Arena negra

Ojos de ángel

So drink up all of you people
Order anything you see
And have fun you happy people
The drink and the laugh’s on me.

Pardon me but I got to run
The fact’s uncommonly clear
I got to find who’s now the number one
And why my angel eyes ain’t here.

Excuse me while I disappear

Andrés Uribe Carvajal

Si de alguien aprendí la elegancia tendría que ser de mi abuelo. El hombre nació huérfano hace unos bastantes años atrás. Descubierto de cualquier calor humano alguno, que lo abrazara en la penumbra de las noches, creció “como Dios le dio a entender” Aún así, no tuvo la vida miserable que muchos podrían pensar, el muchacho que para ese entonces no tenía nada, logró con el tiempo y paciencia una vida plena y exitosa, entendió el enredo de las bienes raíces y se las apañó con el negocio. Al poco tiempo se hizo de propiedades, se casó y tuvo una linda familia.

FrankieCuando lo conocí, olía a espuma de afeitar y a perfume de anís. Siempre impecable, siempre bien vestido, jamás unos jeans, ni una arruga en su camisa. Cuando pudimos entablar una conversación de más de dos palabras, me contó cuánto le gustaban Frank Sinatra, y las películas clásicas norteamericanas, me enseñó el Jazz mucho antes de que yo lo descubriera. Un día me puso en la video-casetera “Perfume de Mujer”. Cuando vi a Al Paccino en su papel del coronel Frank Slade, entendí de golpe la clase de hombre que mi abuelo anhelaba ser.

Hace poco navegando por las redes, me encontré con el grandioso Frank Sinatra cantando Angel eyes y no pasó otra cosa por mi cabeza que no fuera la figura de mi abuelo, mirándome desde un cielo pálido y agradeciéndome el gesto por haber encendido esa música que tanto color le daba al mundo.

Frank sale al escenario con una copa de whisky y manda iniciar la pieza, mientras la música corre, él se ve un poco borracho y tambaleante, pero mide sus pasos con la suficiente habilidad y cautela que no cae en ningún momento, como si fuera una danza pre-ensayada, bellísima. Su voz surge de las entrañas de la tierra, como si no hubiera otra voz en este mundo, como si de sus notas pendiera el mundo y el alma de los oyentes, a la mitad del concierto se enciende un cigarro para dejarnos bien claro que en ese momento es el rey, y que le está permitido hacerlo todo. Al final, se aleja mientras la música se va aquietando y desaparece tras una cortina de humo con la última frase: “Excuse me, while I disappear”.

¡Qué gran final!

Ese fue el último concierto del cantante, y Angel eyes su última pieza, una elegancia soberbia.

Pienso en mi abuelo ahora mismo, manejando su Cadillac, fumando un cigarrillo y escuchando a Frank Sinatra por la radio, mientas desde el parabrisas ve con simpleza el mundo gris y burdo que deja atrás, lleno de vulgaridad y lejos de la elegancia que sólo algunos hombres alcanzan. Pienso en él como el hombre que aparece tras el humo y sonríe con una copa de whisky en la mano. Lh

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