Gato encerrado

La democracia en la sociedad actual

Gabriela Tapia Vega

Para abordar el tema de la democracia en la sociedad actual, partiremos desde la concepción etimológica de la palabra, hasta llegar, paulatinamente, a un análisis meticuloso y más profundo sobre el tema en cuestión, intentando resolver algunos de los cuestionamientos que han surgido como parte de la principal hipótesis de este escrito, que es, aquella que postula la posibilidad de pensar a una sociedad actual, como realmente democrática.

Podemos observar que el análisis sobre la democracia no es nuevo, esto, ha permitido llegar a concreciones distintas, que atribuyen al tema una diversidad de definiciones, que por la variedad de sus argumentos, tan connotativos en sus interpretaciones, le tornan ambiguo y poco claro. Para iniciar, etimológicamente el término proviene de las raíces griegas demos y krátos que implicarían una acepción que denota el poder del pueblo. Al respecto, la Real Academia Española menciona que la democracia es una doctrina política a favor de la intervención del pueblo en su gobierno o el predominio del pueblo en el gobierno político del estado. Dada esta primera acepción, cabe preguntarse de entrada si esto es posible, es decir, si en una sociedad realmente existe la posibilidad de pensar un sistema de gobierno en el cual el pueblo sea quien decida el devenir de sus modos de administración pública.

De este modo, comúnmente el término democracia hace alusión a una cierta soberanía popular, que otorga a sus ciudadanos la capacidad para decidir normas de convivencia social, mediante la libre elección de sus gobernantes. Así, la acción de la democracia implica participación. Pero esta debe ser una participación informada, y justo este es el quid del asunto, pues, si como decía Platón, el pueblo es como un animal esclavo de sus pasiones e intereses pasajeros, fácilmente impresionable a lisonjas y halagos, poco constante en sus amores y odios; “confiarle el poder es aceptar la tiranía de un ser incapaz de la menor reflexión y rigor”.

Al analizar campañas políticas desbordadas en descalificaciones, a menudo, entre quienes compiten por un poder público, observamos de quienes aspiran a la dirección de esa democracia, discursos masificadores, homogéneos, dirigidos a sociedades pasivas, que demandan ilusiones, fantasías, que son extraordinariamente influenciables y crédulas como diría Le Bon.

democracia borregaEl pueblo, caracterizado por esa masificación, tiende a los excesos y para convencerlo o persuadirlo, es improductivo elaborar argumentos lógicos. Por el contrario, es necesario “repetir una y otra vez las mismas cosas”. De esta manera, cuando el pueblo elige a sus gobernantes, lo hace creyendo que ha elegido de acuerdo a ciertas capacidades y competencias que ha observado en los políticos. En este tenor, cobra cada vez mayor vigencia aquella frase atribuida a Maquiavelo y que versa acerca de que el pueblo tiene el gobierno que se merece, sí, por ser un pueblo inculto, poco crítico, que a menudo funda sus argumentos políticos en discursos que han visto en la televisión, o mejor aún, como dijera Heidegger, apoyados en habladurías. Personas que repiten las ideas que escuchan de otros, perdiendo con ello su capacidad crítica para terminar diciendo “lo que se dice”. Al respecto Joseph Goebbels arguye que una mentira repetida mil veces se convierte en la verdad, una verdad incuestionable, por la supremacía otorgada a falacias de autoridad que nos muestran discursos sin contenido. La democracia podemos verla entonces como, un ejercicio de poder que “consiste en ‘conducir conductas’ y ordenar el posible desenlace[1]” según una óptica foucoultiana, que no refiere directamente a la democracia sino a las prácticas de poder, mismas que aplican al tema en cuestión.

Los ricos y poderosos, deben su riqueza a la cobardía de los pobres, dice Platón, pero también, a la ignorancia del pueblo. Es por esto que “no debería escucharse a los que acostumbran a decir que la voz del pueblo es la voz de Dios, pues el desenfreno del vulgo está siempre cercano a la locura[2]“. Así es, la voz del pueblo, de un pueblo desinformado y manipulado, es una voz caótica, lejana de la verdad.

La escasa educación de la masa abre un abismo entre las mayorías efectivas y las representativas y hace que la democracia amenace con llegar a ser una tiranía para todos en favor de unos cuantos. Sartori cita a Taine…”Diez millones de ignorancias no hacen un saber.” Bobbio, por su parte, citando a Stuart Mill, menciona que los gobernantes prefieren a los ciudadanos pasivos porque es más fácil tener controlados súbditos dóciles e indiferentes, pero la democracia necesita de los primeros[3].

El fracaso percibido

Ahora bien, si la democracia, es, merced al previo análisis, una forma de gobierno que parece haber fracasado en nuestras sociedades actuales, entonces ¿es que debemos regresar a antiguas prácticas como la timocracia, la oligarquía o la tiranía? Categóricamente no, pues, a pesar de todas las fallas de este régimen, como bien reconocía Platón, es la mejor entre las formas de gobierno.

Imagen1La solución ante esta panorámica aparentemente desoladora, está en la educación, lo menciona la pensadora María Antonieta Rivas Mercado respecto a las mujeres, cuando dice que ninguna puede ver sus derechos vulnerados mientras no se dé cuenta que sólo podrá ejercerlos cuando se eduque, de lo contrario todo el tiempo será manipulada. Aunque esto puede trasladarse a todos en la sociedad, hombres y mujeres, que, hasta que comprendamos que la herramienta fundamental para que una democracia funcione, es el cultivo de la mente, tanto de quienes decidimos por nuestros gobernantes, como de aquellos quienes gobiernan, cumpliendo en esto último, la aspiración manifiesta en La República de Platón, quien aspiraba a una polis gobernada por filósofos, un gobierno de los sabios. Para que la democracia se convierta en una política como el arte de gobernar a los hombres con su consentimiento, un consentimiento pensado, razonado, analizado y crítico. Dejemos de vernos como una sociedad reprimida y marginada por un aparato ideológico aplastante. Todos somos parte de la sociedad y como tal según Foucault “somos responsables por acción u omisión” de lo que ahí suceda. La democracia sólo funcionará cuando dejemos de ser víctimas y seamos partícipes responsables de nuestras elecciones.Lh


[1] Citado en: L. Dreyfus, Hubert, “Sobre el ordenamiento de las cosas. El Ser y el Poder en Heidegger y en Foucault”, en Michel Foucault, filósofo, tr. Alberto Luis Bixio, Gedisa editorial, Barcelona, 1999, p. 89.
[2] “Vox Dei” en http://es.wikipedia.org/wiki/Vok-Dei, 25 de septiembre de 2012.
[3] Michel, Adrián, “Los criterios de selección” en http://bibliotec.itam.mx/estudio/letras31/notas3/sec_5.html, 25 de septiembre de 2012.

2 thoughts on “Gato encerrado

  1. mamenblanco 23 agosto, 2016 / 12:05

    Reblogueó esto en solo reblogueo.

  2. literatoluisrodriguez 23 agosto, 2016 / 06:27

    Voy a ser lo más claro posible.
    Si cualquier imbécil vota así nos va.
    El primer ejemplo de conducción de masas fue el famoso alemán que con sus gritos en los discursos enfermó de nacionalismo al pueblo y llevó a una sangrienta guerra.
    Pienso que lo ideal saldría por un concurso imparcial (computarizado) entre los más capacitados.
    Gracias.

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