Yo lector

De Jorge Cázares Campos, y nuestras lecturas del mundo y sus orillas

Por Juan Pablo Picazo | @Picazojp

De las cuatro habilidades lingüísticas básicas, o como me gusta llamarlas, operaciones básicas del lenguaje, leer es la de mayor importancia, me parece. A la mayoría nos parece que la lectura es una habilidad lingüístico-verbal exclusivamente, y si bien eso es cierto porque nos permite formar conceptos, acrecentar vocabularios, resignificar nuestras experiencias personales y muchas otras cosas, la lectura no se refiere sólo al concentrado tránsito de nuestros ojos y nuestros cerebros sobre un libro, pues texto, lo que se dice texto, lo es todo en el mundo y todo puede ser leído.

Diariamente leemos: lo hacemos concetrados, distraídamente, e incluso a pesar nuestro. Es un principio de la comunicación. Esta ocurre por para y a pesar de nosotros. Así la lectura. No entraremos en los fondos de estos asertos, que no es el objetivo de esta entrega, pero me ha parecido necesario este exordio para explicar mi particular visión de la obra del Maestro Jorge Cázares Campos como un libro abierto

pikienhomenaje acazaresEste viernes 19 de agosto se llevó a cabo la ceremonia inaugural de la exposición Jorge Cázares Campos, homenaje en el Centro Morelense de las Artes, en la cual tuve el honor de participar, con una brevísima semblanza que aquí pongo a su consideración. Es algo diferente a lo expuesto durante la ceremonia porque la lectura ahí estuvo aderezada de mis comentarios, pues sucumbí a las emociones del instante.

Jorge Cázares Campos en pocas palabras

¿Qué se puede decir de Jorge Cázares Campos? Es uno de los morelenses más universales por su obra, por su pensamiento, por su cercanía con las comunidades, por su preocupación constante en torno a la educación artística de los mexicanos y por su constante participación como consejero y hasta director honorario de múltiples instancias culturales en el estado desde su juventud y hasta nuestros días.

Quizá nada le defina tan bien como aquella frase de José Revueltas en torno a su obra: “La pintura es una de las formas de unir a los sentidos y de transformarlos. Usted, Cázar14022286_690782064407089_3737178744704032429_nes Campos, los traslada y los hace vivir como un hecho aparte, pues sus ojos son los ojos sin párpados del artista insomne…”

Así podemos definir a Jorge Cázares: el artista insomne. Siempre entregado a sus preocupaciones por la educación artística de sus iguales. Ser artista para él, es transformarse en la conciencia de una ciudad, de un país. Por ello su obra está muy lejos de ser la copia fiel de una realidad que los demás apenas perciben, no. Es la amorosa recreación del instante, la búsqueda de lo trascendente, en medio de tanta fugacidad atrapada por los ojos.

Cada paisaje o retrato suyo quieren hacer inmortales a las nubes, los árboles, los animales, los hombres, las ciudades y las ideas, para dar testimonio de que fueron, y  entonces aunque vivan sólo unas horas, unos días, unos años, los ojos venideros puedan crecer sabiendo lo que fue y gracias a ello entiendan lo que es.

Vino al mundo en una Cuernavaca que era casi el paraíso; Jorge Cázares Campos insiste en que a pesar de todo, Cuernavaca sigue siendo el paraíso, pésele a quien le pese. Su temprano mundo infantil se componía de colores, música, olores, sabores, gente amable, y un horizonte limpio, vasto, que le llenaba las pupilas, los pulmones, las manos y el alma. Sus juegos involucraban insectos, agua de las fuentes, una glorieta, y la gente trabajadora que se cruzaba en su camino en un tiempo en que todos se conocían y se saludaban.

Su consciencia comienza a ensancharse desde muy corta edad a fuerza de curiosidad y observación, el pequeño Coco sentía la necesidad de verlo todo, de saberlo todo. La escuela lo enfrenta con distintos conceptos y emociones varias: felicidad, orgullo, vergüenza. Fue pues la escuela el resorte que le enseñó la verdad, la mentira, la insatisfacción, la necesidad de no encorsetarse, de aprender, de mudar su mente y crecer, crecer, crecer.

En algún momento, de la mano de su padre, conoce el drama de los campesinos en Morelos, y además del impacto visual de los valles y las serranías tlahuicas, sintió en su espíritu el dolor, la corrupción y el coyotaje que estaban delante de él y que marcaron su visión sobre el noble trabajo de quienes cultivan la tierra.

El celebrado paisajista morelense considera el arte como el medio de comunicación más directo y más sincero, y por ello y muchas otras razones lo considera irrenunciable. Su obra es conocida por su trabajo para la compañía cerillera La Central, pero no es lo único que le ha acercado a la gente de Morelos, sino su generosidad, su bonhomía. Jorge Cázares no se ha limitado al trabajo creativo que le recluye largos periodos en su estudio, sino que ha ido con frecuencia al campo, a la fábrica, a la calle, al mercado, a las colonias populares como pintor, promotor de la cultura, trabajo por el que jamás ha cobrado nada.

Su labor en pro de la sociedad morelense le ha llevado a convertirse desde su juventud, en presidente de los estudiantes del desaparecido Instituto Regional de Bellas Artes Cuernavaca (IRBAC), en creador de los jardines del arte, en presidente del Comité Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Cuernavaca, en miembro de la Junta de gobierno del extinto Instituto de cultura del Estado de Morelos y una larga lista de cargos honorarios que le hicieron aún más conocido.

Ha dado mucho al estado y a Cuernavaca, como sus gestiones para la remodelación del Cine Morelos, con apoyo de Lauro Ortega, en su turno como gobernador; la expropiación de inmuebles para dedicarlos al arte y la cultura como el Jardín Borda, el antiguo Hospital Civil de Cuernavaca, hoy Centro Morelense de las Artes, donde felizmente nos encontramos.

Cázares Campos es un hombre consciente del signo de su tiempo, desea que su obra le recuerde a la gente la importancia de la sociedad en la naturaleza y la conservación de una relación armónica, al contemplar cómo lucía cada ciudad, cada hacienda, cada ingenio azucarero, cada parcela trabajada por los buenos campesinos. Ese recordatorio es un llamado a la acción más que a la contemplación.

Muchas gracias.Lh

 

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