detalles le bastaron. Un día, me tomó por sorpresa al pedirme que no lo buscara más, que por favor dejara de llamarlo, no comprendo por qué, pero dijo que lo asfixiaba si yo únicamente me dedicaba a su entera dicha.

Mi mundo se derrumbó, lloré hasta no dejar gota de agonía en mi ser. Por ello, un día lo seguí, estaba a punto de entrar a su casa y le supliqué que no me dejara, que no se llevara el café de sus ojos de mi vida; que si no era capaz de verme en el reflejo de sus ojos no podría ser feliz.

Él se negó, no le importó cuan grande era mi amor por él, en mi desesperación lo abracé fuertemente y entre sollozos sólo pude pronunciar:

-Estoy haciendo esto con todo el amor que te tengo, créeme te estoy protegiendo, yo sé que vivirás mejor en mi memoria, ahí no te podrás apartar de mi, te amaré y cuidaré de ti.

Luego lo vi caer lenta y lastimosamente, desencajé la daga que había incrustado en su espalda. Observé la sangre de sus manos, la limpié y besé esos labios que justo exhalaban el último aliento de vida.Lh

4 thoughts on “Nubesomnium

  1. mamenblanco 10 agosto, 2016 / 13:40

    Ya se sabe que hay amores que matan.😦

  2. Elizabeth Picazo 10 agosto, 2016 / 11:15

    Quedé anonadada, muy bueno Mich, me sorprendió el final. Felicidades, cada palabra me atrapó en el momento exacto de lo que escribiste.

  3. Anónimo 10 agosto, 2016 / 10:57

    Gracias por el comentario, aunque claro, yo tampoco tendría una relación con una persona así, já.

  4. literatoluisrodriguez 10 agosto, 2016 / 05:14

    Muy bueno ese retrato con palabras de una mujer obsesiva compulsiva.
    Y el no darse cuenta de lo que hace es muy común.
    Lo completa ese final inesperado. Felicitaciones.
    Pero yo no sería tu novio.

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